Siéntete como un náufrago en la isla chilena Robinson Crusoe

Sumérgete en uno de los escenarios que inspiraron la famosa novela

José Miguel Barrantes Martín
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Daniel Defoe nos legó un personaje literario que se ha convertido en la figura que mejor encarna la idea de un náufrago. El nombre de Robinson Crusoe nos acompaña desde principios del siglo XVIII ligado para siempre a los relatos de aventuras, siendo además el protagonista de una de las primeras novelas de la historia como género literario.

Pasada la mitad del siglo XX, una isla del remoto archipiélago chileno de Juan Fernández tomó el nombre del famoso náufrago. Lejos de tratarse de un mero homenaje, detrás de este hecho existen razones de peso que guardan relación con las historias reales en las que se inspiró Daniel Defoe para escribir su obra.

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Viajamos hasta este punto perdido del Pacífico para seguir el rastro de nuestro personaje y conocer las bondades de un archipiélago que es Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Dos naufragios, dos escenarios, un personaje

Robinson Crusoe, el marinero que soportó durante años el paso del tiempo en una isla desierta tras el hundimiento de su barco, surgió de la imaginación de Daniel Defoe. Aunque, si bien es verdad que gran parte del mérito de que esta novela haya pasado a la posteridad es de este autor, también es cierto que parte del argumento y algunos de sus personajes parecen estar inspirados en historias reales.

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Siguiendo el orden cronológico, una de estas historias es la de Pedro Serrano, un capitán de barco español de la primera mitad del siglo XVI que sobrevivió durante ocho años en un atolón situado en el mar Caribe tras encallar su nave durante un trayecto entre las actuales Cuba y Colombia. Siendo el único superviviente y dado lo inhóspito de la isla donde fue a parar – el banco de arena conocido hoy en día como Cayo Serrana -, sus penurias fueron continuas. Tras tres años de dura supervivencia, otro náufrago arribó a esa misma tierra, compartiendo destino durante los cinco años siguientes, hasta que un galeón los rescató en 1534, con el infortunio de que en el mismo trayecto de vuelta murió este último. Por su parte, Pedro Serrano regresó con vida pudiendo dejar constancia de su gran aventura.

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Siglo y medio después, otro marinero, el escocés Alexander Selkirk, fue abandonado en una isla desierta tras una discusión con el capitán del barco, a más de seiscientos kilómetros de las costas del actual Chile. Tras cuatro años sobreviviendo en soledad, fue finalmente rescatado en 1709.

Viendo las coincidencias del relato, se deduce que Daniel Defoe pudo inspirarse en estas dos historias que gozaron de gran popularidad en sus respectivas épocas, especialmente esta última, de la que fue contemporáneo el escritor. A pesar de ello, la acción de la novela no transcurre en el Pacífico, sino en una isla situada frente a la desembocadura del río Orinoco.

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La isla Robinson Crusoe

A la misma latitud que Santiago, la capital de Chile, pero a varios cientos de kilómetros inmersa en el océano Pacífico, se encuentra una pequeña isla llamada desde 1966 Robinson Crusoe. Conocida antiguamente con el nombre de Más a Tierra, forma parte del archipiélago Juan Fernández, un conjunto de tierras emergidas declarado desde 1977 Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Robinson Crusoe es la más grande de las dos islas que constituye este archipiélago – el resto son islotes -. La otra, renombrada también en 1966 como Alejandro Selkirk y anteriormente llamada Más afuera, no deja lugar a dudas de la relación de esta parte del planeta con la famosa novela de Daniel Defoe.

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En efecto, es muy posible que esta isla sirviera de inspiración como escenario para el escritor, a pesar de que finalmente decidiera situar su historia en el mar Caribe, en alusión a las andanzas de Pedro Serrano. El tamaño de Robinson Crusoe – casi cincuenta kilómetros cuadrados – se asemeja en mayor medida a la que se describe durante la novela, en contraposición al pequeño atolón donde naufragó el capitán español y su compañero – que pudo haber servido de modelo para el personaje de Viernes -.

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No obstante, es posible visitar la cueva que supuestamente sirvió de vivienda a Alejandro Selkirk durante los largos cuatro años que pasó en este punto del océano Pacífico. Mientras, en la ladera norte de la isla, en un punto elevado situado entre bosques, se encuentra el conocido como «Mirador Selkirk», que según la tradición es el punto desde el que el marinero oteaba el horizonte en busca de algún barco que pudiera rescatarle.

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Más allá de su figura, la isla Robinson Crusoe forma parte en la actualidad del parque nacional Archipiélago de Juan Fernández  - el primer parque nacional de Chile -, constituyendo un auténtico reducto de importancia biológica mundial, dado el gran número de especies endémicas que aquí tienen su refugio. Refugio que también encontraron en estas tierras piratas y corsarios durante su época dorada en los siglos XVII y XVIII, quienes seguramente también se verían fascinados por esta riqueza natural, tanto en tierra firme como en el océano, donde existe una diversa vida marina protagonizada por hábitats coralinos que forman parte de un espacio protegido del tamaño de España.

Con una población de menos de mil habitantes, concentrada mayoritariamente en la localidad de San Juan Bautista, en la bahía Cumberland, la isla es famosa por la pesca de la langosta, que es su mayor motor económico. Si se viaja a la isla entre octubre y mayo – la temporada de pesca de este crustáceo -, es posible deleitarse con uno de estos manjares a bordo de una típica chalupa local tras un paseo en busca de lobos marinos – la especie autóctona de mamíferos más representativa del archipiélago -.