Siete razones por las que los «fiordos leoneses» están de moda

Uno de los paisajes más asombrosos de España

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Jose Manuel Peral Urbina / ISTOCK

Se conocen popularmente como los «fiordos leoneses» y son uno de los rincones de la geografía española que más están de moda entre los amantes de la naturaleza. Te damos 7 razones que explican su éxito para que te sobren los motivos por los que visitarlos.

Son un espacio natural único

Los «fiordos leoneses» no son fiordos como tal, pues no existe la presencia del mar, pero paisajísticamente las semejanzas son indiscutibles. La gran balsa de agua que forma el embalse de Riaño inunda un espacio natural de vertientes montañosas que representan la antesala de los Picos de Europa. Situados al nordeste de la provincia de León, forman parte de un espacio mágico de la Cordillera Cantábrica amparado por la figura del Parque Regional de los Picos de Europa que, junto con el parque nacional, representan la mayor estructura de roca caliza de toda Europa occidental.

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Es la zona inundada por un pantano más famosa de toda España

La trágica historia de los nueve pueblos que se vieron inundados tras la inauguración del embalse de Riaño, son en la actualidad el ejemplo más célebre de entre todos los que han ocurrido en el territorio de nuestro país. Aquel 31 de diciembre de 1987 marcó un antes y un después en estos valles del norte de León, transformando por completo el paisaje y las vidas de los habitantes de este sector, que fueron agrupados en el nuevo Riaño.

La ruta en barco por los «fiordos leoneses» es espectacular

Desde el pueblo de Riaño parte una ruta en barco que surca las aguas del pantano a través del desfiladero de Bachende, avanzando entre las bellas cumbres que se levantan imponentes maravillándonos. Varios kilómetros de roca caliza y naturaleza que cuentan con tramos realmente increíbles, como el que da paso al valle de Anciles, donde las vistas panorámicas y la presencia de águilas y buitres sobrevolándonos lo convierten en un lugar irrepetible.

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La mejor reserva de vida silvestre de León

Así se define la Montaña de Riaño, la comarca histórica en la que se encuadran los «fiordos leoneses». Un auténtico paraíso natural de hayedos, acebos, robles y otras muchas especies vegetales, donde habitan incontables animales entre los que destacan algunos tan representativas como el oso pardo, el lobo, el buitre, el águila, el quebrantahuesos, el rebeco, el corzo o el urogallo.

Podremos ver bisontes

Entre las muchas especies animales que podemos admirar en el entorno de los «fiordos leoneses» se encuentran los bisontes europeos, introducidos en el valle de Anciles hace unos años. Una típica ruta que intercala la experiencia en barco por las aguas del pantano y la marcha a pie haciendo senderismo por el valle, nos permite disfrutar de esta icónica especie viviendo en libertad.

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Un rico patrimonio histórico-artístico que fue salvado

Ante la inundación de toda la zona, algunos de los monumentos que iban a quedar bajo las aguas se salvaron del olvido y fueron reubicados antes de la inauguración del embalse. Algunos de ellos, de gran valor, como la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario o la Iglesia parroquial de Santa Águeda, forman ya parte del paisaje y nos recuerdan el rico pasado de los pueblos que desaparecieron.

Mientras, el Museo Etnográfico Comarcal de Riaño nos pone en antecedentes y nos muestra cientos de piezas de la vida y costumbres locales.

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Hay miradores de ensueño…

El llamado «Paseo del Recuerdo», que discurre junto al pantano al lado de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, nos regala unas vistas formidables desde el conocido como «banco más bonito de León». Cambiando completamente de perspectiva y subiendo a las alturas, contamos con los espléndidos miradores de «Alto Valcayo» y «Las Hazas», desde donde podemos sobrevolar el pueblo de Riaño con nuestras miradas.

Y para los más atrevidos, qué mejor que ascender hasta el mítico Pico Gilbo, con sus 1679 metros, conocido como el «Cervino leonés» por su esbelta silueta. Una subida asequible que nos ofrecerá la mejor de las recompensas: unas vistas inigualables del embalse y las montañas.