Turistas virtuales, por Mariano López

¿Prende la realidad virtual en los suelos viajeros con la misma densidad con que se anudan los libros?

Mariano López

Este verano me ha acompañado un clásico: la descripción de Estambul que realiza Edmundo D''Amicis (1846-1908). Las primeras 50 páginas están dedicadas a narrar la llegada del escritor, que viaja en barco, a la ciudad. Quiere que sus lectores vean lo que él está viendo, que el lenguaje le sirva para reflejar la misma imagen que tiene ante sus ojos. Y se queja. Le faltan adjetivos. "¿Quién es capaz de describir tal espectáculo?", dice. No es retórica. Las palabras no le sirven "para dar una idea siquiera de la inmensa variedad de colores y de perspectivas".
Cien años después de la muerte de D''Amicis sólo tenemos que poner la tele para ver el precioso perfil de cúpulas de plomo y afilados minaretes de Estambul. Hablábamos de este cambio y de la influencia de las imágenes en los sueños viajeros en en los cursos de verano de la Universidad Complutense organizados por el profesor Francisco Esteve en El Escorial. La televisión es, ahora, la mayor fuente de información, la más consultada y accesible sobre el mundo que nos rodea que por su causa es cada vez más conocido, más pequeño. Con todo, a la hora de viajar, no tiene la capacidad de movilización del cine, su magnetismo. La revista "The Economist" ha publicado que las principales atracciones turísticas de Estados Unidos han sido puestas en el mapa por el cine. La lista es larga. Hay gente que va a Iowa, para ver los puentes de Madison, o a Kansas, para conocer las libres praderas de "Bailando con lobos", por no hablar de Hawai, el Valle de la Muerte o Nueva York, continuo escenario. Pero el poder de la imagen no se detiene ahí. La auténtica revolución, la mayor transformación -se dijo en El Escorial- reside en Internet. Por primera vez podemos tener información instantánea de casi todos los lugares a los que queremos viajar. Podemos ver fotos, descargarnos videos y escuchar o leer los comentarios de alguien que acaba de estar allí o está ahora mismo. Si viviera Edmundo D''Amicis se habría abierto un "blog". Ahora en el mundo cada 5,8 segundos se crea un blog. Será difícil escapar a tanto deseo de comunicación, tanto afán de comunidad.
Pero hablábamos de imágenes. Nunca como ahora fue tan importante la imagen de un lugar. La imagen entendida como nudo de significados. La imagen previa al viaje, la imagen en el viaje y la que se recuerda del viaje. La suma de todas. ¿Prende la realidad virtual en los sueños viajeros con la misma densidad con que se anudan los libros? O, como se preguntaría el autor de Blade Runner, ¿sueñan los androides viajeros con destinos virtuales? Cabe la sospecha. En la lista de los destinos más visitados del mundo los primeros son parques temáticos y ciudades de fantasía. En Los Ángeles fui a ver la colina de las letras de Hollywood. Estuve casi una mañana, no había nadie. Al día siguiente una nube de gente aguardaba turno a la entrada del Parque Universal para fotografiarse junto a un cartel que reproducía la colina real de Holllywood, la misma que se alzaba sin público a escasa distancia. La réplica mejora la realidad o al menos se asemeja más a su mejor imagen.
A su manera, Edmundo D''Amicis también genera una imagen virtual de Estambul. Una imagen armada con palabras tan poderosas como para crear y alimentar el sueño de un viaje. Al menos durante un instante. Basta con tener fe. "Creedme a mí señores, nos dijo el jefe de timoneros. Entrar una bella mañana en Constantinopla es un magnífico momento en la vida de un hombre". No le faltaban palabras. Así es, así será. Con exactitud.