Pueblos y paisajes de la Sierra del Segura

Los pueblos y paisajes de la sierra del Segura, cadena natural en un rincón de la provincia de Albacete, han inspirado a novelistas, poetas y cineastas. Pintorescas localidades en las que cada rincón esconde una sorpresa y cada tradición ocupa su merecido lugar, y paisajes regados por el río Segura que surgen entre vegas, desfiladeros y riscos coronados por la figura de la cabra montesa. Un destino lleno de tradiciones y con muchas reliquias del pasado, inmerecidamente desconocido y que hay que descubrir. 

Celia Lorente
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La comarca de la sierra del Segura es tierra de ríos (hasta siete la cruzan) y debe su nombre al principal caudal que la riega, el Segura. Se extiende al suroeste de la provincia de Albacete, donde la llanura manchega desaparece para dar paso a un vasto territorio de alineaciones montañosas, con la cumbre más elevada en la sierra de Las Cabras (2.086 metros), separadas por estrechos valles y profundos cañones. La sierra del Segura es, por su entorno natural, una de las zonas más singulares de la geografía española. Sus paisajes hablan de frondas y bosques cuajados de nogueras centenarias, encinas, pinos, olivos y sabinas. Y, sobre todo, del rumor del agua, mucha, porque en cada pueblo hay un río, una poza o un arroyo que desciende entre las rocas en forma de cascada. Una refrescante explosión que tiene su mayor exponente en el Nacimiento del Río Mundo, cuando, tras las lluvias y el deshielo, se produce el conocido como reventón, la salida a presión de una gran masa de agua por la cueva de Los Chorros que provoca una espectacular cascada. 

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A esta riqueza natural y ecológica hay que sumar el encanto de los pueblos que la conforman, municipios como Yeste, Liétor, Nerpio, Molinicos, Ayna, Letur o Riópar, entre otros. Pueblos con baja densidad de población, en los que el turismo todavía es una anécdota y donde saludan al forastero con cortesía al cruzarse en su camino o incluso desde sus balcones. Un turismo nada masificado y con una buena red de casas rurales donde alojarse y descansar. Pintorescas localidades ideales para descubrir en coche, conduciendo sin prisa por sus serpenteantes carreteras que sorprenden tras cada curva con paisajes de gran belleza o miradores que muestran una amalgama de núcleos poblacionales de casitas blancas y ocres tuteladas por sus castillos y atalayas. Monumentos que dejaron tras de sí antiguas contiendas en esta vieja frontera cristiano-musulmana y que han permanecido durante siglos como mudos centinelas de piedra. 

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Un buen ejemplo de este legado es la población de Yeste, en la zona más occidental del territorio, fronteriza con la andaluza provincia de Jaén. Cercana al Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, Yeste es un hermoso pueblo recostado sobre las faldas del cerro de San Bartolomé, inmerso en un profundo valle cuajado de vegetación. Un municipio de origen árabe encaramado sobre un risco y protegido por su castillo del siglo XIII, construido sobre una antigua fortaleza islámica conquistada a los musulmanes en 1242. Alfonso X El Sabio concedió el castillo a la Orden de Santiago, convirtiéndose años después en centro político y religioso de una amplia comarca a la que pertenecían Nerpio, Taibilla, Letur, Liétor, Férez y Socovos, con el objetivo de preservar la frontera con el reino de Granada y conquistar nuevos territorios. Merece la pena acercarse a Yeste en mayo, cuando el pueblo regresa al medievo y se vuelca en su Día de la Cruz, se nombran caballeros, se toma el castillo, se veneran sagradas reliquias y se teatralizan aspectos de la Orden de Santiago. 

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EL TECHO DE ALBACETE

En el sur de la provincia de Albacete se encuentra Nerpio, el municipio más meridional de la sierra del Segura. Su territorio se introduce entre las provincias de Jaén, Granada y Murcia. Nerpio destaca por su altitud, ya que posee once cotas que superan los 2.000 metros en las sierras de Taibilla y Las Cabras, convirtiéndose en el techo de la provincia. El castillo de Taibilla, vigía del pueblo, custodia las culturas que lo poblaron. En los alrededores, un pasado prehistórico con arte rupestre levantino se encuentra presente en sus cuevas de abrigo, entre las que destaca el conjunto de Solana de las Covachas, declarado Patrimonio de la Humanidad, con 200 representaciones de arqueros, mujeres y fauna (cabras, ciervos, toros y caballos) del final del Paleolítico. 

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También el término municipal de Letur cuenta con una presencia humana muy temprana representada por un grupo importante de cavidades con arte rupestre prehistórico. Su villa fue declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1983 por la magnífica conservación del diseño urbano musulmán. Tanto el trazado de sus calles como el alcantarillado y el sistema de regadío son muestras visibles del legado morisco en la sierra del Segura. Uno de los mejores ejemplos de arquitectura islámica de la villa está en la calle Albaicín, que desciende desde la plaza del Ayuntamiento. Un callejón sin salida con portales formados por arcos de medio punto y patios interiores y adornada en su recorrido con plantas y flores en ventanas y balcones. El pueblo es un entramado de callejuelas por el que resulta fácil perderse; no en vano sus habitantes lo han bautizado como el laberinto. Tras recorrerlo se llega al impresionante Mirador de la Molatica, un balcón natural encaramado sobre los cortados rocosos que forman el peñón donde se asienta esta villa y que ofrece una gran panorámica de los huertos con sus hormas de tradición árabe. En el centro del pueblo hay una piscina natural alimentada por aguas que descienden hasta el lugar denominado Arroyo del Lavadero. 

