Logroño de lunes a jueves: cuando la escapada sabe todavía mejor
Es hora de volver a Logroño. Pero esta vez, entre semana: cuando la ciudad baja el ritmo y las calles, bodegas y restaurantes se disfrutan con más calma y nos muestran su versión más auténtica, cercana y pausada. ¡Planazo!
Plaza del Mercado (Logroño) / D. R.
Logroño nos gusta. Nos gusta mucho. Por sus calles fáciles de recorrer, por sus plazas en las que siempre apetece quedarse un rato más, por la mezcla de patrimonio, cultura y vida local y, por supuesto, por esa manera tan suya de entender el vino y la gastronomía. Nos gusta porque es una ciudad que se disfruta caminando, comiendo, brindando y dejándose llevar.
Y quizá por todo eso, cuando llega el fin de semana, Logroño está tan concurrida. Es una de esas escapadas que nunca fallan: tiene el tamaño perfecto para unos días, suficientes planes para llenar la agenda sin agotarla y esa combinación difícil de mejorar entre buena mesa, buenos vinos y una ciudad con verdadero ambiente.
Pero hay otra manera de descubrir su cara más auténtica: hacerlo de lunes a jueves. Porque si Logroño es una estupenda escapada de fin de semana, entre semana se descubre con otro ritmo, con tiempo para caminar sin rumbo, para sentarnos a comer sin prisa, para entrar en una bodega, para alargar una copa de vino, para improvisar, descansar y slairnos del plan.
Primer día: el Logroño imprescindible, a pie
La mejor manera de empezar es no complicarse demasiado. Dejar las maletas en el hotel, ponerse unos zapatos cómodos y salir a caminar por el centro histórico.
Calle Portales con la Concatedral de Santa María de la Redonda al fondo / Lorena Carnero
La calle Portales conduce hasta la Plaza del Mercado y la Concatedral de Santa María de la Redonda, con sus dos torres barrocas dominando una de las estampas más reconocibles de la ciudad. Desde allí, el paseo puede continuar hacia la iglesia de Santiago el Real, San Bartolomé y Santa María de Palacio, tres templos que ayudan a entender la historia de Logroño y su relación con el Camino de Santiago.
En este primer paseo caben también el Cubo del Revellín, recuerdo de las antiguas defensas de la ciudad, y algunos de los espacios que explican su relación histórica con el vino.
Centro de la Cultura del Rioja / Lorena Carnero
Logroño fusiona su tradición vitivinícola con unos espacios municipales vanguardistas. El epicentro de esta transformación es el Centro de la Cultura del Rioja (CCR), que emerge no solo como el corazón del enoturismo urbano, sino como un foco cultural imprescindible donde actualmente se puede disfrutar de obras de maestros como Picasso y Juan Gris, además de sorprenderse con su nuevo espacio de realidad inmersiva y sensorial "Sumérgete en el Rioja”.
Experiencia inmersiva "Sumérgete en el Rioja” / D. R.
Esta oferta cultural conecta directamente con la historia de la ciudad en el Espacio Lagares y el Calado de San Gregorio, dos yacimientos arqueológicos recuperados donde se puede entender cómo se elaboraba el vino siglos atrás.
Espacio Lagares y Calado de San Gregorio / D. R.
Pero conviene levantar también la mirada de los monumentos. Logroño se disfruta tanto en sus edificios como en lo que sucede entre ellos: una terraza al sol, una tienda de toda la vida, un bar que atrapa nuestra atención… Simplemente dejándonos llevar, nuestros pasos nos conducirán, irremediablemente, a la famosa calle Laurel. Aquí el vino se bebe de pie, los pinchos llegan uno tras otro y cada bar tiene su propia personalidad. Muy cerca, la calle San Juan ofrece una alternativa algo más pausada para continuar el recorrido gastronómico.
Segundo día: el mundo del vino
Ya lo hemos probado a pie de calle, en sus bares y terrazas, pero el segundo día nos hemos propuesto entender por qué Logroño ocupa un lugar tan especial en el mapa del vino. Y para ello no hace falta salir de la ciudad.
Bodegas Ontañón / D. R.
