20 hoteles rurales en los que nos gustaría despertar este año

Con la vista ya puesta en los nuevos tiempos que vendrán, muchos viajeros parecen tener claro que los primeros meses del año hay que pasarlos rodeados de naturaleza. Amanecer entre montañas o, quizá, entre dunas puede ser augurio de buena suerte. En todos estos alojamientos la felicidad y la tranquilidad están aseguradas.

Silvia Roba
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Foto: Yumi mini / ISTOCK

Ahora que se estamos empezando el año todos los caminos nos conducen de nuevo a la naturaleza. Sentir el olor a hierba húmeda a primera hora de la mañana o el calor del fuego en cuanto se esconde el sol son planes sencillos que nos pueden reportar altas dosis de felicidad. También, ver de cerca abetos de verdad, como los que se yerguen desafiantes al viento en la Selva de Irati, el gran bosque entre bosques que se extiende entre los valles navarros de Aezkoa y Salazar.

A sus puertas aguarda, para descubrir sus rincones, el Hotel Besaro, una auténtica casa rural de alta montaña. A Maite y Mauri, sus propietarios, les gusta convertirse en cómplices de sus huéspedes y contarles todos los secretos que esconde esta privilegiada zona. Sentados junto a la chimenea surgen cada noche improvisadas tertulias en el salón, muy acogedor, igual que las habitaciones, algunas abuhardilladas. Árboles con los que todos soñamos en Navidad encontrarán quienes visiten el Bòsc de Varicauba, en la Val d’Aran (Lleida), uno de los abetales más extensos de España. Pasear bajo sus esbeltas siluetas está al alcance de quienes se alojen en el Hotel Tierras de Arán (tierrasdearan.com), construido en piedra y madera, con románticas habitaciones dúplex con claraboyas que se abren al cielo y a un más que probable horizonte blanco.

Hotel Tierras de Arán, Lleida | D.R.

También de construcción tradicional es la vieja casona del siglo XVI que hoy es la Posada al Vent, en Coscojuela de Sobrarbe (Huesca). Hasta aquí los clientes vienen a relajarse, a enamorarse y, cómo no, a disfrutar de los Pirineos. Cuenta con seis habitaciones, cada una de ellas con su propia historia, que para eso la casa perteneció al infanzón Sancho Berroy. La estancia El Siestro era la entrada principal; La Cambra, las dependencias del patriarca, y El Minchador, el comedor. El Fogaril era el lugar donde se reunía la familia en torno a la lumbre y La Capiella, el espacio que se abría justo sobre la capilla, a la que tenía acceso directo. Desde ellas se contempla la Peña Montañesa, el castillo, la iglesia románica de Samitier, el pantano de Mediano… ¡Pura paz! El día será redondo ante un plato de ternasco o unas carrilleras de ternera pirenaica al Oporto con naranja y chocolate, dos fijos que nunca fallan en su restaurante.

Posada al Vent, Huesca | Paco Zaragoza

Despedir el año en las montañas es un sueño para muchos viajeros. Para todos ellos, y para quienes desean aislarse un poco del ajetreo urbano en estas fechas, acaba de comenzar su andadura Cielo Astur, en Linares, Proaza (Asturias), paso obligado en el Camín Real de la Mesa, camino de origen prerromano que funcionó en sus tiempos como la prolongación al mar de la Vía de la Plata. Situado junto a una pequeña aldea de poco más de 15 habitantes, este complejo turístico eco-friendly está formado por cabañas de madera, corcho y piedra, muy modernas, al más puro estilo nórdico, con amplios ventanales, bañeras con vistas al valle y generosos porches. Todas son independientes, aunque existen zonas comunes, como el salón social y el restaurante La Cuadrina de Tanislao, con una propuesta medio asturiana medio vanguardista.

Cielo Astur, Asturias | D.R.

Casitas de madera son también las de Cabanas da Ria , tres en total, una de ellas, la suite O Palleiro, con bañera de hidromasaje y techo panorámico para ver las estrellas. ¿Su ubicación? La Costa da Morte (A Coruña), donde hay otras muchas cosas que observar.

Quizá el mar, embravecido en su paso por el fin del mundo, o quizá aves, como el mirlo acuático, la garza real o el halcón peregrino, habituales habitantes de la zona que podremos contemplar gracias a los propietarios de Nidos de Carnota, un alojamiento nada convencional que dispone de su propio Centro de Interpretación para aprender rápidamente cuáles son los mejores puntos para los avistamientos. Bilurico Bailón, Pildora Cincenta y Avelaiona son algunos de los nombres de sus suites, de diferentes capacidades para quien viaje en pareja, con amigos o en familia.

Vaquería Cantaelgallo, Cáceres | D.R.

Situada en el barrio de El Puente, capital y centro neurálgico del Real Valle de Guriezo, muy cerca de Castro Urdiales (Cantabria), Casa de Liz (casadeliz.es) ha tenido muy distintos usos a lo largo de sus más de 200 años. Construida en 1738, ha sido cuadra, saladero, fábrica de embutidos… Pero, a pesar de ello, nunca ha perdido sus principales señas de identidad: muros de piedra, vigas de madera y balcones con soportes de sillería.

Casa del Ocejon, Guadalajara | D.R.

Hoy es un hotel que se divide en cuatro apartamentos rurales, dos de ellos dúplex, con amplias terrazas en su planta superior para disfrutar de las vistas al monte o a la ermita de Las Nieves. Otro valle cántabro, el de Soba, en los límites del Parque Natural de los Collados del Asón, espera a quienes elijan la Casona de Quintana una típica casa montañesa del siglo XVIII, restaurada con mimo por sus propietarios, anticuarios de profesión. Aquí podemos pasar la noche en estancias de estilo rústico. Son El Nogal, El Sauce, El Muérdago… La más especial es la Suite de la Torre, con acceso directo al jardín y terraza privada. Altas cimas, como la Peña Lusa, enmarcan, a través de las ventanas, el mejor de los desayunos a base de zumo de naranja natural, fruta, mermeladas artesanas, bollería hecha en horno de leña y quesos de la región.