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Desde Letur, siguiendo por la M-3206, que atraviesa un extenso valle entre olmos y huertas, se pasa por el puente construido más grande sobre el río Mundo y el embalse de la Fuensanta y se llega al Mirador del Infierno. Parada obligatoria en plena curva y ascensión a la sierra para asomarse desde un alto acantilado –no apto para los que padezcan vértigo– desde el que se obtienen unas magníficas vistas al Valle del río Mundo y la aldea de Royo-Odrea. Por esta carretera es habitual encontrarse con fauna autóctona como zorros o cabras montesas, por lo que hay que circular con precaución.

ESPECTÁCULO NATURAL

El camino lleva a Ayna, que significa fuentes escondidas en árabe, un singular y abrupto enclave natural y uno de los pueblos más pintorescos de la comarca. Localizado en la garganta que forma el río Mundo a su paso, está escoltado por un grandioso paisaje de piedra y afiladas paredes. Conocido como la Suiza manchega por su escarpada orografía, supone todo un ejercicio pasear por sus empinadas y estrechas calles, llenas de recovecos y curvas entre casas blancas con sus cuadras. Un lugar en el que el tiempo parece haberse detenido y que inspiró al cineasta José Luis Cuerda para el rodaje de su película Amanece, que no es poco.

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Cerca de la localidad de Riópar, dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, se encuentra el Nacimiento del Río Mundo, uno de los puntos naturales más impactantes de la provincia de Albacete. Un circo de altas paredes verticales donde se abre la Cueva de los Chorros, desde la que el río Mundo se precipita en una caída de más de 80 metros, formando una de las cascadas más espectaculares y bellas de España. El agua va descendiendo a través de cristalinas pozas conectadas por pequeñas cascadas y saltos, lo que los lugareños llaman las calderetas. Esta maravilla forma parte de un espacio natural protegido por su riqueza biológica, de enorme diversidad. Sus 19.192 hectáreas de extensión están dominadas por un espectacular paisaje kárstico con multitud de calares (zonas de tierra caliza erosionadas durante millones de años por la acción del agua) y dolinas (tipo de depresión o valle), y cubiertas de bosques de encinas, quejigos, arces pinos y tejos. Adentrándose en el parque no es difícil observar cabras montesas, ciervos, ardillas y grandes rapaces. Entre sus puntos de mayor interés están el impresionante valle del río Tus –con el angosto desfiladero conocido como Estrecho del Diablo–, la majestuosa montaña el Calar de la Sima y la sierra del Cujón, con el mirador de El Pardar como parada obligada. 

ELCHE DE LA SIERRA Y LIÉTOR

En Elche de la Sierra, el recorrido por el trazado sinuoso de las calles del centro histórico permite pasar junto a fachadas de viejos modelos constructivos y estilos arquitectónicos. La calle Mayor es el eje neurálgico y en la plaza de Ramón y Cajal se levanta el Ayuntamiento, edificio del siglo XIX actualmente rehabilitado. Más abajo se llega a la Plaza Vieja, con un pilón de agua en el centro. Continuando por la calle Olivica se puede ver el entramado de vías que conforman su casco antiguo y al final del recorrido se llega al lugar conocido como La Puentecilla, donde se encuentra el Lavadero Municipal, aún en uso. Un día grande en Elche de la Sierra es el del Corpus Christi, cuando celebra una de las fiestas populares más curiosas de España. Sus habitantes, organizados en peñas, compiten por tapizar las calles del pueblo formando artísticas composiciones de serrín que simulan alfombras. Una muestra de arte efímero de Interés Turístico Nacional y una bonita tradición que se ha ido renovando y perfeccionando a lo largo de medio siglo gracias al trabajo en común de todo el pueblo. Mozos y mozas pasan toda la noche, hasta el amanecer, trabajando estas obras que al día siguiente serán destruidas al paso de la procesión del Corpus.

D.R.

En este recorrido por siete de los pueblos más pintorescos de la sierra del Segura no hay que olvidar pasar por Liétor, colgado sobre la hoz del río Mundo, y que impresiona con sus cimientos excavados en la roca y las casas asomadas sobre el cauce. Destaca la casa de Rodríguez de Escobar, con una portada de columnas toscanas. El molino harinero está abierto a las visitas y la fuente, frente al Ayuntamiento, decorada de azulejería, invita al descanso y al refrigerio. Entre sus lugares emblemáticos figuran la parroquia de Santiago Apóstol, con un retablo barroco de 1730 dedicado a Nuestra Señora del Espino; el antiguo convento de frailes carmelitas de San Juan de la Cruz, con claustro de decoración pintada, y la ermita de Belén, Monumento Histórico Artístico cuyos murales de línea ingenua y colorista se consideran la mejor colección de pintura nacional popular del siglo XVIII; además, conserva casi intacto un órgano de 1777. Los dos últimos sábados de mayo y los dos primeros de junio la localidad celebra el Festival de Órgano de Liétor.