Buenos Aires esencial: sus barrios, el tango, el fútbol, los libros...

La París de América. Buenos Aires, oficialmente la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es la capital de Argentina y para muchos “la París de América” por su espléndida riqueza monumental. Viajamos a la ciudad en la que “no eres tú sino vos”, esa enorme urbe que siempre sorprende al comprobar cómo bulle por su loca afición al fútbol y al tango, su constante creatividad cultural, su sabrosa oferta gastronómica y la singularidad personalidad de cada uno de sus barrios. 

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

Buenos Aires es la otra calle. La que no pisé nunca; es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos; es lo que las fachadas ocultan; es mi enemigo, si lo tengo, es la persona a quien desagradan mis versos...”. Así describe Jorge Luis Borges a su ciudad natal, aupándola en la literatura universal al carácter legendario de la Praga de Kafka o la Lisboa de Pessoa.

Una megalópolis de más de 12 millones de habitantes que cautiva, tal como narraba el gran escritor fallecido en 1 986, por ser la más vibrante y elegante de América del Sur. Sin duda, fascinante por llevar la etiqueta de lo argentino en sus entrañas, por su ambiente, por el diferente carácter de sus barrios y por su variada propuesta cultural.

Avenida de Mayo

Eduardo Grund

No nos equivocamos si el inicio del paseo por la capital bonaerense lo situamos en la Avenida de Mayo. En los inicios del siglo XX esta vía que une la Plaza de Mayo con la Plaza del Congreso asombraba por sus plátanos que daban sombra a los viandantes. Era la calle de los españoles. Allí se habían instalado a mediados del siglo XIX, y todavía hoy se siente ese sello hispánico cuando se recorre a pie por sus preciosos edificios y palacios. En una punta asombra el imponente edificio del Congreso Nacional y la Plaza Dos Congresos, con su Pensador de Rodin siempre presente, y a lo largo de la Vía hasta la Casa Rosada hay una sucesión de bares, cafés y confiterías, como Los 36 Billares o el histórico Café Tortoni, punto de encuentro de celebridades que dejaron aquí su huella.

En este local abierto en el 825 de la Avenida de Mayo se recuerda al propio Borges, a Luigi Pirandello, Federico García Lorca, Julio Cortázar, Arthur Rubinstein o el legendario Carlos Gardel, quien tenía siempre una mesa reservada para él, lejos de la vista de sus admiradores. En esa atmósfera literaria, tomarse un café o un delicioso helado de leche es una tentación a la que no hay que negarse para continuar por esta Gran Vía bonaerense con teatros que reclaman nuestra atención, como el Avenida, sede de compañías españolas, de zarzuela, teatro y ópera, o con hoteles tan famosos como el Castelar, hogar del poeta García Lorca. Su habitación-museo está abierta todos los miércoles a las cinco de la tarde, pero no intenten visitarla en otro momento. Es misión imposible. 

Plaza de Mayo

Eduardo Grund

La vía culmina en la Plaza de Mayo, el lugar que las Madres y las Abuelas de Mayo han hecho universal. Una plaza que, además de exhibir los monumentos más ligados a la historia de Argentina, ha sido epicentro de todas las manifestaciones políticas y sociales, desde el primer paso hacia la independencia en 1810 y la jura de la Constitución de 1860 hasta la rebeldía de ese puñado de mujeres que lucían un pañuelo blanco (aunque su primer símbolo fue un pañal de bebé) para reclamar a sus hijos y nietos ausentes desde 1977. Y todavía lo siguen haciendo cada jueves frente a la Casa Rosada para pedir justicia por sus hijos desaparecidos durante la última dictadura militar en Argentina.

Esa gran casa es la residencia del presidente de la nación, el edificio más fotografiado, con su fachada pintada de rosa y un balcón principal que acompañó a los argentinos en diferentes momentos de su historia: Perón y Evita e incluso Maradona festejando la obtención del Mundial de Fútbol en 1986. Pero la plaza brinda más construcciones históricas al visitante: presidiendo la plaza se erige la Pirámide de Mayo, que conmemora la Revolución de Mayo de 1810, y muy cerca nuestros ojos se centran en el monumento al general Manuel Belgrano, creador de la bandera y héroe de la independencia argentina, o en la catedral metropolitana, que guarda los restos del libertador general San Martín en un precioso mausoleo en mármol de Albert Carriere.

