Un crucero por el Atlántico: de Lisboa a Miami

Once días atravesando el océano.

Los barcos de NCL que surcan los siete mares
Los barcos de NCL que surcan los siete mares / Istock

Uno de los viajes más épicos que se pueden hacer. El viaje que unió dos mundos. El viaje que parecía imposible. Atravesar el océano Atlántico es una epopeya. Subimos a un crucero de Norweggian Cruise Line (NCL) para conocer esta experiencia en primera persona. Desde el puerto de Lisboa, la ciudad bohemia por excelencia, parte un barco enorme, lleno de ganas de mar. “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar”, diría el Principito. Y todos los que subimos a este barco venimos bien cargados de anhelo de mar y de aventura.

El último vistazo a Europa antes de partir

El último vistazo a Europa antes de partir

/ Istock / CHUNYIP WONG

Cuando el barco zarpa, poco después de caer la noche, dejamos atrás la vieja Europa, y enfilamos miles de kilómetros de océano. Por delante muchos amaneceres rodeados de agua, y América en el horizonte. Entre Lisboa y Miami, el puerto de destino, pasaremos por las Azores, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos y la República Dominicana. Once días a lomos del océano.

Islas Azores

Llegamos al corazón del Atlántico, a las Azores, que son tan majestuosas como volcánicas. Verde por doquier: prados infinitos, bosques, cultivos de té. Sobre el verde, el azul del cielo. Un lienzo hermoso para la primera parada de esta travesía.  Los atractivos de la isla son muchos: a destacar la caldera de Sete Cidades, dos lagunas gemelas, una de azul turquesa y otra de verde esmeralda. Los recorridos por los los acantilados, que ofrecen vistas inigualables. Y la subida al volcán del Pico, el coloso silente de las Azores, una experiencia solo comparable a probar el vino Verdelho, que se produce en sus laderas y aquí lo llaman “néctar de los dioses”.

Las Azores colman de belleza a los visitantes

Las Azores colman de belleza a los visitantes

/ Istock / Starcevic

En altamar

Cinco días surcando el océano, sin divisar tierra, sin aves a la vista, sin más paisaje que el azul del mar y el cielo. Cinco días disfrutando de un barco con tanta actividad como una ciudad flotante. Hay mucha gente viajando sola en cruceros de NCL, por lo que la soledad no es posible, a no ser que sea deseada. Restaurantes de toda índole y actividades en cualquier horario. Una pista de karts, un casino, varias piscinas y centenares de tumbonas donde tomar el sol o leer. Espectáculos musicales, teatrales, de comedia. Actividades para niños, guardería. Cafetería, wiski bar, discoteca. Cinco días para descansar, para preocuparse de lo mínimo, para flotar y fluir como el mar que surcamos.

Islas Vírgenes de los Estados Unidos y República Dominicana

Llegar al Caribe es llegar a aguas mansas, a temperaturas en ascenso, a humedad exotizante. Las Islas Vírgenes estadounidenses brillan bajo el sol caribeño. Aguas cristalinas y cielos muy azules. Selvas tropicales que rodean pueblitos de calles empedradas. Y el Parque Nacional Virgen Islands, un tesoro de arena fina y suave que ofrece vistas de bahías escondidas y de ensenadas secretas. En estas latitudes se escondían los piratas de hace varios siglos y se dice que esta tierra está plagada de tesoros enterrados. Más allá de leyendas: estas islas son un tesoro en sí mismo.

El Caribe es el mejor lugar para terminar cualquier viaje

El Caribe es el mejor lugar para terminar cualquier viaje

/ Istock / aero-pictures.de

El nuevo amanecer nos encuentra atracando en República Dominicana, una de las islas más grandes del Caribe y una de las más visitadas, y con buenas razones. Esta perla caribeña tiene, como sabemos, las playas más hollywoodienses, pero tiene otros tantos atractivos. Las plantaciones de tabaco, que se mecen bajo el sol tropical y embellecen nuestras fotos, brindan el alma de los puros dominicanos, obras maestras de gran habilidad artesanal. Junta a ellas, los campos de caña de azúcar se extienden como mares dorados. El néctar más famoso del mundo, el ron, tiene en esta isla uno de sus mayores exponentes. Un buen ron y un buen puro son el final perfecto para un viaje en barco que difícilmente se puede olvidar. Nos despedimos del Caribe, de la música, de la danza, del sabor, la cultura y la alegría natural de estas tierras. Bajamos del barco en Miami con la certeza de que estos son los viajes que se recuerdan toda una vida. 

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