Guía para perderte en Fez... Y no perderte nada

La región del Medio Atlas es rica en paisajes, lagos, bosques, cascadas y montañas. Un entorno variado, que ofrece numerosas posibilidades en términos de senderismo.

Jean-Paul LABOURDETTE/Petit Futé
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Foto: xavierarnau / ISTOCK

Situadas en el seno de las montañas, las dos ciudades imperiales, Fez y Mequinez, revelan la grandeza de un pasado prestigioso que se descubre fácilmente recorriendo a pie la medina. Los « taxis pequeños » (servicio exclusivamente interurbano), siempre equipados con un contador y en general muy serviciales, serán el complemento indispensable en caso de fatiga pasajera o para llegar hasta algunos sitios peculiares en la periferia. En la guía Fez-Mequinez de la prestigiosa colección Petit Futé nos cuentan que ir de una ciudad a otra no tiene complicación alguna: el servicio ferroviario es muy práctico, hay numerosos trayectos entre las dos ciudades.

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Otras opciones son los « taxis grandes » y los autobuses, que ofrecen un servicio relativamente cómodo y barato. Tardará al menos dos días en visitar (a paso rápido) Fez; mientras una gran jornada te puede permitir combinar Mequinez y Volúbilis. No obstante, disponer de algunos días más te propiciará una visita sumamente agradable. Si tu objetivo es descubrir a fondo la región, debes considerar una decena de días de estancia dadas las numerosas posibilidades de itinerarios. Cuanto más se aleja uno de los lugares turísticos, más largo será el viaje así pues, para una excursión en el Atlas Medio, lo ideal será disponer de coche. 

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Estancia corta

Visitar Fez en dos días es factible. Sin embargo, la ciudad imperial tiene tantos atractivos que es imposible poder verlo todo. Por lo tanto es conveniente elegir. El itinerario siguiente tiene por objetivo seleccionar la esencia del destino para que pueda sumergirse en la atmósfera de la medina sin olvidar los principales atractivos culturales del resto de la ciudad. ¡Pero sin perderse entre tanta riqueza artística y monumental! Le aconsejamos ir acompañado de un guía el primer día de visita por la medina de Fez. Esto le permitirá apreciar y ubicar los tesoros de esta parte antigua de la ciudad medieval.

Día 1.

Visita a Fès al-Bali, la parte principal y más antigua de la medina de Fez. Paseando por las dos callejuelas principales, Talaa Seghira (el pequeño monte) y Talaa Kebira (el gran monte), descubrirá los monumentos que conforman la riqueza de la ciudad. La visita se realiza tradicionalmente pasando por la majestuosa Bab Boujloud, la puerta más imponente y conocida de la medina. A su izquierda, la Talaa Kebira le llevará por los principales monumentos meriníes, hasta la plaza R'Cif. Llegado a ese punto podrá hacer una parada en la madraza Bou Inania, magníficamente conservada, en el mausoleo de Mulay Idrís y en la gran mezquita Qaraouikin. Todo ello, atravesando los grandes lugares de la artesanía fecí, la plaza Nejjarine y Seffarine, el zoco de especias, el zoco de la aleña y las curtidurías Chouwara, que no hay que perderse... También puede iniciar el recorrido desde su hotel, sin que tenga que partir de Bab Boujloud, localizándolo en el mapa y siguiendo los circuitos indicados en la medina. De todos modos, todos los caminos conducen a la famosa puerta Boujloud, un punto de referencia conocido por todos.

Puerta de Bab Boujloud. | ShantiHesse / ISTOCK

Día 2.

Visita a Fès el-Jedid, más reciente que su vecina, al mexuar, al palacio Real, al barrio judío (mellah), a su sinagoga y al cementerio. Por la tarde, vuelta a Fès el-Bali, a través de Douh y Batha, los barrios acomodados de la medina. Repleto de suntuosos palacios, algunos de ellos bien escondidos, esta parte de la ciudad es el lugar de establecimiento de numerosos riads (alojamientos con un patio central). Las calles son un poco más amplias que en el corazón de la medina y es agradable pasear en ellas. Para terminar el día, dé una vuelta por las murallas, en calesa o en taxi, pasando por el Borj Sud y el Borj Nord, los dos fuertes que vigilan la ciudad, para terminar, con la puesta de sol, por las tumbas meriníes, desde donde tendrá una magnífica vista general sobre la medina.

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Día 3.

Día en Mequinez, la más desconocida de las ciudades imperiales, cuya edificación es en su mayoría obra de un sultán megalómano, Muslay Ismaíl, que construyó magníficos monumentos en su honor. Por la mañana, visite la medina, mucho más tranquila que la de Fez; sus zocos, su gran mezquita y el museo Dar Jamaï. Por la tarde, acérquese a la ciudad imperial, al mausoleo de Muslay Ismaíl, la cuenca del Agdal y a las antiguas caballerizas monumentales. Si hay tiempo saliendo de Fez, dé una vuelta por el yacimiento arqueológico de Volúbilis, datado de la época romana. ¡Sería una pena perderse esta visita! Decántese por la carretera nacional para recorrer así el valle del Rif. Los paisajes entre Fez y Mequinez son espléndidos.

FezLa Medina de Fez, en Marruecos, es la parte más antigua de la ciudad. Construida en forma de laberinto es la más grande del mundo y contiene algunos de los edificios más bonitos del país. Perderse entre sus calles es un placer en cualquier momento pero las primeras luces del día la convierten en especial. ¡Muy buenos días! | ISTOCK

Estancia larga

Días 1 y 2.

