La Ruta del Vino Campo de Cariñena: paisajes que se beben, historias que se saborean
En el corazón de Aragón, donde el cierzo peina los viñedos y el suelo pedregoso cuenta historias milenarias, nace una de las experiencias enoturísticas más singulares de España: la Ruta del Vino de Campo de Cariñena. Un recorrido sensorial por un territorio que esconde desde huellas de dinosaurios a pinturas de Goya.

Con un patrimonio vivo que se saborea en cada copa y se contempla en cada paisaje, la Ruta del Vino Campo de Cariñena –conocida como la Ruta del Vino de las Piedras–, no es un simple destino turístico, es toda una vivencia. En cada pueblo, en cada copa, en cada piedra, hay una historia esperando ser descubierta, verdaderos tesoros culturales, históricos y humanos.
La clave de todo ello está en el suelo: un terreno de más de 14.000 hectáreas que se extiende a los pies de la Sierra de Algairén, entre los valles del Huerva y el Jalón. Un suelo pedregoso, de cantos rodados y pizarras que, además de crear un microclima excepcional, imprime carácter a cada racimo dando lugar a vinos con personalidad en los que la garnacha y la cariñena son las reinas.

Hoy, Ruta del Vino Campo de Cariñena ofrece al viajero la oportunidad de sumergirse en este universo. Desde visitar una de las 14 bodegas adheridas a la misma y catar sus vinos, a conocer sus procesos, su historia y, sobre todo, a las personas y comunidades que los hacen posibles. También es una invitación a recorrer pueblos detenidos en el tiempo, a disfrutar de su patrimonio, de sus paisajes y de una gastronomía que marida con lo auténtico.
Ligada a la Denominación de Origen Protegida Cariñena, una de las más antiguas de España, la ruta se extiende por trece municipios que conforman un mosaico de paisajes, historias y gentes: Aguarón, Aladrén, Alfamén, Almonacid de la Sierra, Cariñena, Cosuenda, Encinacorba, Longares, Mezalocha, Muel, Paniza, Tosos y Villanueva de Huerva. Cada uno de ellos aporta una pincelada única a este lienzo vitivinícola.
Cariñena, epicentro vinícola de Europa
Sin ir más lejos, Cariñena ostenta a lo largo de este 2025 el título de Ciudad Europea del Vino, un reconocimiento a toda su tradición vitivinícola, anterior a la época romana, y a su compromiso con la cultura del vino. Este es, sin duda, un año especial para recorrer esta localidad y la ruta, pues a lo largo de estos 365 días se han programado actividades de lo más variadas para dar a conocer el legado vinícola de esta tierra.

Así, los visitantes pueden adentrarse en el renovado Museo del Vino de la DO Cariñena, el Cariñena Wine Museum, un novedoso centro que combina tradición y modernidad para ofrecer una experiencia inmersiva única en el mundo del vino con contenidos interactivos y experienciales. También de visita obligada es el Centro de Interpretación del Ferrocarril (CFICC), un espacio único en España dedicado al ferrocarril y a la importancia que tuvo para el transporte y la venta de vino.
Además, la ciudad acaba de celebrar del 26 al 28 de septiembre la 59ª de la Fiesta de la Vendimia, una edición muy especial ya que este año ha sido declarada de Interés Turístico Nacional. Un fin de semana que este año comenzó ya el viernes por la tarde con el acto de Exaltación del Vino y la obtención del primer mosto con el pisado de las uvas, tras el cual el mantenedor de la fiesta, honor que este año ha recaído en el periodista de la Cope, Ángel Expósito , accionó el botón mágico que hizo que de la Fuente de la Mora empezara a manar vino en una imagen que sorprende a todo aquel que la contempla. Catas, degustaciones y actuaciones musicales completaron el programa del fin de semana cuyo broche llegó con la actuación de la artista albaceteña Rozalén.
Un viaje desde los dinosaurios hasta Goya
Pero la Ruta del Vino de las Piedras es también una ruta cultural que esconde joyas arquitectónicas que se remontan hasta la época medieval, e incluso vestigios que nos llevan mucho más atrás en el tiempo, como las huellas de dinosaurios que habitaron estas tierras y que se pueden ver en los alrededores de Villanueva de Huerva y en su Centro de Interpretación de los Dinosaurios, permitiendo conocer la riqueza paleontológica del lugar de manera didáctica. Y es que este centro ofrece rutas guiadas y actividades para grupos y familias con recorridos por “El Paso”, un yacimiento en el que se pueden ver icnitas (huellas) de diferentes tipos de dinosaurios, y que es único en la provincia de Zaragoza.
Siguiendo este recorrido temporal, y avanzando hasta el Medioevo, la ruta nos lleva hasta Encinacorba donde nos aguardan los restos de las murallas y del castillo de Sinascueva y la iglesia de Santa María, cuya torre de ladrillo, brinda una bella estampa del mudéjar.
Precisamente el arte mudéjar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con su inconfundible componente musulmán, gótico y renacentista en una original fusión estética, es otro de los tesoros de la Ruta del Vino Campo de Cariñena. El Torreón de la Lisalta de Cosuenda o la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Longares son otros exponentes de este arte mudéjar que también dejó una profunda huella en la tradición alfarera de Muel que se ha mantenido hasta nuestros días gracias a la Escuela Taller de Cerámica de la Diputación de Zaragoza, un espacio que incluye en su oferta jornadas de puertas abiertas y talleres para familias, así como exposiciones y residencias artísticas.

