José Sacristán: "En la playa, hasta que no le pongan moqueta, que no cuenten conmigo"

Es un actor como la copa de un pino. Empezó haciendo teatro con la compañía Lope de Vega en los años sesenta del siglo pasado y ha participado, desde finales de los setenta, en más de un centenar de películas. Nacido en Chinchón (Madrid) durante la guerra civil, todavía se permite el lujo de seguir, a sus 83 años, encima de los escenarios. Genio y figura, con humor y retranca. 

Javier del Castillo
 | 
Foto: Victoria Iglesias

Quedamos en el Teatro del Bosque, de Móstoles (Madrid), unas horas antes de que suba al escenario para interpretar la adaptación de la novela Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Puntual a la cita, con unos vaqueros desgastados y una chaqueta oscura, dice que prefería los viajes en el carro de su tío que cruzar en avión el Atlántico.  

¿Cuáles fueron sus primeras experiencias viajeras en la posguerra?

Viajaba con la mula, en la borrica o en el carro de mí tío Francisco, que se casó con mi tía Socorro que era de Illana (Guadalajara). Íbamos y veníamos de su pueblo con el carro. Luego, he viajado en el tren de Arganda, que pita más que anda. Le llamábamos el rompecepas y tardaba cinco horas de Madrid a Colmenar de Oreja. 

Viajar en aquellas circunstancias sí que era una aventura…

Viviendo en el pueblo, los viajes tenían un componente mágico. Recuerdo que íbamos a buscar a mi madre a la estación del tren, cuando venía de buscar recomendaciones para que mi padre pudiera salir de la cárcel. 

La Alhambra, Granada | José Sacristán

¿Prefiere el tren al avión? 

Odio el avión, no lo soporto. Solo viajo en avión si no tengo más remedio. Cuando vuelo  a Buenos Aires, voy dopado. Yo entro en un aeropuerto como si entrara en un hospital. El tren es el medio ideal. Ahora los trenes son como aviones que van despacito, pero en mi memoria perduran los vagones de madera, el coche restaurante y las literas. Era una cosa maravillosa. Aquellos viejos trenes dejaron de andar y apareció La Veloz, que era el coche de viajeros.

Supongo que el viaje más largo de entonces fue a Melilla para hacer el servicio militar.

Efectivamente. Viajé en tren hasta Almería y desde allí en barco a Melilla. Echamos el hígado en aquel viaje. Melilla fue un contraste y es lo único que conozco de África. 

José Sacristán en Argentina | José Sacristán

¿Qué recuerda de las primeras giras teatrales y festivales de España?

A los festivales de España —entre los años 1964 y 1967— íbamos en la furgoneta de don José Tamayo. No tenía aire acondicionado. Te pelabas de frío en invierno o te torrabas de calor en verano. Después hice giras en tren y ahora, con el coronavirus este, procuro ir en automóvil de un lado para otro. 

¿Cómo fue el viaje de su primera gira, en el año 1961?

Tengo una imagen clarísima. Me fui a la plataforma del último vagón del tren y mientras veía como nos alejábamos de la Estación del Norte, decía: ‘Joder, salgo de viaje para ganarme la vida como actor’. Manda huevos. El sueño de mi vida. 

Bogotá, La malcasada | José Sacristán

¿Qué países conoce? 

Conozco, sobre todo, América y Europa. He estado en Canadá, Estados Unidos, México, Costa Rica, Guatemala, Perú, El Salvador, Colombia, Chile y —por supuesto— Argentina. En varias ocasiones he estado a punto de ir a Cuba, pero no ha sido posible. He estado también en Italia, Francia (tuve una mujer francesa), Inglaterra, Portugal…

Con tanto viaje, ¿disfruta cada vez que vuelve a casa?

Yo soy muy de mi casa y de mis cosas. Es mi territorio, en el que conservo álbumes de cromos de los años cuarenta. Así que no te digo más.

¿Qué lugares recomendaría a los que visitan Chinchón?

Mi lugar en el mundo es el Teatro Lope de Vega de Chinchón. La plaza Mayor, una cosa de locura. Chinchón es un pueblo bellísimo, con Parador de Turismo y casas rurales formidables.

Buira, Lleida. En el rodaje de Vulcania | José Sacristán

¿Algún rincón de Buenos Aires, una de las ciudades  del mundo donde es usted más querido?

Hay montones de sitios que merece la pena descubrir, como el Boris Club, el Barrio Chino, Pompeya… 

¿Con qué mentalidad emprende los viajes? 

Yo digo que en los viajes hay que estar disponible. Si no vas de pijo por la vida, te llevarás sorpresas muy agradables. Puedo decir abiertamente, a pesar de estar de un lado para otro, que en las giras me lo paso pipa. Lo fundamental de esto es disfrutar y llevarse bien con la gente. No entiendo los comportamientos del que va de borde y está todo el tiempo cabreado. Esto no da para tanto.

José Sacristán en Formentera | José Sacristán

¿Tiene algún sitio interesante pendiente de conocer? 

El problema es el avión. Me gustaría conocer algunos lugares de Asia, pero creo que los voy a ver en el telediario.

¿Cuál es el lugar de España que más le ha impresionado?

Son tantos que no es fácil elegir uno. Llegas a Segovia o a Benasque, donde estuve en un festival de cine, a Cáceres, Salamanca, San Sebastián, Toledo o Úbeda. Aunque yo me reconozco en Castilla, para lo bueno y para lo malo. Como decía don Antonio Machado, “no fue por estas tierras el bíblico jardín”, pero me gusta Castilla.  Zamora, por ejemplo, es una maravilla. ¡Y qué me vas a decir también de Córdoba, Sevilla o Granada!

José Sacristán en Nueva York. | José Sacristán

¿Es más de montaña o de playa?

En la playa, hasta que no le pongan moqueta, que no cuenten conmigo. Esas playas, con los toldos y las toallas, son campos de concentración. Alguna vez he ido a veranear a la casa de mi amigo Gonzalo Suárez, en Asturias, pero esas playas de Llanes, Celorio o Lledías estaban vacías.

¿Alguna ciudad que le haya dejado huella?

Buenos Aires es una ciudad de la que tengo una nostalgia enorme. Posiblemente, por deformación de cinéfilo, me siento a gusto en Nueva York. Llegas allí y ves a Fred Astaire, Gene Kelly o James Stewart por la calle. Venecia también es punto y aparte, no es Villaverde, pero es un tópico.

José Sacristán en Venecia | José Sacristán

¿Guarda objetos y recuerdos de los lugares visitados?

Sí, pero no soy de los del membrillo. Como decía Tip, aquí están muy baratos los badajos de campanas, pues vamos a comprar badajos. O aquí el jamón es estupendo. No voy a eso. Los souvenirs míos son de otra índole.

¿Con qué compañero añora no poder viajar?

Con Fernando Fernán Gómez. Personas como él entran pocas en el kilo, que decía mi abuela.