'Road trip' por España (IV). Hoy: Sierra de Albarracín

Recorremos los caminos ancestrales de la trashumancia turolense al volante de un roadster concebido para el disfrute máximo al volante: el Mazda MX-5

Luis Meyer
 | 
Foto:

El destino

Pocos enclaves naturales de nuestra geografía son tan feraces y albergan tanta belleza como la Sierra de Albarracín. En la zona sur de la provincia de Teruel. Sus valles kársticos están rodeados de montañas que la erosión ha moldeado con formas orgánicas que le hacen a uno sentirse, por momentos, en otro planeta. Están circundados por carreteras sinuosas (generalmente, muy bien asfaltadas) que en algunos casos atraviesan bóvedas de árboles que juntan sus ramas en lo más alto y en otros, sus laterales se despejan de vegetación para dejar paso a paisajes infinitos. 

Mario Modesto Mata

En este caso hemos elegido la zona oeste de la Sierra de Albarracín, escenario de trashumancia desde tiempos inmemoriales (que no te extrañe si un rebaño de ovejas se cruza en tu camino, de modo que, ojo con el acelerador).  

La “montura”

Si has leído nuestros anteriores ‘road trip’ de esta serie, a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que ni tenemos preferencia por un tipo de coche en concreto, ni nos casamos con ninguna marca. En estas rutas, además de hablarte de los lugares que visitamos, también nos centramos en la experiencia al volante, porque al fin y al cabo, viajar, con mayúsculas, también se trata de eso. 

Y posiblemente, hoy, cueste encontrar un automóvil más “experiencial” que el Mazda MX-5. Esto podría explicarse con una sola palabra: roadster. Así se denominaba a mediados del siglo pasado a una clase de deportivos biplaza (mayormente británicos) pequeños, descapotables, ligeros, con pocas concesiones al lujo, enfocados a una sola cosa: el disfrute total al volante. 

Hoy, podemos decir sin miedo a equivocarnos que el MX-5 es el único coche actual que mantiene este espíritu, eso sí, convenientemente puesto al día: sigue siendo muy ligero, pero lleva encima mucha tecnología para que la conducción deportiva no esté reñida con la seguridad. Por cierto: aunque solo tiene dos plazas, he podido comprobar que (a diferencia de las anteriores tres generaciones de este modelo) este miata, como lo llaman cariñosamente sus hordas de fans en todo el mundo, es perfectamente apto para viajar (en pareja, eso sí). El maletero es bastante aprovechable y, si sabes renunciar a lo superfluos, entran perfectamente un par de trolleys con todo lo necesarios para algo más que un fin de semana. Y, por primera vez en un MX-5, cuando el asfalto se pone en mal estado, no supone un suplicio para tus riñones. 

Mariposas y frío, mucho frío

Hemos elegido, para empezar esta ruta, un lugar del que ya te hablamos en VIAJAR hace unos meses: el municipio de Griegos, que no solo se conoce porque es el más fresco en verano (las temperaturas llegan a ser invernales) y, directamente, más frío en esta época del año, sino también por albergar un museo de mariposas que contiene prácticamente todas las especies que revolotean por la Sierra de Albarracín. 

Cascada del Molino | Wild Fox

Un pequeña carretera (o “camino asfaltado”, para ser rigurosos) lleva al restaurante La Muela. No te estamos proponiendo que te quedes a comer (lo cual no es tampoco mala idea), sino que dejes el coche en su aparcamiento y camines un rato por el sendero que parte de ahí, y te lleva a un mirador con unas vistas privilegiadas a las dolinas (valles, para entendernos) del Villar. 

Chantejot

De vuelta en Griegos, tomo la carretera al pueblo de Guadalaviar, que se llama así porque ahí nace el río del mismo nombre. Este trayecto es especialmente disfrutable: curvas y más curvas por las que pasa el MX-5 con absoluta precisión: su dirección es tan espontánea que parece que se anticipa a tus deseos en cada giro.

Y cada vez que piso el acelerador, noto esa “patada” cariñosa en la espalda acompañada del rugido vehemente de su motor, que me clavan una sonrisa la cara tan perenne como los bosques de pinos que me rodean. Por cierto, en Guadalaviar, no dejes de pasar por Casa Martina. Y pregunta por la señora en cuestión, que es quien la regenta. No solo es un alojamiento muy acogedor, sino que todo lo que allí se come lo cocina ella. No hay mejor forma de probar ‘in situ’ la gastronomía de la zona. 

El meandro del río Guadalaviar en otoño ofrece una estampa brutalmente colorida | Jaime Navas / ISTOCK

Donde nace el Tajo

Allí hay también un museo de las trashumancia, que te lo cuenta todo de los habitantes que son, de alguna manera, los reyes tácitos de la zona: los pastores. Si quieres ir a ver el nacimiento del río, es conveniente que realices el último kilómetro a pie: la carretera se convierte en una pista barrosa, no apta para deportivos a ras del suelo como el Mazda MX-5.

Iglesia de Santiago Mayor, en Guadalaviar |

A estas alturas, te estarás preguntado qué carajo hacemos en un descapotable por una de las zonas más frías de nuestra geografía. Debo aclararte que esta ruta la realicé hace un par de meses, cuando el clima aún era cálido. Pero este Mazda MX-5 es perfectamente apto para viajar por estos parajes en esta época del año, porque es la versión RF, esto es: su capota no es de lona, sino un auténtico techo de metal que, con solo pulsar un botón, se pliega en pocos segundos en la parte trasera. Los asientos calefactados de este roadster te permiten rodar a cielo abierto y disfrutar del paisaje otoñal en todo su esplendor, y en las horas umbrías de la tarde, solo tienes que cerrar el techo y seguir tu viaje. 

Dragos Savu

Después de este inciso, tomo desde Gudalaviar la A-1704, una carretera que me lleva al mirador de Portillo, desde el que tengo unas vistas privilegiadas al espectacular valle de Vega del Tajo y sus extensos prados. Continúa esta carretera rodeada de frondosos pinos silvestres y pastizales donde rumian las vacas como si me saludaran a mi paso, y por fin llego al Nacimiento del río Tajo. 

El propio entorno natural es la verdadera obra de arte, de modo que no te recomiendo que ye distraiga el monumento dedicado a uno de nuestros ríos más importantes, porque son estatuas de dudoso valor artístico... y estético. Tomo de nuevo la carretera dirección Frías de Albarracín, y allí me paro a contemplar la Sima de Frías, una gran cavidad rodeada de sabinas rastreras y enebros. 

Raúl Hernandez Balbuena

Sigo en dirección Villar del Cobo por una carretera de curvas que el Mazda se zampa a gran velocidad, pero antes de llegar me detengo en el mirador de Cararizuelo, para despedirme de esta majestuosa sierra con una de sus mejores vistas: la de Barrancohondo, el tan bello como vertiginoso cañón del río Guadalaviar.