La Subbética cordobesa, viaje al centro geográfico de Andalucía

Córdoba es una de las provincias más completas de España. Verás porqué. El norte de la provincia se funde con las llanuras manchegas, con el paisaje horizontal de la meseta baja. Pero de pronto, sin previo aviso, la tierra se disloca, se arruga, se tuerce y se descompone hasta formar un singular y áspero manto de cerros y farallones que geográficamente han dado en llamar Sierra Subbética.

Manuel Mateo Pérez
 | 
Foto: CaronB / ISTOCK

En su centro, Sierra Morena se derrama plegando cerros, montañas y valles, alfombrando dehesas donde crecen alcornoques, quejigos y encinas. Cruzado el Guadalquivir, Córdoba se templa en un paisaje de campiñas doradas por el sol, serenas y pacíficas, dóciles y reparadoras. 

olegmit / ISTOCK

Córdoba posee en la Subbética su más original y fascinante comarca natural. Allí donde debía haber tierras de labranza hay agujas kársticas, envalentonadas e irascibles por donde campean las cabras monteses y los jabalíes y cuyo cielo es sobrevolado por las pocas águilas reales que quedan por estos contornos.

Xavi Gomez / GETTY

La Subbética no es sólo un paisaje donde florece la naturaleza. Los cerros son de pronto asaltados por poblachos blancos, por aldeas, cortijadas y haciendas sombreadas por la tierna arboleda, regadas por los caudalosos arroyos, fertilizados por los campos de vid, de olivo y cereal. 

Turismo de Almedinilla

Empecemos por el principio. En Almedinilla, a pocos kilómetros de Priego, hay un río por donde siempre discurre un copioso caudal. Los vecinos no lo recuerdan sin agua ni en los peores años de sequía.

Turismo de Almedinilla

El río Caicena orilla el Museo Histórico donde la villa blanca se reconcilia con la historia que alumbró estos contornos. El museo, que antes fue almazara de aceite y fábrica de electricidad, acoge en su seno salas que rememoran la vinculación de Almedinilla con el cultivo del aceite.

Pero lo que realmente tiene valor son las secciones dedicadas a Roma. En una de ellas se expone el dios Hypnos. La historia viene de lejos: A las afueras del pueblo se esparce una de las villas romanas mejor conservadas de la región. La villa de El Ruedo responde a la clásica hacienda patricia, donde las jerarquías estéticas establecían toda la disposición del inmueble. En ella, hace varias décadas, encontraron la escultura en bronce del dios Hypnos, un efebo de la divinidad grecolatina que ensalzó en aquellos tiempos la vida y el sueño. 

CaronB / ISTOCK

Hasta Priego de Córdoba hay un camino alfombrado de rugosos y centenarios olivos. La capital del barroco cordobés sigue emulando el trazado árabe que sus primeros moradores le legaron. El barrio de la Villa es fascinante. De las casas, de sus ventanas y balcones cuelgan geranios de vivo color. Reina por esta maraña de estrechos callejones un silencio dulce.

CaronB / ISTOCK

Miradores y plazoletas como la de San Antonio rompen la disciplina y la estrechez de estas calzadas empedradas. Muy cerca del barrio de la Villa está la iglesia de la Asunción, señorial y aristocrática.

siete_vidas / ISTOCK

Desde Priego los caminos se despliegan como una malla de araña. La Subbética se adentra por sendas donde la naturaleza acoge toda su virginidad. La comarca acoge en su corazón un parque natural de algo más de treinta mil hectáreas. En él se cita un bosque mediterráneo de singular valor ecológico. Las áreas de reserva son aquellas que delimitan las altas cumbres, los cerros alejados de los núcleos de población, los montes a los que llegar es un privilegio de los sentidos.

eyewave / ISTOCK

Existen, además, senderos de pequeños recorridos, convenientemente señalizados, como aquellos que conducen hasta el norte de la comarca, hasta los pueblos de Zuheros y Luque

Universal Images Group / GETTY

Desde Carcabuey los caminos se pierden por la espesura de la sierra de Alcaide y las fuentes de la Canaleja y Fuenfría. El viajero alcanza Zuheros, que es uno de los pueblos más bellos de Andalucía.

Universal Images Group / GETTY

Zuheros está dispuesto en mitad de un cerro, abrigado por las fantasmagóricas formas de la piedra. El viejo castillo árabe muestra en su fábrica las muchas manos que por él pasaron. La plaza de la Paz es su mejor mirador. Desde aquí se divisan los infinitos campos de olivos, el paisaje minimalista y lunar de la mañana, la disciplina de la tierra, el trabajo del hombre, el equilibrio entre la naturaleza y el esfuerzo.