Seis calas secretas del Cantábrico donde recibir el verano

Como si se tratara de Menorca o Ibiza, el mar Cantábrico también posee calas desconocidas y salvajes.

Carolina Oubernell
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Foto: j-wildman / ISTOCK

El Mar Cantábrico baña la costa norte de España desde el Cabo Ortegal, en A Coruña, hasta el País Vasco Francés, ya en los Pirineos Atlánticos. 800 kilómetros de litoral compartido por las provincias de A Coruña, Lugo, Asturias, Cantabria, Vizcaya y Guipúzcoa. 

Esteiro y Bares

Marcos Veiga / ALAMY

La Estaca de Bares es la punta más al norte de España, un lugar mítico donde hubo un tiempo en que se creyó que todo acababa poco más allá de la línea del horizonte. Azotada por las aguas bravías del Cantábrico, hay en ella dos pequeñas playas –poco frecuentadas por el turismo– con impagables vistas al océano. La cala de Esteiro es una. La otra es la playa de Bares, junto al pequeño pueblecito de O Porto de Bares. Muy próximo a este lugar existe otra cala paradisíaca. Se trata de Xilloi, encajonada entre dos acantilados y próxima al mirador das Laxes desde donde se divisa la solitaria isla de Coelleira.

Concha de Artedo

Alberto Paredes / ALAMY

Entre la localidad de Cudillero y el cabo Vidio se extienden algunos de los más estremecedores acantilados de la costa asturiana. Los salientes rocosos son como desafíos permanentes al Cantábrico y entre ellos las aguas se apaciguan en solitarias calas a las que hay que bajar a pie por cuestas en apariencia insalvables. La Concha de Artedo, a los pies del pueblecito de Rellayo, es una playa pequeña y familiar rodeada de guijarros en los bordes y arena fina allí donde rompen las olas. La Concha está próxima a otra calita secreta conocida como Oleiros.

El silencio

percds / ISTOCK

El Silencio es una de las playas más bellas de España. Con rotundidad. Está próxima a la encantadora localidad marinera de Cudillero, entre acantilados donde los geólogos han hallado las edades más antiguas de la tierra. En Asturias a El Silencio la conocen también como la playa d’El Gavieiru. Hasta hace unos años era muy complicado bajar hasta ella por lo que constituía un paraíso para los naturistas. Ahora se han mejorado los accesos, pero es necesario bajar severas escaleras hasta alcanzar la playa de cantos, pedreros de medio kilómetro de anchura. Sus aguas figuran entre las más limpias del Cantábrico por lo que es un paraíso para los amantes de los deportes submarinos.

El sable de Arnuero

Jeronimo Alba / ALAMY

La playa de El Sable, en la localidad cántabra de Arnuero, es un buen punto de partida para visitar algunas de las calas más encantadoras de la región, orilladas alrededor del cabo de Ajo, famoso por su emblemático faro. La ría de Ajo, donde desemboca el río Campiezo, está formada por grandes playas de arena blanca. Pero la soledad y el encanto se halla en dos pequeñas calitas conocidas como Cuberris y Antuerta, donde los acantilados se encaraman dejando a sus pies sendos arcos de arena blanca donde el mar transparenta sus profundidades.

Oriñón

Roberto Colino / ALAMY

La ensenada de Oriñón, muy próxima a la localidad cántabra de Castro Urdiales, está encerrada entre dos severos acantilados, uno de los cuales está rematado por la punta de Sonabia. La playa de Oriñón es una de las más encantadoras de Cantabria, ancha, arenosa, poco profunda, de aguas limpias y solitaria incluso en los días más animados del verano. En su ensenada van a parar las aguas limpias del río Agüera. Próximo está localidad de Guriezo, cuyas carreteras de interior conducen hasta el Parque Natural de Armañón, en el País Vasco.

Ea

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Es uno de los pueblos más encantadores del País Vasco, una excentricidad entre montes a cuyos pies discurren las aguas del río Ea que desembocan en el Cantábrico. El pueblo es un ejemplo del mejor tipismo arquitectónico de la región vasca. Su playa es animada y familiar. Pero en sus alrededores existen otras que son solitarias, apartadas y salvajes. Se trata de la cala de Natxitua, una playa virgen rocosa rodeada de montes y bosques. La otra playa virgen es Ogella de Bedarona. En horas de marea baja deja al descubierto su gran biodiversidad y riqueza geológica.