El rey campestre: así es la Gran Bretaña oculta, la favorita de Carlos III

Isabel II y Carlos III del Reino Unido son dos caras de la misma moneda. Una heredó el trono muy joven. El otro, en plena Edad de Oro. Ella se sentía en casa con el viento escocés azotando su cara. Él, disfrutando del indiscutible encanto de la campiña inglesa

Josep M. Palau Riberaygua
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Foto: iweta0077

Cuando Dios hizo el clima de Escocia, hizo de más. Así reza un dicho popular de las Highlands o Tierras Altas, y no le falta razón, porque aquí habitan los Hijos del Viento del Norte. Su hermosura es letal para los humanos que los contemplan, pero por suerte la mayor parte de las veces solo sabemos de ellos por el rastro helado que dejan. Hasta las vacas de la región se protegen del tiempo variable con un buen manto de pelo y un espeso flequillo sobre los ojos. Con semejante tarjeta de visita, parecería lógico que pocos quisieran explorar las mesetas del norte de Gran Bretaña y, sin embargo, es en el ambiente inestable que muchos encuentran la fascinación de Escocia.

Las ruinas de la fortaleza de Dunnottar
Las ruinas de la fortaleza de Dunnottar | loinshoes

Un manotazo de viento desbarata de repente las nubes azuladas que desdibujan el horizonte y es entonces cuando se revela un prado esmeralda o una aldea de casas de piedra, apretujadas unas contra las otras para protegerse. Este era el entorno donde Isabel II se sentía a sus anchas, con los pies enfundados en botas de hule y cubierta con la clásica chaqueta inglesa de tejido encerado contra la lluvia. Así vestida, se dirigía a inspeccionar las cuadras del castillo de Balmoral o los rincones más pintorescos de Aberdeenshire. El condado debe su nombre a la población de Aberdeen, un enclave costero construido en granito, de aspecto recio y gris, que se convierte en fantasía de plata cuando cae un aguacero.

El barrio de Old Aberdeen tiene su epicentro en la catedral de Saint Machar (s. XV), pero resulta más pintoresca la parte de Footdee —en la endiablada pronunciación escocesa, “fittie”—, que en otros tiempos fue una aldea de pescadores independiente de la ciudad. Algo más al sur resulta inevitable la visita a la localidad de Stonehaven, donde se alza sobre un acantilado, como en una ilustración romántica o un decorado de Juego de Tronos, según el gusto de cada uno, el castillo de Dunnottar. La fortaleza fue escenario de varios episodios históricos protagonizados por William Wallace o la reina Mary de Escocia, aunque su papel estelar fue el de servir de refugio de los Honours of Scotland, las joyas de la corona escocesa, cuando Oliver Cromwell acometió la conquista de la región por orden de Carlos I en 1650.

El castillo de Balmoral
El castillo de Balmoral | ad_foto

Lejos del pasado épico de Dunnotar, el castillo de Balmoral, situado a unos 80 kilómetros de la costa, ha sido la residencia privada de verano de la familia real británica y el lugar donde ha muerto Isabel II, el único sitio donde la reina dejaba la corona y la etiqueta a un lado e incluso fregaba los platos de la cena, tal y como cuenta el ex primer ministro Tony Blair en sus memorias. Por cierto, que el laborista también explica sorprendido que en esta mansión no hay baño en todas las habitaciones, algo habitual en los edificios de época, y eso a pesar de la reforma que el Príncipe Alberto llevó a cabo en 1848 cuando compró la propiedad para regalarla a su esposa, la reina Victoria. Cuajado de almenas y con el signo distintivo de la torre del reloj, es un buen ejemplo de arquitectura escocesa que hasta ha aparecido interpretándose a sí mismo en series de televisión, como en la aclamada The Crown. En algunas escenas de la cuarta temporada se podía comprobar la abundancia de decoraciones en el interior a base de tejido de tartán, los típicos cuadros escoceses que en el pasado servían para distinguir un clan de otro.