También en Muel se puede contemplar una singular presa romana que configura el elemento central de un parque natural con bellas cascadas y en el que destaca asimismo la ermita de la Virgen de la Fuente. Un templo cuyo interior esconde unas pechinas decoradas con frescos pintados por un joven Francisco de Goya, natural de la cercana localidad de Fuendetodos, donde los visitantes también pueden conocer la casa natal del pintor, la Sala de Exposiciones Ignacio Zuloaga o el Museo del Grabado de Goya.
Un vasto patrimonio cultural que a día de hoy sigue creciendo y ampliándose gracias a iniciativas artísticas como el Festival Asalto en Alfamén, que ha ido dibujando en las fachadas de sus calles bellos murales con imágenes que recrean escenas y oficios tradicionales, junto a otras más conceptuales que buscan despertar emociones en aquel que las contempla y que configuran un auténtico museo al aire libre.
Una naturaleza que embriaga
Más allá del arte y el vino, la naturaleza reclama su protagonismo. Las actividades al aire libre son otro de los puntos fuertes de la Ruta del Vino de las Piedras. Aladrén, Aguarón, Cosuenda, Almonacid de la Sierra, Encinacorba o Paniza son el punto de partida de increíbles rutas por la Sierra de Algairén, cuya frondosa vegetación se funde con los viñedos tejiendo un manto natural de ricos colores que cambian con cada estación, a cada cual más embriagador.

Un paisaje de gran riqueza y diversidad ideal para practicar BTT e incluso escalada, pero también para el senderismo y para pasear. Desde un montañero a un ciclista o un simple caminante, desde el objetivo de los fotógrafos a los ojos curiosos de los más pequeños, esta ruta cautiva a todo aquel que se adentra en sus senderos.
Terrenos en los que el agua del río Huerva ha esculpido un valle de gran interés geológico y paisajístico. Su curso serpentea entre sierras y relieves abruptos, tallando cañones profundos y gargantas silenciosas. En Aladrén recogen sus aguas del barranco de Valhondo, que desciende como una herida antigua en la montaña. Desde el embalse de las Torcas hasta Tosos, el Huerva dibuja meandros encajados, y en Villanueva de Huerva da forma a la impresionante foz de los Calderones. En su descenso hacia el embalse de Mezalocha, entre Aylés y los estrechos de Muel, se alza la peña del Moro, centinela de piedra sobre un cañón vertiginoso. Este reino de roca y agua sirve de refugio a buitres leonados, a águilas reales, a halcones peregrinos y a las escurridizas águilas azor-perdiceras.
Ricos maridajes y una gastronomía pegada a la tierra
Este viaje cultural y natural culmina, como no podía ser de otra manera, con el sabor. Los vinos de la DO Cariñena maridan a la perfección con una gastronomía propia cuya esencia son los platos que huelen a historia, a tierra, a horno de leña.

Platos que se pueden degustar en los establecimientos hosteleros, de restauración y comercios de la zona que brindan, además, un amplio abanico de productos de la tierra llenos de sabor como los que ya en su día utilizaba Juan Altamiras. Este fraile franciscano que vivió y murió en Cariñena en el siglo XVIII escribió Nuevo Arte de Cocina, un reconocido recetario, diferente a todos los demás, sacado de la escuela de la experiencia económica. Un libro de recetas de cocina básica, para el día a día, cuyos ingredientes son los propios de la zona, variando en función de la época del año, y todo ello trufado con productos de otras culturas y una pizca de innovación. Hoy en día, diversos establecimientos de la Ruta del Vino Campo de Cariñena han apostado por impulsar su figura incorporando en sus menús y cartas creaciones culinarias inspiradas en las recetas de Juan Altamiras pero reinterpretadas y adaptadas a nuestro tiempo en las que no faltan las verduras, el ternasco, el pollo, el jamón o unos buenos dulces con los que agasajar a nuestro paladar como guinda a un viaje repleto de aromas y sabor.
La Ruta del Vino de las Piedras es, en definitiva, una celebración del territorio, de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Un paisaje de roca, vino y alma donde cada paso deja su huella en quien se adentra en él.
- Con la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza -
* Fotos realizadas dentro del Proyecto Experiencias Enoturísticas de España, Financiado por la Unión Europea – Next Generation Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia – Ministerio de Industria y Turismo – Gobierno de España.