Programe la visita de Fès el-Bali en dos días en lugar de uno (véase el programa anterior), añadiendo la visita del barrio de los alfareros, situado fuera de las murallas.

Día 3.

Por la mañana, visita a Mulay Idrís, ciudad santa y de alta peregrinación. Por la tarde, visita a Volúbilis, los vestigios arqueológicos romanos más importantes de Marruecos. En medio de las colinas de olivos, se trata de un lugar mágico con ruinas y mosaicos romanos sorprendentemente bien conservados.

Ruinas arqueológicas de Volubilis (Marruecos). | Bruno Morandi

Día 4.

Mequinez, la más desconocida de las ciudades imperiales, fue una obra de un sultán megalómano, Mulay Ismaíl, que para atestiguar su glorioso pasado levantó magníficos edificios. Por la mañana, visite la medina, mucho más tranquila que la de Fez, sus zocos, su gran mezquita y el museo Dar Jamaï. Por la tarde, la ciudad imperial: del mausoleo de Mulay Ismaíl, el embalse del Aguedal y las antiguas caballerizas (o haras) monumentales.

Día 5.

Después de cuatro días en el corazón de las ciudades, una escapada al Atlas Medio le permitirá hacer una pequeña terapia de naturaleza. Nos dirigimos a Azrú para disfrutar de sus agrestes paisajes y, sobre todo, de sus majestuosos bosques de cedros. Luego, regresaremos a Fez cruzando sus estaciones de montaña (evitar hacer el recorrido en invierno). Ifrán y su particular paisaje que recuerda a los Alpes suizos; a pocos kilómetros de allí se puede emprender la bella ruta de los lagos. Terminará el viaje en Imouzzer du Kandar, una estación de montaña muy frecuentada por los fesís, que intentan evitar los fuertes calores del verano en Fez, o en Sefrú, en la llanura del Saïss. De vuelta a Fez al atardecer, antes hay que detenerse cerca de Sefrú para disfrutar del suntuoso paisaje del Atlas Medio y sus cascadas.

La ciudad de Fez está rodeada por una muralla de catorce kilómetros que circunda la Medina. | nonimatge / ISTOCK

Día 6.

Taza y el Parque Natural del macizo del Tazzeka. En el límite entre los macizos del Atlas Medio y el Rif, esta etapa es una agradable excursión lejos de los recorridos turísticos habituales. Podrá visitar Taza, hermosa ciudad olvidada por los turistas, con su medina y murallas que no tienen nada que envidiar a las de otras ciudades marroquíes. Si se atreve, también puede probar la espeleología en la cuevas de Friuato, las más importantes de Marruecos, o refrescarse en las cercanas cataratas. Pero recorrer el macizo del Tazzeka es en sí un bello paseo… aunque es imprescindible disponer de vehículo, ya que si se realiza en transporte público deberá contar con dos o tres días.

Día 7.

Aproveche el último día para profundizar en su conocimiento de la artesanía local y recorra los zocos que ya ha visitado, pero esta vez para disfrutar de las compras y del característico regateo.

Estancias temáticas

Maravillas arquitectónicas

Capital religiosa del reino, Fez ha conocido un período de esplendor muy importante, no solo religioso, sino también político y cultural. Los soberanos que se sucedieron a la cabeza del reino han dado a la ciudad obras arquitectónicas maravillosas, culturales y civiles.
Un paseo por la medina de Fez es un imprescindible para cualquier visita centrada en las joyas arquitectónicas de la urbe. En primer lugar están las puertas de la ciudad, con la majestuosa Bab Boujloud, lugar de encuentro privilegiado, ya que es el punto de acceso más fácil. En lo que respecta a las obras religiosas, los arquitectos y artesanos han dado a la ciudad las mejores escuelas coránicas, las madrazas.

En el panteón de los éxitos estéticos figura la madraza Bou Inania, la más famosa de la ciudad, pero también la madraza Attarine, en el barrio del mismo nombre, o la madraza Sahrij, en el barrio de los andaluces (R'cif). Entre las mezquitas, la más impresionante es la gran mezquita Qaraouyine Idriss, a la que no pueden acceder, desgraciadamente, los no musulmanes, así como la Zaouiya de Mulay Idrís, situada a dos pasos. En cuanto a la esfera privada, los palacios de la medina de Fez, en su mayoría escondidos, son los tesoros que hay que descubrir: el palacio Glaoui, el palacio y el riad Mokri, en el barrio Douh, pero también las residencias de dimensiones más modestas pero igualmente laboriosamente decoradas, como el palacio Mnebhi, Dar Batha o Far Adiyel.

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Mequinez, aunque más pequeña, es espectacular desde el punto de vista de la arquitectura. La Gran Mezquita se alza orgullosa, mientras que la madraza Bou Inania, homónima discreta de su hermana de Fez, sorprende por la belleza de su decoración. Del lado de la ciudad imperial, el mausoleo de Muslay Ismaíl destaca tanto por sus cualidades estéticas como por la intensa espiritualidad que desprende. Es uno de los únicos que permite visitas a los no musulmanes. Cerrado desde 2016, reabrirá en 2018. A dos pasos se encuentra la prisión de los Cristianos y el palacio Real que se extiende al lado del estanque de Agdal y de las impresionantes caballerizas.

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Las ruinas de Volúbilis son una etapa indispensable para los apasionados de la historia y la arquitectura. El lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, nos hace viajar en el tiempo a la época del Imperio romano, entre el siglo II a.C. y el siglo II de nuestra era. Calcule una buena media jornada para disfrutar del emplazamiento y de los paisajes que conducen a las ruinas.”