Hotel Nabia, Ávila | D.R.

A poco más de una hora de Barcelona, en Rubió, en la comarca de Anoia, famosa por sus cavas, Vila Caelus es “un lugar mágico donde relajar tu alma”. Eso dicen por aquí y seguramente tengan razón. La masía, construida en piedra en el siglo XVIII, conserva parte de su decoración original, tal y como se aprecia en sus cuatro elegantes habitaciones, todas diferentes, muy luminosas.

Can Lluc, Ibiza | Sergio G. Canizares

Desconexión total ofrece, muy cerca de Madrid, el hotel rural Las Rozuelas, en Cercedilla, una casa de piedra rodeada de robles centenarios, pinos y rosales silvestres. Cuenta con ocho habitaciones, entre ellas una suite con vistas a la cara norte del valle de la Fuenfría, con el Mirador de la Reina y las estribaciones de Siete Picos a lo lejos. Los que prefieran aún mayor intimidad, o tengan previsto pasar estas fechas con un grupo de amigos, pueden decantarse por reservar la preciosa Place du Port , una casa rural de alquiler íntegro en Alocén (Guadalajara), en plena Alcarria. Originaria de 1920, fue reconstruida conservando la antigua estructura de piedra, las vigas de madera y la rejería de sus ventanas y balcones. Habrá que echar a suertes quién se aloja en El Capitán, estancia de ambiente marinero, con terraza y un gran jacuzzi. Sin salir de la provincia también podemos reservar entera la Casa del Ocejón, en Majaelrayo, pueblo típico de arquitectura negra, que además cuenta con una casona y un apartamento rural que se alquilan de forma independiente.

Hotel Besaro, Navarra | D.R.

De un entorno excepcional presume el Hotel Nabia , en Candeleda (Ávila), cuyo nombre recuerda a la diosa vettona de los montes y los ríos. Protegido al norte por el pico Almanzor, con el valle del Tiétar extendiéndose más allá de sus puertas, este es el lugar ideal para esperar al nuevo año. Cuenta con 12 habitaciones, tres de ellas suites, concebidas como si fueran casas, con ventanales de madera de castaño por los que se cuela a raudales la luz y chimenea propia, todo un aliciente para el invierno. En la misma localidad, la Quinta San Cayetano, una casa de campo con huerto ecológico con capacidad hasta para 14 personas, es otra opción singular para pasar estos días. También la Vaquería Cantaelgallo, en Jaraíz de la Vera (Cáceres), un conjunto rural formado por casas y habitaciones en las que caben de dos a seis huéspedes. Situada en una finca de seis hectáreas, en un valle de la cara sur de Gredos, es un buen centro de operaciones para recorrer la comarca, visitar el Parque Nacional de Monfragüe, a unos 20 minutos, o perderse por las calles de Plasencia, a poco más de 30 kilómetros.

Mirabó de Valldemossa, Mallorca | D.R.

Ha llegado el momento de pensar en otros colores, como el azul, y recordar que vivir cerca del mar la llegada del nuevo año puede ser la mejor de las experiencias. Mirabó de Valldemossa, en la isla de Mallorca, es un hotel boutique alejado de todo, entre las montañas de la Serra de Tramuntana, en una antigua finca olivarera. Cada una de sus nueve habitaciones tiene carácter propio, aunque siguen una misma línea: aquí las paredes de piedra natural, típicas ma-llorquinas, combinan estupendamente con los suaves colores de los tejidos.

Las Rozuelas, Madrid | D.R.

El archipiélago balear nos tiene preparadas muchas sorpresas. Tal vez las encontremos en Agroturismo Son Vives, en Ferreries, la zona interior más virgen de Menorca, desde donde parten un sinfín de rutas en bicicleta. Dispone de seis habitaciones, incluida una suite con vistas a los bosques y costas, y dos huertos, uno ecológico de verduras y otro de plantas aromáticas. Las habitaciones y villas de Can Lluc, en la Ibiza más rural, cuentan con todo tipo de comodidades para disfrutar de una estancia placentera. Algo necesario después de una completa sesión en su gimnasio acristalado o tras realizar la pequeña ruta que existe dentro de la finca. Un camino para pasear, que comienza en la parte baja del terreno, y va subiendo y adentrándose en el bosque, con vistas a l’Atalaya de Sant Josep y hacia la bahía de San Antonio.

Caserío de Mozaga, Lanzarote | PatriciaGlezCampora

El Caserío de Mozaga es una edificación rural típica canaria de finales del siglo XVIII, en el corazón mismo de la isla de Lanzarote, en los márgenes de la zona vinícola de La Geria, con seis habitaciones y dos suites en las que impera el estilo rústico. Aires muy de la tierra que se respiran también en el Hotel Rural Mahoh, una antigua casa campesina majorera, cuya construcción en piedra volcánica y madera se remonta a principios del siglo XIX. Su nombre es, a su vez, el más antiguo que se conoce de Fuerteventura, palabra guanche que significa “mi tierra, mi país”. Almogrote, quesos artesanos, potaje, papas arrugadas… son algunas de las delicias locales de su restaurante, cien por cien canario. Enclavado en la ladera de la montaña Escanfraga, Villaverde, donde se ubica el hotel, es un escondite rural perfecto, no demasiado lejos de las dunas de Corralejo. Qué suerte comenzar el año ante un mar de arena.

Vila Caelus, Barcelona | Nicolas Photo