La Cala de los Muertos en Almería: cuando el paraíso se hace esperar

Bienvenidos a la playa más deslumbrante del Cabo de Gata

Noelia Ferreiro
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Foto: quintanilla / ISTOCK

Requisito de toda buena playa es que su llegada no sea fácil, que haga falta un mínimo esfuerzo para sentir después la recompensa. Esto es lo que ocurre con la Cala de los Muertos, la más deslumbrante de Almería. Nada de visitas fugaces o chapuzones de paso. El aislamiento es su mejor baza porque sólo el acceso a través de un largo paseo que ha de abordarse a conciencia devuelve ese torrente de sensaciones que brindan aquellos deseos que se hacen de rogar.

La Cala de los Muertos, a mitad de camino entre Agua Amarga y Carboneras, aparece después de un sendero de descenso a los pies de una montaña negra. Más o menos media hora bajo el sol inclemente del desierto, entre pitas y palmitos aferrados a la pendiente. Es, claro, el paisaje árido y lunar del Parque Natural del Cabo de Gata, ese pedacito virgen de la costa andaluza donde la naturaleza se da cita con la geología, la ecología y el cine.

El mar más cristalino

Aquí, en este escenario de magma que alterna pintorescos pueblos enjalbegados con farallones negros que se precipitan al vacío, aparece de pronto esta playa y los ojos se llenan con los mil juegos de luces del mar, que tiene color turquesa gracias a esos fondos blancos de guijarros suaves, pulidísimos, que se van haciendo más finos a medida que nos acercamos al agua y que al chocar entre ellos traen consigo música de resaca.

quintanilla / ISTOCK

Un mar que se acerca a una rocas multiformes que las corrientes han esculpido a golpe de erosiones continuas y que se mantienen erguidas para refugiar a los que opten por hacer nudismo.

Historias trágicas

La playa de los Muertos, ancha y poderosa, interminablemente rectilínea, tiene una belleza bronca, extraña y misteriosa. Su imagen apacible ajena a la masificación de los arenales urbanos, sus aguas cuajadas de peces y tan sólo alteradas cuando el levante se enfada, sus fondos tapizados de posidonias, contrastan con la tétrica fatalidad que su nombre evoca.

Amanecer en la Cala de los Muertos | vicenfoto / ISTOCK

Los Muertos alude a aquellos naufragios del pasado, a los mercaderes y marineros ahogados en alta mar, cuyos cadáveres arrastraba la corriente hasta la propia orilla. Porque, como todo lo bello, la playa también tiene su peligro. Cuando el Mediterráneo se altera (algo que ocurre en pocas ocasiones) la orilla acusa un pronunciado desnivel que hace que las olas rompan y pronto perdamos pie.

El faro

Fuera del mar y ya detrás de la playa, sobre una meseta que hace las veces de pantalla protectora del viento, se erige el faro habitado más alto de España, cerca del mirador de Mesa Roldán, en un espectacular promontorio de 220 metros de altura.

Cala de los Muertos | jesusdefuensanta / ISTOCK

Desde aquí se divisan los Muertos en todo su esplendor… incluida su única mancha visual: la triste estampa de una central térmica y una cementara a los lejos, tratando (sin conseguirlo) de ensombrecer el paraíso.