Róterdam, ¿la ciudad más creativa del mundo?

Dinámica y ultramoderna, la segunda ciudad de los Países Bajos y el mayor puerto de Europa es un laboratorio en constante ebullición de planes de futuro. Un lugar donde la vida se concibe en clave de sostenibilidad.

Noelia Ferreiro
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Foto: CRISTINA CANDEL

Granjas flotantes donde las vacas pastan alegremente sobre las aguas. Un parque reciclado con los plásticos que se lanzan al río y que sirve como un nuevo hábitat para los peces. Un rooftop walk que conecta las azoteas y recorre la ciudad desde las alturas. Róterdam es una enorme galería al aire libre de arquitectura moderna y posmoderna. Un laboratorio de ideas sostenibles que plantea constantemente retos del futuro. 

Casas cúbicas (Kubuswoningen) del arquitecto Piet Bloom | Cristina candel

Anfibia y aerodinámica, vanguardista y experimental, poco se sabe de la segunda ciudad holandesa, eclipsada por el tirón turístico de Ámsterdam. Poco, excepto que esta metrópoli con menos canales, menos edificios de ladrillo visto y mucha más factura contemporánea, es el mayor puerto de Europa. Un destino donde el agua no solo es una fuente de prosperidad, sino también una amenaza: en un país con una cuarta parte del territorio bajo el nivel del mar, el cambio climático anuncia efectos devastadores. 

Rotterdam, Países Bajos
Mikel Díaz de la Cruz, encargado de Hailige Boontjes | CRISTINA CANDEL

Nueva anatomía urbana

En Róterdam lo saben muy bien y por eso el ingenio (e incluso la osadía) ha marcado su reconstrucción desde aquel funesto 14 de mayo del año 1940, en el que, en tan solo 15 minutos, quedó totalmente destruida por los bombardeos nazis de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, el objetivo ha sido alumbrar una nueva anatomía urbana que desafía los embates de las olas y que, al mismo tiempo, gana en verticalidad para solventar la falta de espacio y, ya de paso, la contaminación. 

Rotterdam, Países Bajos
El Markthal, de Rotterdam, en detalle | CRISTINA CANDEL

“En los tejados está el futuro de las ciudades”. Quien así habla es Leon van Geest, artífice de una iniciativa que viene a demostrar que, efectivamente, la clave está en mirar a las alturas. Se trata del Rotterdam Rooftops Days, una suerte de festival que, a lo largo de un mes, acoge decenas de eventos en las azoteas. “Tenemos aquí, sin usar, más de 18 kilómetros cuadrados de solares sobre los edificios. ¿Y si los empleamos como espacios públicos, energía solar, almacenamiento de agua, parques de recreo para los niños y zonas verdes que absorben en calor?

Rotterdam, Países Bajos
Street Poetry | CRISTINA CANDEL

Con un uso innovador de los mismos se puede construir una vida mejor”, explica, para añadir después la gran novedad: una pasarela aérea que conectará todo el centro a través de sus rooftops. Al hilo de este afán por diseñar una ciudad vertical, han proliferado también los tours guiados por las azoteas, a los que se apuntan locales y foráneos. “Su éxito no solo está en ofrecer una perspectiva diferente, sino también en demostrar el papel crucial que tienen estos espacios multifuncionales en las metrópolis resilientes”, señala Ariane Nooteboom, directora de Inside Rotterdam, la empresa que brinda estos recorridos elevados junto a otros que se hacen a pie de calle por los hitos arquitectónicos.

Rotterdam, Países Bajos
Puente Koninginnebrug | CRISTINA CANDEL

Mina de edificios rompedores

Y es que en estos edificios rompedores, en estas piezas de urbanismo futurista, tiene Róterdam su mayor baza. Sobre todo desde hace unos meses, con la reciente apertura de Depot, el primer depósito de arte de acceso público del mundo. Una impresionante construcción con forma de campana invertida, en la que 1.664 espejos proyectan el movimiento de la ciudad. Diseñado por el estudio MVRDV, es el nuevo hito de este ultramoderno paisaje urbano en el que destacan rarezas como el bosque de Casas cúbicas (Kubuswoning), exponentes del estructuralismo arquitectónico; el rascacielos triple de Rem Koolhaas, con sus torres conectadas; y Markthal, un complejo de viviendas en cuyo interior descansa un mercado bajo una colorida bóveda. 

Rotterdam, Países Bajos
Puente peatonal Luchtsingel | CRISTINA CANDEL

“Si hay algo que tiene esta ciudad es una capacidad sorprendente para que pasado y presente se encuentren”, comenta Angel Kwok, ceramista de origen hongkonés que ha visto cumplido su sueño de inaugurar el Hotel Âme, inspirado en la estética japonesa y escandinava. “Hay un espíritu creativo que se respira y que es el que permite que se puedan hacer realidad los proyectos más locos”, añade Bruno Bont, quien también ha ideado en el centro un atípico concepto de alojamiento: se llama Hotel no Hotel, un puñado de habitaciones escondidas entre obras de arte. Será por su necesidad de emerger sobre las propias cenizas o porque la ciudad acoge hoy unas 150 nacionalidades, con el trasvase de culturas que ello implica.

Rotterdam, Países Bajos
Las casas cúbicas de Rotterdam | Cristina Candel

El caso es que en Róterdam todo resulta innovador, abierto. Como si la vida se entendiese de manera underground. Como si hubiera que dar una vuelta de tuerca a lo más básico. Así se aprecia en originales locales como OX, una suerte de speakeasy en el que la localización solo se revela cuando se hace la reserva. Es el lugar en el que uno menos se imaginaría encontrar un fabuloso restaurante donde se reinterpreta la cocina tradicional china con influencias de Malasia. Y donde los platos se riegan con los cócteles de Jacopo Di Domenico, inspirados en el horóscopo oriental. 

Rotterdam, Países Bajos
Edificio de Rotterdam, de Rem Koolhas | CRISTINA CANDEL

Así como esta ciudad no pretende ser la más bella (Keep Rotterdam Ugly es el lema que esgrimen para celebrar su fealdad), tampoco presume de ser perfecta. Por eso existen experimentos como Heilige Boontjes, donde los refrescos son servidos por excriminales. Aquí, en esta antigua estación de policía reconvertida en cafetería, la idea es reinsertar a jóvenes como Mike Díaz de la Cruz, que tuvieron un pasado oscuro. Y tal ha sido el éxito que hasta los calabozos se han reconvertido en habitaciones (con las fotos de los presos incluidas) que se pueden alquilar por Airbnb.