Long Island, la isla neoyorkina que vio nacer El Principito

Un recorrido por el célebre apéndice de la Gran Manzana

José Miguel Barrantes Martín
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Long Island es justamente eso, una «isla larga». Sus 190 kilómetros de longitud y su anchura – que oscila entre los 19 y los 32 kilómetros - hacen de ella la más grande del estado de Nueva York. Integrada por los famosos barrios de Queens y Brooklyn (el icónico Puente de Brooklyn es uno de los que une Long Island con el distrito de Manhattan), además de por los condados de Nassau y Suffolk, representa uno de los destinos emergentes de la ciudad de Nueva York.

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La extensa elongación del downtown neoyorkino comienza a expandir su atractivo entre los visitantes de la Gran Manzana y deja de ser tan sólo el punto de llegada a la gran urbe – el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy y el Aeropuerto Internacional de La Guardia se encuentran en el distrito de Queens -. Y es que Long Island esconde secretos y lugares que ciertamente nos valdrá la pena descubrir si viajamos a Nueva York, regalándonos una mirada diferente de «la ciudad que nunca duerme».

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El Principito, indisoluble de Long Island

La obra universal del genial aviador y escritor Antoine de Saint-Exupéry se escribió y publicó por primera vez en Nueva York. Los algo más de dos años que se mantuvo viviendo en la ciudad, tras su exilio como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, fueron suficientes para engendrar el maravilloso cuento que da vida al pequeño niño de mechones dorados que ha hecho soñar y reflexionar a varias generaciones.

El Principito

Desde 1940 en que desembarcó en Nueva York hasta mediados de 1943, momento en el que hace entrega a Silvia Hamilton Reinhardt del manuscrito en el apartamento de ésta, en Park Avenue, varios escenarios fueron los protagonistas de la creación de la obra. Dicho apartamento y, sobre todo, Bevin House, una mansión victoriana situada en el interior de la Bahía de Northport – en el número 76 de Bevin Road -, en Asharoken, en la costa norte de Long Island, donde pasó un verano junto a su mujer, fueron los principales espacios en los que Saint-Exupéry llevó a cabo sus escritos y acuarelas – si bien otros enclaves de Nueva York también supusieron una fuente de inspiración y refugio para la confección del famoso cuento -.

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Bevin House – actualmente de propiedad privada -, que comenzó no siendo de su agrado por su fastuosidad, terminó convirtiéndose en el cobijo perfecto de trabajo donde realizó la mayor parte de la obra.   Una estatua de bronce con la figura de El Principito – la única de Estados Unidos - honra su memoria frente a la biblioteca Northport-East Northport Public Library. 

Los imprescindibles de Long Island

Una de las zonas más recurrentes para los visitantes de la isla es Los Hamptons, al este de Long Island, dividida en varios «Hampton»; famosa por albergar las viviendas de vacaciones de muchas de las personas más ricas e influyentes de Estados Unidos, este lugar fue popularizado gracias a la película El Gran Gatsby

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También sugestivas para la película fueron las suntuosas mansiones de la Gold Coast Mansions, que pueden ser recorridas mediante itinerarios organizados. Un plan más en contacto con el mar y la naturaleza nos sugiere una visita a la estrecha Fire Island, una isla situada al sur, en el condado de Suffolk, con una kilométrica línea de playa. En este contexto, un poco más al oeste y casi prolongando la barrera de Fire Island, comienza Jones Beach Island, otro santuario de largas franjas de arena.

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Volviendo de nuevo a la parte situada más al este de Long Island y sin olvidar que nos encontramos en una gran isla, no es de extrañar que uno de los emblemas patrimoniales de la zona sea el Faro de Montauk, erigido en el punto más oriental de tierra firme, que tiene el honor de haber sido el primero en ser construido de todo el estado de Nueva York, además de uno de los primeros de todo Estados Unidos; las vistas desde este lugar y el museo de su interior se suman a las razones para acercarse hasta este rincón de la isla.

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Desde aquí, dirigiendo nuestra mirada hacia la costa norte, al otro lado de la Bahía Gardiners nos topamos con el extremo de otro brazo de tierra en el que, a lo largo de varios kilómetros, se concentra un elevado número de bodegas de vino.  Aunque pueda parecer extraño, esta área – llamada North Fork - es una de las más importantes productoras de vino de todo Estados Unidos, siguiendo una tradición centenaria de este cultivo en el estado de Nueva York; una inesperada y excelente alternativa para visitar magníficas bodegas y degustar caldos de primera calidad a tan sólo dos horas del bullicio de la ciudad.