San Telmo

Eduardo Grund

Tomando la calle Defensa desde la Plaza de Mayo, nos encaminamos al Barrio de San Telmo, el más tradicional, en una esquina del sur de la ciudad porteña. Esta zona conserva su imagen antigua, con casas de la época colonial, de una o dos plantas, sus calles empedradas, iglesias, museos, tiendas y, sobre todo, la feria dominical en la plaza de Dorrego, un espacio reservado a los amantes del tango, que bailan en la calle. En este antiguo escenario lucharon las tropas inglesas en 1806 y 1807, y fue, junto con el de Montserrat, la principal zona residencial hasta finales del siglo pasado. Posteriormente se convertiría en alojamiento de los inmigrantes que llegaron masivamente a Buenos Aires a finales del siglo XIX y principios del XX.

En la actualidad son muchos los restaurantes, anticuarios y locales nocturnos que se asoman a sus calles. De visita obligada es el Mercado de San Telmo para probar, por ejemplo, las populares empanadas, justo al lado del otro mercado callejero de la citada plaza Dorrego en el que se pueden encontrar todo tipo de antigüedades y objetos raros, o la farmacia La Estrella (1895), que mantiene su antigua decoración. También en este barrio se levanta la pequeña estatua de Mafalda, sentada en un banco al lado de sus amigos, y sorprende cómo los turistas hacen una larga cola para fotografiarse con esta heroína de Quino, que forma parte del llamado Paseo de la Historieta con otros cómics muy populares en Argentina.

Boca y Caminito

Eduardo Grund

Desde San Telmo queda cerca el barrio de Boca, durante mucho tiempo un arrabal repleto de ranchos y pulperías. A mediados del siglo XIX este puerto que acogía a un riachuelo fue testigo del aumento de barcos y se formó así un barrio marítimo donde se concentraron astilleros, saladeros y depósitos de lana y carbón. Numerosos inmigrantes, sobre todo genoveses, se instalaron en este puerto, en casas de madera y chapa construidas sobre pilotes. Llegaron después pintores, músicos y bohemios, y así creció este pintoresco barrio que hoy recibe a muchos turistas que se atreven, incluso, a bailar el tango y por unos pesos se hacen la clásica foto con la vestimenta clásica de este baile.

El callejón Caminito se ha puesto de moda tras unos años en los que no se recomendaba su visita y ahora es como un museo urbano, repleto de curiosos y locales que llenan sus tascas y tiendas, siempre al son del tango, que desgrana su nostalgia entre los edificios coloreados. Luego la mayoría se desplaza a la Bombonera, el estadio del Boca Juniors, escenario de los primeros éxitos de Diego Armando Maradona, cuya figura aparece en todas las tiendas cercanas, como si se tratara de un dios, en competencia con su heredero, Leo Messi.

moderno Puerto Madero 

Hay otro Buenos Aires, más en consonancia con el siglo XXI, que se sitúa en Puerto Madero. Cien años después de su construcción en la vieja zona portuaria, este barrio abandonado se ha transformado en un área muy sofisticada y elegante, con altos edificios que forman un fotogénico skyline, restaurantes, bares, oficinas de importantes empresas, lujosos hoteles, cotizadas residencias y un casino flotante. Puerto Madero destaca también por su zona peatonal alrededor de los diferentes diques, donde se puede caminar y disfrutar del río, de los parques y sus puentes, como el Puente de la Mujer, el más importante, obra de Santiago Calatrava en 2001, y dos de sus barcos anclados en el puerto: la fragata Sarmiento y la corbeta Uruguay.

Este es, sin duda, un punto ideal para divisar el Buenos Aires más próximo al río desde alguno de sus rascacielos, que hacen pensar en un Manhattan de cristal. El próximo será la Torre Alvear, el edificio que pretende ser no solo el más alto de la ciudad y del país sino también de América del Sur. Esta torre residencial de 235 metros de altura, situada frente al bulevar Azucena Villaflor, se inaugurará a finales de 2019.

Retiro 

Eduardo Grund

Nuestra ruta continúa por el barrio de Retiro para admirar la Torre de los Ingleses y la Estación Retiro Línea Mitre, Monumento Histórico Nacional, que recuerda el pasado ganadero del país y su relación comercial con el Reino Unido. Más adelante, una vuelta en coche puede ser suficiente para echar un vistazo al barrio más elitista de la ciudad, el Barrio de las Embajadas, donde el metro cuadrado construido se cotiza a más de 8.000 dólares, atravesar las instalaciones del Canal 7 de la televisión argentina y, a continuación, realizar una breve parada en la plaza de las Naciones Unidas.

