Vélez- Blanco, el pueblo almeriense con el corazón dividido entre España y Nueva York. 

A un paso de la región de Murcia pero aún en territorio almeriense, la población de Vélez-Blanco nos expone una buena parte del antiguo poderío del Marquesado de los Vélez, uno de los títulos nobiliarios más importantes del sur de España.

Redacción VIAJAR
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Foto: CaronB / ISTOCK

Recorremos la joya del Marquesado de los Vélez

Una villa de herencia musulmana y rico patrimonio que se ha erigido como «la joya del Marquesado» gracias en gran medida a su magnífico castillo, uno de los mejores ejemplos renacentistas de nuestro país y famoso además por haber sido despojado de su Patio de Honor, que acabó ocupando las salas del Museo Metropolitano de Nueva York para ser admirado por millones de personas cada año – siete millones en 2019, antes de la pandemia -, lejos de su lugar original.

Un castillo inconfundible

Al abrigo de Sierra María por la parte oriental y ante la atenta mirada del Pico del Maimón por el lado occidental, la localidad de Vélez-Blanco se extiende por las faldas de un punto elevado en cuya cúspide se muestra majestuoso su célebre castillo.

Montaña Vélez-Blanco, Almeria | Eusebioj Torres / ISTOCK

En estas antiguas tierras fronterizas, en las que el discurrir del tiempo ha dejado una huella indeleble a través de la cultura y la fisionomía en los núcleos de población, encontramos este enclave privilegiado y estratégico que tuvo un peso relevante en el Reino nazarí de Granada.

El Barrio de la Morería de Vélez-Blanco nos habla de un legado musulmán que se palpa a cada paso mientras recorremos sus calles. No obstante, la antigua alcazaba constituyó los cimientos del posterior castillo de principios del siglo XVI, cuando el primer marqués de los Vélez, Pedro Fajardo y Chacón, mandó construir la fortaleza inmediatamente después de recibir su título nobiliario de manos de los reyes de Castilla.

Detalles Vélez-Blanco | CaronB / ISTOCK

Un monumental castillo de estilo predominante renacentista cuya torre del homenaje, de veinticinco metros de altura, destaca por encima de todo el pueblo. Los 2500 metros cuadrados del complejo son una obra imponente que, sin embargo, fue completada en menos de diez años.

En su interior, la parte visitable nos da una buena idea de la posible vida que pudieron llevar sus moradores, además de ofrecernos unas vistas envidiables en las zonas que dan al exterior, pero la carencia del Patio de Honor original es quizás el hecho más llamativo de todo el conjunto.

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En efecto, tras una primera época de esplendor, pasados los siglos el castillo entró en decadencia, lo que acabó por propiciar que, a principios del siglo XX, el Duque de Medina Sidonia vendiera esta estructura central – una auténtica joya del Renacimiento – y otros elementos arquitectónicos a un anticuario francés. Más tarde pasarían a un nuevo propietario, un coleccionista afincado en Nueva York, que terminaría por cederlos tras su muerte a la colección del Museo Metropolitano de la ciudad, formando parte desde mediados del siglo pasado de la ampliación de sus instalaciones, donde se muestra manteniendo su estructura original.

Vista de Vélez-Blanco | Soyazur / ISTOCK

El patio, construido con mármol de las canteras de Macael, en la sierra de Los Filabres, se convirtió así en una de las joyas del museo dejando parcialmente huérfano al castillo de Vélez-Blanco.

Una visita imprescindible de la provincia de Almería

Más allá del castillo, el conjunto histórico de Vélez-Blanco cuenta con un valor patrimonial destacado dentro de la provincia de Almería, de la que se suele destacar como uno de los pueblos más bonitos. La iglesia parroquial de Santiago y el convento de San Luis, ambos del siglo XVI, son una buena muestra de ello y un buen acicate para explorar el pueblo más allá de la fortaleza y la Morería.

Vista del Castillo  | Soyazur / ISTOCK

Pero acercarse hasta esta localidad del oriente de Andalucía no solo nos ofrece el premio de ese patrimonio urbano. Vélez-Blanco es también un punto de partida excepcional para conocer las maravillas en este entorno del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, según el nombre con el que se declararon parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1998.

Montaña Vélez-Blanco | Fotomicar / ISTOCK

Los importantes vestigios prehistóricos de la zona, resguardados en los conocidos como «abrigos» - cavidades existentes en las montañas – ocultan algunas de las pinturas rupestres más importantes de toda la península ibérica, entre las que encontramos el icónico y célebre símbolo de Almería, el Índalo, una figura representada en la roca durante la Edad del Cobre hallada en la Cueva de los Letreros, situada a tan solo media hora a pie del núcleo urbano de Vélez-Blanco.