Una de las grandes singularidades de Logroño es precisamente que el enoturismo forma parte de su paisaje urbano. La iniciativa “Entre semana todo sabe mejor” reúne siete bodegas de la ciudad —Bodegas Ontañón, Bodegas Viña Ijalba, Bodegas Olarra, Bodegas Campo Viejo, Marqués de Vargas, Arizcuren Bodega y Viñedos y Bodegas Franco-Españolas— y propone acercarse a ellas con la calma que permite una escapada de lunes a jueves.
Son siete maneras distintas de contar el vino. Hay arquitecturas diferentes, historias diferentes y formas diferentes de entender la elaboración. Algunas visitas ponen el acento en la tradición; otras, en la arquitectura, la innovación o la propia experiencia alrededor de la copa.
La mañana puede dedicarse a una de ellas, recorriendo sus espacios de elaboración y descubriendo qué ocurre entre la viña y la botella. Y, por supuesto, terminando con una cata.
Marques de Vargas / D. R.
A continuación, puede ser el momento de acercarse al Mercado de San Blas, una parada clave, en el corazón de la ciudad, si se quiere comprar y probar el producto riojano auténtico. Aquí se concentra toda la gastronomía local, sus puestos de producto fresco ayudan a entender la conexión entre Logroño y la despensa riojana: verduras, hortalizas, carnes y productos que después aparecen, transformados, en las mesas de la ciudad.
Después, una comida sin prisas es el siguiente paso lógico. La propuesta incluye restaurantes como Ajo Negro, Juan Carlos Ferrando, La Cocina de Ramón y La Tavina, cuatro nombres que permiten prolongar la experiencia del vino alrededor de la mesa.
Y es precisamente aquí donde la escapada entre semana adquiere sentido: no hay que llenar cada hora. Después de comer puede quedar espacio para una visita al Centro de la Cultura del Rioja, para acercarse de nuevo al casco histórico o, simplemente, para sentarse en una terraza y ver pasar la tarde.
Tercer día: el Logroño que aparece cuando no hay prisa
Toca acercarse al Ebro porque el río es otra de las caras de Logroño a la que merece la pena dedicarle tiempo. El paseo por su entorno permite descubrir una ciudad más abierta, verde y tranquila, alejada por unas horas del bullicio del centro. Se puede caminar junto al río, cruzar el Puente de Piedra, uno de los símbolos de la ciudad, y continuar hasta el Parque del Ebro, un espacio perfecto para pasear sin rumbo, sentarse un rato o simplemente disfrutar del paisaje.
Logroño desde la otra orilla del Ebro / Lorena Carnero
Y entonces sí: volver al centro. Pero no para hacer turismo, sino para entrar en una vinoteca y descubrir etiquetas que quizá no habíamos probado, buscar algún producto de la despensa riojana para llevar a casa o recorrer con calma las tiendas del centro histórico.
Una última comida puede convertirse en el gran cierre. Sin prisas, con una botella de Rioja sobre la mesa y tiempo suficiente para alargar la sobremesa.
Esa es, en realidad, la idea que hay detrás de “Entre semana todo sabe mejor”: descubrir que Logroño puede ser mucho más que una escapada rápida de fin de semana.
La iniciativa, impulsada por Bodegas de Logroño junto al Ayuntamiento de Logroño y con la participación de distintos agentes del sector turístico y hostelero, reúne bodegas, restaurantes, hoteles y agencias receptivas para facilitar una estancia que cada viajero puede adaptar a su manera.
Las agencias receptivas locales pertenecientes a la Asociación de Agencias de Viaje de La Rioja permiten personalizar todavía más la experiencia. Los paquetes especial y premium son un punto de partida, no propuestas cerradas: alojamiento, visitas a bodegas, gastronomía y otras experiencias pueden combinarse según los días disponibles, los intereses y el perfil de cada visitante. La verdadera ventaja de venir de lunes a jueves quizá sea precisamente esa: tener tiempo para elegir cómo queremos vivirla.
¡Visita “Entre semana todo sabe mejor” y descubre en tu próxima escapada la cara más auténtica de Logroño!