El objetivo es contemplar la Floralis Genérica, o La Flor, el nuevo símbolo del Buenos Aires moderno, que abre sus pétalos todas las mañanas a las ocho y se cierra al atardecer copiando los movimientos de una flor real. El monumento, construido en aluminio y acero cerca del Museo Nacional de Bellas Artes y la Facultad de Derecho, pesa aproximadamente 18 toneladas.

Recoleta y Evita

Eduardo Grund

Espera el barrio de Recoleta, cuyo nombre procede del Convento e Iglesia de los Frailes Recoletos que llegaron a este lugar a principios del siglo XVIII. La zona, elegante y señorial, luce opulentos palacios y mansiones de inspiración francesa, pero su atracción más visitada es el cementerio, uno de los tres más hermosos del mundo, junto al Pere Lachaise de París y el Staglieno de Génova.

Los turistas visitan en este camposanto la tumba de Eva Perón, a doscientos metros de la entrada principal, aunque conviene apuntarse a un tour guiado para descubrir las impresionantes sepulturas de otras personalidades del país. El panteón de Evita abrió en 1 974, cuando sus restos fueron repatriados desde España, y siempre está decorada con flores. Recoleta guarda también otros atractivos, como el citado Museo Nacional de Bellas Artes o la a Basílica de Nuestra Señora del Pilar, de estilo colonial, construida en 1 732, y si la visita se desarrolla en fin de semana o en día festivo, conviene recorrer la Feria de Artesanos, la más grande de Buenos Aires, con más de ochocientos puestos.

Los teatros de corrientes

Disfrutar de la noche de Buenos Aires es una cita obligada por su oferta de milongas, tanguerías, salas de fiestas, bares y, sobre todo, por su impresionante apuesta teatral, la más extensa de Latinoamérica y la cuarta del mundo, con trescientas salas, muchas de ellas en el entorno de la calle Corrientes, la calle que nunca duerme, con sus luminosas marquesinas. Entre sus más de cientos de teatros hay que destacar el histórico Colón, uno de los teatros líricos más importantes del mundo, símbolo, desde hace un siglo, de la ópera, el ballet y las artes escénicas. El recinto se puede visitar todos los días de 9 a 17 horas para intentar descifrar muchos de sus secretos y admirar sus estancias más bellas: el Foyer Principal, la Galería de Bustos y el Salón Dorado, con detalles asombrosos sobre la arquitectura, las escaleras, sus esculturas y los techos.

Ocio en palermo

Eduardo Grund

Otra opción atractiva la descubrimos en el barrio de Palermo, conocido como “el Soho bonaerense”, la zona más trendy de la capital argentina. Es este un barrio de calles arboladas, casas bajas y aceras anchas que nunca descansa. En su intensa vida nocturna no faltan los restaurantes, bares y discotecas donde divertirse y conocer gente nueva. Palermo, el barrio chic, está a la cabeza de esa oferta, con sus tiendas de lujo y de ropa, y librerías que parten desde la plaza Serrano, el punto neurálgico del barrio.

Existe un amplio abanico de alternativas en este Buenos Aires tan poliédrico y tan embaucador. La ciudad puede ser un lugar perfecto para conectar con la vida y obra del Papa Francisco, el “Papa de Flores”, como lo llaman en su barrio natal. Existe un circuito papal por los lugares más destacados de su vida que recorre los barrios de Flores, Monserrat y Balvanera, e incluye la Catedral Metropolitana, porque en este templo el Pontífice ofició misa durante más de veinte años. Y si se prefiere disfrutar de un guiño a la naturaleza, la excursión al Tigre sorprende en cualquier época del año.

Eduardo Grund

El Delta es un paraíso ecológico para desconectar... Barcos de paseo, lanchas deportivas, canoas, avistamiento de aves, tours fotográficos, lunchs en las típicas casas isleñas o simplemente asistir con calma y sosiego a un atardecer desde uno de los muelles sobre el río Paraná que se abre en este punto, a unos 32 kilómetros de Buenos Aires, formando su propio delta y una multitud de canales, arroyos y ríos. La excursión puede concluir comprando en el Puerto de Frutos, un popular mercado al aire libre ubicado entre calles vestidas con los colores de rústicos tejidos, muebles, adornos y accesorios fabricados en caña y mimbre, y degustando deliciosos dulces y mieles caseras.