El fotógrafo que convirtió en arte la nevada del siglo

Javier Aranburu, autor del libro 'Retrato de Madrid', aprovechó para plasmar la capital como nunca la habíamos visto

Luis Meyer
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Foto: ©Javier Aranburu

Cuando empezaron a caer los primeros copos de nieve hace dos viernes, Javier Aranburu enseguida se dio cuenta de que tenía que aprovechar el momento. El fotógrafo, autor del libro Retrato de Madrid (Anaya PhotoClub), que posee galería propia en Chamberí, en la que sus fotos de la capital son protagonistas indiscutibles, se dio cuenta de que tenía ante sí una situación irrepetible (la mayor nevada desde el siglo XIX) que le daba la posibilidad de retratar a su musa como nunca lo había hecho. A estas alturas, el lector ya se habrá dado cuenta de que su musa es, ni más ni menos, Madrid. 

La Gran Vía | ©Javier Aranburu

“Cogí el primer metro a las 6 de la mañana. La primera pregunta crítica fue: ‘¿Y adónde voy?’, cuenta el fotógrafo al teléfono. “Porque estaba claro que la ciudad enseguida se iba a llenar de gente. Y la posibilidad de encontrar determinados sitios vacíos peligraba. Primero pensé en el puente de Juan Bravo, desde el que se ve toda la Castellana. Las últimas luces de las farolas, la ventisca, el manto blanco… Esa hubiera sido bonita. La portada de mi libro, de hecho, es desde allí”.

Puerta del Sol | ©Javier Aranburu

Pero enseguida cambió de opinión: “Este lugar lo descarté porque sabía que me iba a llevar mucho tiempo llegar hasta allí, y está lejos del meollo, del centro neurálgico histórico de Madrid. De modo que mi opción inicial fue Callao, porque quería hacer una foto de la Gran Vía sin gente”.

Museo del Prado | ©Javier Aranburu

“El tema logístico era importante”, prosigue. “Llevé un zoom, está sellado, pero además lo recubrí con una funda impermeable. En un viaje a Islandia fui con un objetivo sellado, pero no sé si fue por la condensación, que me dejó de funcionar”.

Aranburu contaba con el tiempo justo. “A las 7 de la mañana aquello ya estaba… No diré que era una romería, pero casi”, recuerda.  “Y no tengo margen de luz. La primera toma debía ser rápida y con trípode, para tener una mayor estabilidad con poca luz”.

Plaza Mayor | ©Javier Aranburu

El autor recalca: “Una cosa importante es que ninguna foto está trucada ni manipulada. Ni he añadido ni quitado ningún elemento con posproducción digital. Con la nieve es muy fácil porque el fondo es blanco. Pero mis imágenes vacías de gente son reales. En otras ramas de la fotografía artísticas está permitido, pero cuando estás haciendo arte a través de documentar una realidad de Madrid, tiene que ser eso, la realidad, sin falsearla”.

Templo de Debod | ©Javier Aranburu

Después de la primera foto en la Gran Vía fue corriendo a la Plaza Mayor. “Pensé que debía estar preciosa con el manto blanco, y sin gente. De paso, hice alguna toma en Sol también. Pero en la Plaza Mayor me quedé más rato. Porque estaba esperando, no a que amaneciera completamente, sino a que hubiera un poco de luz, que el cielo no estuviera negro del todo, y que siguieran las luces de las farolas sin que aparezcan quemadas, que le dan un punto cálido a la imagen, y contrasta con los habituales tonos fríos de la nieve”.

Glorieta de Cibeles | ©Javier Aranburu

Siguiente parada: el Parque del Retiro. “Las fotos están tomadas justo antes de que lo cerraran. Creo que fui la última persona que salió de allí esa mañana”. El cisne negro que aparece en el estanque del Palacio de Cristal tiene mucho significado simbólico en los tiempos que corren, pero también estilístico: “Justo apareció y le dio un equilibrio compositivo a la foto. Si no, habría quedado un poco descompensada”. 

Palacio de Cristal, parque del Retiro | ©Javier Aranburu

La foto desde el puente de Juan Brazo la hizo ya por la tarde, en el momento de luz entre el día y la noche, con mucha gente en movimiento (tiró a poca velocidad) y que perfectamente podría ser la continuación de la foto que abre su libro, con buen tiempo, y solo una persona caminando por el medio.  

©Javier Aranburu

Otra imagen que llama poderosamente la atención es la de la joven haciéndose selfies en el Jardín del Moro, “aunque mejor habría que decir autorretrato”, matiza Aranburu. “Aunque usa un móvil también utiliza un trípode, y estaba entusiasmada posando, con un frío que pela. Eso tiene una intención mucho mayor que un mero selfie espontáneo. Y justo pasó el pato, que le dio un punto simpático, desenfadado a la toma. 

Puerta de Alcalá | ©Javier Aranburu

Las dos caras de la nevada

Como se trataba de documentar lo que estaba sucediendo en Madrid en un momento determinado, también debía aparecer  la nevada, posiblemente la más trágica: los árboles tronzados, y algunos incluso caídos de raíz. “Es una imagen triste, pero bella al mismo tiempo”, explica el autor. “Me encantó la composición de luz, con las luces de Gran Vía al fondo. Y las sillas vacías de la terraza de una cafetería, la sombrilla plegada y llena de nieve… todo eso incidía en el dramatismo de cómo una nevada puede paralizarlo todo”. Se planteó retratar también las acumulaciones de basuras, aunque aquella era una visión de Madrid demasiado apocalíptica. 

Trasera de Gran Vía | ©Javier Aranburu

La parte lúdica la refleja la foto de un niño tirándose en trineo por la pendiente de la calle del Calvario. “Se lo estaba pasando bomba. Esa parte también debía quedar reflejada en esta serie”. 

©Javier Aranburu

Finalmente, ¿qué es lo que más afectó después de horas y horas retratando la nevada del siglo en Madrid? El silencio, cuando dejó de nevar. Eso es algo que también queda reflejado en muchas de las imágenes. 

Torre Europa, días después de la nevada | ©Javier Aranburu
El Rastro, después de la nevada | ©Javier Aranburu
El Rastro, después de la nevada | ©Javier Aranburu