De Sintra a Cabo Da Roca: una ruta irresistiblemente portuguesa

La escapada ideal para descubrir el cautivador extremo de la Europa continental

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: SeanPavonePhoto / ISTOCK

Parafraseamos la letra de uno de los temas de la cantante de fado portuguesa Dulce Pontes y hablamos en esta ocasión, como hacía ella, de los aires de Portugal. Nos dejamos arrastrar por su sentido metafórico y volvemos a saborear las esencias que siempre nos han cautivado del país vecino.

Lisboa, siempre atrayente y cautivadora, nos ofrece en sus alrededores lugares igualmente fascinantes. El más popular del área metropolitana es sin duda la localidad de Sintra, donde nos garantizamos encontrar algunas de las estampas más bellas del territorio luso. Pero no nos detenemos en este punto y, en esta ocasión, avanzamos hacia el océano Atlántico en busca de uno de los rincones con mejores vistas de la costa del país, el cabo da Roca, el extremo más occidental del territorio continental europeo.

Un paisaje Patrimonio de la Humanidad

Llegamos a Sintra y nos disponemos a adentrarnos en los dominios de un municipio que recoge paisajes inscritos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1995. Sintra es el lugar perfecto para cualquier escapada romántica, pues cuenta con algunos de los monumentos más seductores y pintorescos de todo Portugal.

Palacio Nacional da Pena | Starcevic / ISTOCK

Las diferentes freguesías en las que se divide el municipio contienen en sus límites auténticas maravillas arquitectónicas que se funden con el verdor de la vegetación serrana del Parque Natural Sintra-Cascais. Las más impresionantes y famosas de todas ellas se encuentran en la freguesía de São Pedro de Penaferrim. El Palacio Nacional da Pena es el paradigma del romanticismo decimonónico y la atalaya con mayor encanto de Sintra. Su colorido contrasta con el entorno inundado de jardines y bosques y nos habla de un pasado real que nos ha legado este verdadero capricho de piedra para nuestro deleite.

 Castelo dos Mouros | R.M. Nunes / ISTOCK

Cerca de allí, el Castelo dos Mouros, una antiquísima fortificación amurallada que tuvo durante siglos una utilidad defensiva en la zona, constituye el lugar propicio desde el que obtener unas vistas panorámicas que dejan sin habla, llegando incluso a divisar el océano.

Palacio Nacional de Sintra | greta6 / ISTOCK

Desde allí, recuperamos el camino para volver sobre nuestro recorrido hacia las otras grandes atracciones de Sintra, en la freguesía de São Martinho. En primer lugar, el Palacio Nacional, una residencia real cuya construcción se inició en el siglo XVI y que, conocido como el Palácio da Vila, es toda una referencia del municipio. Por otro lado, y tomando dirección oeste por la N375, llegamos hasta el conjunto más peculiar de la zona, la Quinta da Regaleira, una finca que también consta de un palacio de bella factura, en la que el verdadero atractivo se reserva en sus jardines, donde las especies exóticas de plantas conviven con cascadas, fuentes, grutas y túneles, así como con el célebre pozo de 27 metros conocido como la «torre invertida», una maravilla del ingenio constructivo en forma helicoidal que es otra de las postales más repetidas de toda excursión por los alrededores de Lisboa.

Pozo de la Quinta da Regaleira | PocholoCalapre / ISTOCK

Desde aquí, y en dirección al océano, atravesamos el Parque Nacional Sintra-Cascais en búsqueda de Azóia, nuestra siguiente parada. Esta freguesía del municipio de Leiría es una poco conocida población que, sin embargo, es un pequeño tesoro del legado tradicional portugués, donde los productos artesanales como las cestas de mimbre o los azulejos pintados a mano alcanzan cotas muy elevadas en nuestras expectativas. Además, gracias a sus encantadoras casas rurales, supone un punto perfecto para pernoctar si lo que se desea es pasar algo más de tiempo en esta parte del territorio luso.

Donde la tierra acaba y el mar comienza

Con esta sugerente frase se anticipa la siguiente y última parada de nuestra ruta: el cabo da Roca. Desde Azóia, el punto de partida más usual del que se parte hacia el cabo, nos separan menos de dos kilómetros por carretera. 

Cabo da Roca | Antonello Proietti / ISTOCK

Atrás hemos dejado el verdor del parque natural y nos aproximamos hacia la escarpada costa de esta franja de Portugal, donde se encuentra el accidente geográfico que marca el punto más occidental de la Europa continental – no se tienen en cuenta las islas -. A pesar de que, muy comúnmente, se suele pensar que tiene este honor el cabo Finisterre, este privilegio corresponde, sin embargo, al cabo da Roca. Es más, es posible obtener un diploma que certifica este hecho y acredita que hemos llegado hasta este punto.

Al margen de la curiosidad geográfica, lo cierto es que este lugar sorprende a toda aquella persona que lo conoce por primera vez. Los impresionantes acantilados nos regalan unas amplísimas vistas del océano, mientras que un faro que se eleva 150 metros sobre el nivel de las aguas se suma al bello paisaje natural.

Vistas desde el Cabo da Roca | nitrub / ISTOCK

Las formidables vistas y su orientación hacen de este espacio el escenario perfecto para contemplar atardeceres que enamoran, con el aliciente de saber que somos los últimos en ver acostarse el sol de toda Europa continental. El cabo da Roca es, como ya apuntara el gran poeta portugués Luís Vaz de Camões, «donde la tierra acaba y el mar comienza». Una frase que recoge una lápida acoplada en este punto a una columna de piedra coronada por una cruz blanca.