San Valentín en el lugar más romántico de América

Cousteau pensaba que el Mar de Cortés era un jardín del edén submarino, un paraíso que aloja cascadas de arena bajo las olas.

Mariano López
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Foto: fallbrook / ISTOCK

Por alguna razón que se esconde entre los misterios que aún guardan los calendarios, el día 14 de febrero está asociado al amor. En los países nórdicos, la tradición sostiene que se trata de una fecha clave en el periodo de celo de los pájaros, mientras que los pueblos del Mediterráneo la vincularon a la fertilidad. En Roma era el tiempo de februa, purificación, la palabra de la que toma su nombre febrero. El santoral cristiano situó la fecha bajo la sobria advocación de un santo romano, San Valentín, que quizá fue obispo, quizá médico, quién sabe, el caso es que su leyenda se extendió y su nombre acompaña ahora a una fiesta que se celebra en gran parte del mundo, sobre todo en América y especialmente en Los Cabos, México, donde se encuentra uno de los más famosos símbolos del amor. Cada San Valentín, la marina de Cabo San Lucas hierve de actividad. Decenas de lanchas, veleros y yates, llenos de turistas, zarpan para ver atardecer junto un arco de piedra creado por la erosión del mar. El arco es el finis terrae de California, el extremo sur de la península, el punto final de una carretera que viene desde Tijuana, atraviesa el desierto y avanza entre los cactus al encuentro con el azul del mar. Es, también, el punto donde se unen el Mar de Cortés y el Océano Pacífico, una roca que parece vigilar la entrada al canal que buscan las ballenas para dar a luz.

Los primeros turistas que llegaron a Los Cabos seguían los pasos de John Wayne, que anclaba en la marina de San Lucas el yate con el que perseguía al marlín azul. El oceanógrafo Jacques Cousteau alejó a los pescadores. Llamó al Mar de Cortésel acuario del mundo”. Pensaba que era un jardín del edén submarino, un paraíso que aloja cascadas de arena bajo las olas y el 35 por ciento de todas las especies marinas del mundo.

Este mes, miles de turistas buscarán un hueco en Los Cabos para ver atardecer el 14 de febrero, en el sitio que creen el más romántico de América. Junto a la roca que llaman El Arco. Frente a la puerta de un mar donde también se enamoran las ballenas.