Nos subimos al Tren Amarillo de los Pirineos, la ruta de vía estrecha más alta de Europa

Un recorrido de una belleza vertiginosa

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: chaoss / ISTOCK

Aquel año de 1982 en el que Naranjito lucía orgulloso la vestimenta de la selección española de fútbol mientras daba a conocer al mundo la celebración de la Copa Mundial de este deporte en el país, vibraba machaconamente en nuestros oídos una canción pegadiza como pocas cuyo estribillo ha permanecido en nuestra memoria indeleblemente.

El «chucuchucuchú» del tren, que nos invitaba a comprar nuestros billetes en un día azul al ritmo de una versión del tema El trenecito de Ana Belén y Miguel Bosé, nos hacía retornar a la edad infantil mientras nos seducía con la maravillosa experiencia que puede suponer un trayecto en tren.

Mont-Louis | A_and_D / ISTOCK

El Tren Amarillo de los Pirineos cumple perfectamente esa función y nos permite disfrutar como niños de un itinerario que recorre los Pirineos Orientales al norte de la frontera de Cataluña. Un viaje slow, a una media de 30 kilómetros por hora, atravesando valles, montañas, poblaciones y paisajes excepcionales.

Todo un símbolo

La línea ferroviaria del Tren Amarillo o Línea de Cerdaña está considerada todo un símbolo de los Pirineos catalanes. Las bandas rojas y el mayoritario color amarillo de los vagones – de ahí que se conozca popularmente como «el canario» - hacen clara referencia a la franja de la cordillera por donde discurre.

Tren Amarillo de los Pirineos | philipimage / ISTOCK

Su estampa atravesando las montañas, especialmente cuando lo hace sobre los viaductos, se ha vuelto una imagen icónica con el paso del tiempo.

Lejos queda ya la fecha de su construcción, en los albores del siglo XX, cuando la necesidad de comunicar las poblaciones de las partes altas, dentro del contexto de los Pirineos Orientales pertenecientes a Francia, concluyó con la ejecución de una obra de ingeniería que, en la actualidad, ha sobrepasado aquella función para convertirse en una excelente manera de visitar el Parque Natural Regional de los Pirineos en el sur del país galo.

Interior del Tren Amarillo de los Pirineos | A_and_D / ISTOCK

Un tren que ofrece su servicio de manera irregular pero a lo largo de todo el año y que, gracias a los escasos 30 kilómetros por hora de media que alcanza durante el trayecto – en algunos momentos llega hasta los 50 km/h, su velocidad máxima permitida -, nos brinda la oportunidad de admirar con sosiego los cautivadores paisajes que vamos dejando a nuestro paso a lo largo de los 63 kilómetros de su recorrido

Los trayectos en tren más bellos de Europa (y uno es español)

¡Pasajeros al tren!

El Tren Amarillo nos transporta por una vía de ancho métrico – un metro de distancia entre los carriles - a lo largo de 63 kilómetros que nos reservan 390 curvas, 19 túneles, dos viaductos de remarcable valor histórico - los impresionantes puentes de Séjourné y Gisclard - y veintidós estaciones, de las que catorce son paradas a demanda de cualquier pasajero, es decir, si no hay ninguna solicitud el tren no se detiene y para montarse es necesario efectuar una señal al conductor desde el andén.

Puente de Séjourné | Leonid Andronov / ISTOCK

La inmensidad de los paisajes que transita este tren turístico nos asombra mientras se alcanzan los 1166 metros de altitud. No obstante, se trata de la línea de ancho métrico que circula a mayor altura de toda Europa, deteniéndose además en la estación más elevada de toda Francia, Bolquère, situada a 1593 metros.

Puente de Gisclard  | Maria Sedova / ISTOCK

Operado por la SNCF – la RENFE francesa -, combina en los vagones la antigüedad con las comodidades modernas, ofreciendo en verano además la posibilidad de realizar el trayecto en un vagón descubierto que nos permite admirar de forma panorámica los excepcionales paisajes de los Pirineos Orientales, que van de los valles a los macizos pasando por estructuras increíbles como el ya mencionado viaducto de Gisclard, el último puente ferroviario suspendido que queda en Francia, impresionante con sus 222 metros de longitud y 80 metros de gálibo.

Vernet-les Bains | LianeM / ISTOCK

Mientras, las numerosas paradas nos facilitan igualmente el poder descender para visitar alguna de las reservas naturales o los sitios culturales que nos encontramos en el camino. Así, entre las comunas de Villefranche de Conflent y Latour-de-Carol – los puntos extremos de la línea - nos encontraremos con puntos de gran interés como los baños de Saint Thomas en Fontpédrouse, las estaciones de invierno de Bolquère Pyrénées 2000 y Font Romeu, el espectacular y curioso horno solar de Odeillo, el más grande del mundo, o los núcleos más turísticos y frecuentados del trayecto como son las localidades de Mont-Louis, una preciosa villa amurallada, y Vernet-les Bains, junto a Villefranche de Conflent, un pintoresco pueblo que forma una postal incomparable con su entorno.