Caminata por la Vía Verde de la Sierra

Al norte de la provincia de Cádiz se extiende la Vía Verde de la Sierra. Son treinta y seis kilómetros por paisajes de gran belleza y alto nivel ecológico, que orillan pueblos blancos y evocan la importancia de la ingeniería industrial de principios del siglo pasado. 

Manuel Mateo Pérez
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Foto: Fernando Cárdenas / Wikicommos

Cuarenta y tres kilómetros de carretera separan Puerto Serrano y Olvera. En cambio, treinta y seis kilómetros unen ambas localidades gaditanas por la vieja línea férrea que se proyectó a principios del siglo XX para empalmar Jerez de la Frontera con la población malagueña de Almargen. Por el viejo trazado ferroviario, por suerte, no pueden transitar vehículos a motor. Hace años que esta línea abandonada es una vía verde, recuperada para el paseo y la contemplación. En ella se suceden los paisajes que han hecho de Cádiz una de las tierras con más personalidad e interés en la península ibérica.

La Vía Verde de la Sierra discurre al norte de la provincia de Cádiz por paisajes de encantadora belleza, miradores frente a los que se intuye la cercanía del océano y pueblos blancos que simbolizan una de las rutas turísticas más conocidas de este país.

El Pantera / Wikicommos

La ruta se inicia en la estación de Puerto Serrano, en un cortado sobre las aguas del río Guadalete. El paraje de los Llanos de la Reyerta acoge el primero de un conjunto de molinos hidráulicos que aprovechan la fuerza de las aguas del río. El paisaje es quebrado y rocoso. Sobre el arroyo de los Azares se extiende el primero de los cuatro viaductos de la ruta. Los túneles se suceden uno a otro hasta que las aguas del río Guadalete se funden con el caudal del río Guadalporcún. En el paraje de la Junta de los Ríos (kilómetro nueve) existe un aparcamiento, un área recreativa y una zona de camping.

La vía verde prosigue paralela a las aguas del Guadalporcún. Otro viaducto salva el arroyo del Gillete y un túnel de más de novecientos metros atraviesa el corazón rocoso del cerro del Castillo. La estación de Coripe aguarda al final del camino. Hacia Zaframagón es necesario atravesar otros cinco túneles. El paisaje es grandioso. Colosales montañas se alzan a uno y otro lado del trazado. A lo lejos, entre cañones, corretean arroyos limpios y caudalosos. Sólo se escucha el silbido del viento y las aves. En el kilómetro veinte se halla la estación de Zaframagón. Desde este lugar se distinguen las aristas del peñón, el espacio natural más fascinante de la vía verde. El camino flanquea el asiento de la gran montaña, entre las aguas del río Guadalporcún y los estrechos pasos que concede el áspero relieve.

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La reserva natural del peñón de Zaframagón es uno de los marcos más bellos de la Vía Verde de la Sierra y toma asiento en los límites provinciales de Sevilla y Cádiz. Los pies del peñón están alfombrados de encinas y olivares. La vegetación del peñón es más original y valiosa conforme se asciende al picacho rocoso. Las aguas del río Guadalporcún han cicatrizado la cintura del peñón, dando origen a un paraje de extraordinaria belleza, conocido popularmente como el Estrechón. En las rocas más altas del peñón habita una de las colonias más numerosas de buitre leonado de Andalucía. Una de las sensaciones más contradictorias de cuantos pasean por la Vía Verde de la Sierra es llegar hasta la estación de Zaframagón y preguntarse quién se apearía en este lugar, apartado varias decenas de kilómetros del primer lugar habitado. Lo mismo sucede en la estación de Navalagrulla, un lugar solitario, poblado por el silencio y el viento, situado a pocos kilómetros del túnel de Zaframagón. De pronto, sin previo aviso, la vehemencia de la montaña se torna ternura en las praderas y los ondulantes perfiles de la sierra de Líjar. Camino de Olvera el trazado ferroviario discurre por terrenos suaves y calmos, salpicados por ganaderías de afamados hierros y explotaciones agrícolas. Al final aguarda el pueblo blanco. La caminata ha concluido.