El puente de Old Packhorse, en el Parque Nacional de Cairngorms
El puente de Old Packhorse, en el Parque Nacional de Cairngorms | evenfh

Además de las tierras dedicadas a pasto y algunas casas de campo diseminadas por las más de 20.000 hectáreas de la propiedad, el entorno de Balmoral incluye un tramo del cauce del río Dee y el bosque de Ballochbuie. Gracias a su adquisición por parte de la familia real en el siglo XIX, esta floresta es hoy uno de los últimos ejemplos que quedan del bosque caledonio original que cubría la región. De hecho, el Parque Nacional de los Cairngorms, a un paso de Balmoral, presenta un aspecto muy distinto, de tundra, aunque muy atractivo. Este inmenso y fotogénico conjunto de macizos, como el de Monadhliath, es parte de la Ruta del Whisky de Malta que se extiende hacia el norte, hacia Speyside. Si esta última goza de fama internacional, los Cairngorms se enorgullecen de contar con la destilería de Escocia situada a mayor altura, Dalwhinnie, donde se elabora una bebida ambarina que aúna el sabor de la cebada, el humo de la turba, el agua del deshielo y la brisa marina: un pedazo de las Highlands concentrado en el vaso.

Vista aérea de Highgrove y sus jardines
Vista aérea de Highgrove y sus jardines | Getty Images

El whisky, pero también la cerveza, corren a raudales en el Gathering de Braemar. Desde 1827, cada primer sábado de septiembre se celebra en esta aldea del corazón de los Cairngorms un encuentro donde se compite en exhibiciones de levantamiento de peso, velocidad y fuerza entre los distintos clanes locales y con el son de las gaitas de fondo. Siguiendo una tradición iniciada por la primera reina Victoria, los monarcas británicos asisten cada año al festival. Es su primera aparición pública tras pasar las vacaciones en Balmoral. Unas vacaciones con manta y chimenea, porque tal y como aseguran los pobladores de Aberdeenshire, allí siempre es otoño.

Highgrove, la campiña inglesa perfecta

Aunque el —hasta hace poco— príncipe Carlos es uno de los miembros de la realeza británica que más ha lucido el kilt o típica falda inglesa en actos públicos, lo cierto es que los gustos del nuevo monarca apuntan menos hacia el norte feroz que hacia el dulce encanto típicamente inglés de la región de los Cotswolds, una región del suroeste del país declarada en 1971 Area of Outstanding Natural Beauty, lugar de belleza natural excepcional. Este reconocimiento implica ser considerado como un espacio protegido y un parque natural a la vez, pero habitado.

Ovejas Cotswolds Lions frente a la iglesia de St. James, en Chipping Campden
Ovejas Cotswolds Lions frente a la iglesia de St. James, en Chipping Campden | David Knibbs

La región hace las delicias de los senderistas, con caminos que atraviesan bosques de hayas teñidas de dorado en esta época del año, muchos kilómetros de muros de piedra que delimitan propiedades agrícolas o jardines —en apariencia silvestres, pero cuidadosamente diseñados—, y aldeas de casas construidas con roca caliza local de color miel. A veces, incluso se cubren con techos de paja compactada, para acabar de componer una imagen bucólica y pastoril. Nunca mejor dicho, ya que la riqueza de la región proviene de la lana desde la Edad Media. Aquí pastan grandes rebaños de Cotswolds Lions, ovejas de apariencia poderosa y pelaje fibroso. El negocio fue promovido con una medida proteccionista impuesta por Carlos II, según la cual debía enterrarse a los muertos con un sudario de lana obtenida de los citados “leones” herbívoros. La pena por incumplir la orden era de cinco libras esterlinas, una fortuna para el año 1667, cuando se promulgó el edicto.

