La República Dominicana más allá de sus playas

Aunque lo más turístico son sus calas y playas, el país posee también un enorme patrimonio histórico y diversos parques naturales.

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Foto: Frizzantine / iStock

Adiós al trabajo. Hola a las vacaciones. Bañada por el mar Caribe, la República Dominicana es uno de los destinos preferidos por los turistas que buscan relax y comodidad rodeados de lujosos resorts, bellos arenales y aguas turquesas. Sus calas y playas, principalmente las del sur del país, se han convertido en  todo un referente para los amantes del turismo de sol y playa. Sin embargo la República Dominicana es mucho más que un bello litoral. Posee un enorme patrimonio histórico (casi desconocido) y una gran variedad de parques naturales donde perderse.

Uno de ellos es el Parque Nacional Submarino La Caleta. Ubicado a unos 20 kilómetros de Santo Domingo, frente al Aeropuerto Internacional de Las Américas, este parque está considerado como el primero en la Republica Dominicana de esta modalidad. Alcanza una profundidad máxima de 180 metros, aunque posee dos niveles más: uno a 10 y el otro a 50 metros. Es también uno de los parques más visitados del país por buceadores tanto nacionales como internacionales, ya que sus aguas cristalinas escoden infinidad de especies entre las que destacan los candiles, los soldados o el pez luna.

En la ruta costera desde Santo Domingo hasta Pedernales (ya en la frontera con Haití) llama la atención el Parque Nacional de Jaragua, la sierra de Bahoruco y el lago Enriquillo. Estos tres enclaves, que poseen gran variedad de microclimas y un alto nivel de endemismo de flora y fauna, componen la única Reserva de la Biosfera de toda la isla. Hasta aquí se acercan cada año miles de observadores de aves de todo el mundo.

Pero, sin duda una de las grandes sorpresas que esconde la República Dominicana se encuentra en plena sabana tropical, en Altos de Chavón. Esta aldea medieval, diseñada por el arquitecto dominicano José Antonio Caro y el italiano Roberto Coppa en 1975, es una réplica de un pueblo del mediterráneo del siglo XVI. Sus empedradas calles albergan talleres artísticos de variadas disciplinas como alfarería, tejido y serigrafía. Entre la amplia oferta cultural y de ocio destacan un paseo por el Museo Arqueológico Nacional, una visita a la iglesia de San Estanislao y un recorrido por el anfiteatro local, con capacidad para 5.000 personas.

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