Otoño en Asturias: bosques para todos los públicos
Si hay dos cosas que apetecen en esta época del año es calzarse unas botas cómodas y salir a disfrutar de la belleza de la naturaleza y, a la vuelta, sentarse a degustar de la mejor mesa, con platos de cuchara que templan el cuerpo y el alma. Y si hay un lugar donde disfrutar de esos dos placeres, ese lugar es Asturias.

El Bosque de Moal en Asturias, considerado una de las mejores zonas naturales de la región / Shutterstock
Beatriz García para Principado de Asturias
El otoño asturiano tiene un desbordante colorido, es tiempo de calor a la vera de una chimenea. Tiempo de castañas, de sidra dulce, de cebollas y pimientos rellenos, de platos de cuchara que tonifican cuerpo y alma. De fiesta en torno a la buena mesa, al esfoyón, al amagüestu, y a los dulces y licores de casa. Es cálido, acogedor, amoroso, artesanal. Es una pura exaltación de la amistad, de las reuniones en familia, de las escapadas placenteras, de la comunión con la naturaleza, de las rutas de senderismo en Asturias.
Y, por supuesto, de auténticos baños de bosque. Un espectáculo para todas las edades para el que no hace falta sacar entrada.
La Biescona, un hayedo junto al mar
El Mirador del Fitu (en el concejo de Caravia) es un buen punto de partida para recorrer este bosque único, ubicado a solo cuatro kilómetros del Cantábrico, en la cara norte de la Sierra del Sueve. Se trata del hayedo situado a menor altitud de la Península (y probablemente de toda Europa) y es el microclima que le proporciona esa proximidad al mar lo que lo convierte en un bosque mágico, con frecuencia sumergido en neblinas y eternamente tapizado de musgo, hongos y líquenes.
Este bosque, donde además de hayas hay magníficos ejemplares de avellanos, robles, brezos y abedules, es el hogar de gamos y venados, ardillas, zorros y aves como alimoches, tórtolas y cárabos. Un paraíso para el disfrute de niños y mayores y para amantes de la fotografía.

Muniellos / Shutterstock
Brañagallones, una ruta inolvidable
En el Parque Natural de Redes, la naturaleza impone su ley y hay numerosas rutas posibles para disfrutarla.
Una de ellas es la que parte del pueblo de Bezanes y llega hasta la vega de Brañagallones. Este lugar recibe su nombre de los diversos cantaderos que había en tiempos pasados donde los urogallos macho (o gallones) exhibían su canto y su plumaje en época de apareamiento.
Aunque el itinerario tiene una pendiente que puede resultar exigente en algunos tramos, el esfuerzo merece la pena. A solo dos kilómetros se alcanza el Mirador del Texu La Oración, con preciosas panorámicas de Bezanes, la cuenca del Nalón y el picu Cascayón. Luego, paso a paso, se llega al valle del río Monasterio y al túnel del Crestón, hasta adentrarse en uno de los bosques más espectaculares del Parque Natural de Redes. Finalmente, tras más de 10 kilómetros de caminata, se llega a la vega de Brañagallones, un antiguo glaciar donde experimentar un estado de auténtica desconexión rodeados de hayas.
Bosque del Río, una ruta imprescindible
El impresionante tajo rocoso de las hoces del río Esva, excavadas por la fuerza del agua y la paciencia del tiempo, está rodeado por uno de los mejores bosques de ribera de España.
Uno de los tramos más asequibles es el recorrido lineal que va desde el Centro de Interpretación, en las inmediaciones de Bustiellu, hasta la aldea de Calleras: en total, menos de 10 kilómetros que permiten disfrutar de lo más vistoso de este entorno: el río, las pasarelas, las escalinatas y una vegetación de helechos reales y alisos, entre los que se escabullen la nutria y del mirlo acuático.
En la parte alta de las hoces, entrecastaños, serbales y brezales, quedan pruebas de que esta fue, en otros tiempos, tierra de osos, como atestigua la presencia de los cortines, unas estructuras de piedra para proteger las abejas de sus golosas zarpas.

Peloño / Shutterstock
Bosque de Moal, un bosque, puerta de otro
El pueblo de Moal, en el parque natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, está considerado como la puerta de entrada a la reserva natural integral de Muniellos, el mayor robledal de España. Desde esta localidad parte la senda que guiará los pasos a través de bellísimos castañares salpicados de cortines y corripas, unas construcciones tradicionales utilizadas para almacenar los erizos del castaño para dejarlos secar y que dejen caer el fruto más fácilmente. El recorrido continúa paralelo al cauce del río Muniellos, flanqueado de pastos y tierras de cultivo, y caminando entre hayas y robles, hasta llegar a la Reserva Natural Integral Muniellos, refugio de especies emblemáticas como el oso pardo y el urogallo cantábrico.
En este punto, el itinerario gira a la izquierda para adentrarse en un hayedo de postal donde cada foto será más bonita que la anterior, y que, a regañadientes, habrá que dejar atrás para seguir ascendiendo hasta el Mirador de Montecín. Desde allí, tras recobrar fuerzas y admirar la panorámica de Moal, el puerto del Connio y la parte baja de la Reserva Natural Integral Muniellos, se emprenderá el camino de regreso.

Asturias en otoño / Shutterstock
Peloño, un bosque a la medida
Este gran hayedo se extiende a lo largo y ancho de más de 15 km entre las localidades de San Juan, San Ignacio, Vago y Casielles. Una pista de 16 kilómetros bajo la fronda conduce hasta la vega del Arcenorio, una gran majada salpicada de cabañas de pastores y donde destaca la sencilla Ermita del Arcenorio, dedicada a la virgen de Covadonga.
Antes de llegar, sin embargo, entretienen el recorrido infinitas maravillas naturales, como saltos de agua y claros en la espesura que permiten atisbar picos montañosos como el Pierzu, el Carriá, el Tiatordos y, destacando entre todos, los Picos de Europa. Otro hito imprescindible del camino es la visita al imponente Roblón de Bustiello, un gigantesco roble albar de 30 metros de altura y ocho de diámetro.
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