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El distrito de Cotswolds mantiene hoy su esencia agrícola y forma parte del condado de Gloucestershire, que ha recibido un nuevo impulso gracias a las actividades de Carlos III, que residía buena parte del año en Highgrove hasta ahora, muy cerca de la localidad de Tetbury, lugar conveniente para coordinar sus actividades basadas en los cultivos sostenibles y ecológicos y cuyos productos comercializa con el nombre de Duchy Originals.

Tradicionales cabañas de Chipping Steps, en Tetbury, al sur del distrito de Cotswolds
Tradicionales cabañas de Chipping Steps, en Tetbury, al sur del distrito de Cotswolds | ChrisAt

Conviene empezar el viaje por los Cotswolds en el norte, en Chipping Campden, el mercado rural más importante de la zona y uno de esos lugares tranquilos cuya visita equivale a un viaje en el tiempo. Para ahondar en la sensación, basta con acercarse al mesón de Eight Bells, que abre sus puertas a los parroquianos desde el siglo XIV. Además, la población cuenta con la bella iglesia de Saint James y es el punto de inicio de la ruta senderista más apreciada del distrito. Algo más al sur, otro mercado de interés es el de Stow-on-the-Wold, donde según el día se venden productos orgánicos o antigüedades. Desde allí, y circulando por carreteras secundarias entre suaves colinas verdes, pronto aparece en el horizonte la aldea de Bibury, en la que otro referente audiovisual ha convertido el Swan Hotel en lugar de peregrinación: construida en el siglo XVII, esta hospedería aparece en la aclamada serie de televisión Downton Abbey. Bibury también es conocida por Arlington Row, una parroquia muy fotogénica formada por una hilera de cabañas habitadas por tejedores en el siglo XVII.

Royal Highgrove Shop, la tienda de Carlos III en Tetbury
Royal Highgrove Shop, la tienda de Carlos III en Tetbury | VV-pics

Al llegar al sur de los Cotswolds destaca Tetbury, que como decíamos debe parte de su fama a la proximidad de la residencia privada de Carlos y Camila, Highgrove House. Los curiosos pueden pasear por los jardines, abiertos al público en 1996 y diseñados por el propio rey. Todo lo que crece aquí se cultiva según técnicas orgánicas. Entre rododendros, azaleas y magnolias, se pueden contemplar los muros de la residencia, edificada en estilo georgiano y reformada con elementos neoclásicos siguiendo las indicaciones de la pareja real. Lo cierto es que Tetbury ya era famosa por sus arboretos desde hace trescientos años, muy influenciados por las teorías del arquitecto y jardinero Lancelot Capability Brown, quien afirmaba que “el paisajismo inglés no busca paisajes exóticos, sino mejorar el paisaje existente”. Solo así se explica que la localidad posea el título de Perfect English Countryside, campiña inglesa perfecta.

El paisaje de colinas típico de Gloucestershire
El paisaje de colinas típico de Gloucestershire | Keith_Rose

El adecuado contrapunto a tanta exquisitez lo pone una tradición local de lo más campestre: se trata de las carreras de sacos de Gumstool Hill. Al llegar la primavera, los mozos de la región se cargan a la espalda sacos de lana de 27 o de 16 kilos, según la categoría en la que compitan, y se lanzan a correr por la colina que separa los pubs de Royal Oak y Crown. Esta tradición empezó en el siglo XVII, cuando los pastores querían exhibirse ante las mujeres en edad de casarse, y ahora se mantiene con finalidades benéficas.

Antes de dar por concluido el viaje, vale la pena aprovechar la proximidad de la capital que da nombre al condado para rendirle un homenaje; beneficiándose de su posición estratégica a orillas del río Severn, casi en la frontera con Gales, Gloucester empezó a despuntar durante la dominación romana y alcanzó la gloria en la Edad Media, como atestigua la extraordinaria catedral normanda. Si su perfil nos resulta familiar, seguramente se debe a que en la saga cinematográfica de Harry Potter aparece nada menos que como el colegio Hogwarts.