Calendarios mil por Luis Pancorbo

Que Cervantes y Shakespeare muriesen el mismo día del mismo año tiene gato encerrado, pues en 1582 España adoptó el calendario gregoriano mientras que en Inglaterra siguió en vigor el juliano hasta 1752

Luis Pancorbo

Es más que posible que Cervantes muriese el 23 de abril de 1616; lo que no está tan claro es que William Shakespeare pasase a peor vida el mismo día. Conjeturas al margen, lo cierto es que se ha hecho un hueco el deseo de hermanar a los dos dioses de las letras por coincidir su muerte física en el mismo día del mismo año. Eso, claro está, no puede ser. Eso debe encerrar gato, aunque sea el gato escaldado de la amistad entre España e Inglaterra. Buen tema para un día de abril con o sin llovizna: imaginamos a Felipe II, que es también rey de Inglaterra por María Tudor. Luego se tuerce todo. María murió, a la reina Isabel le encantaban los corsarios de América, y de la amistad entre una isla y una península se pasó a la Armada Invencible, y de ahí a Gibraltar y a Trafalgar.

Tuvo que ser un francés, Víctor Hugo, quien pusiera en marcha la famosa coincidencia: "William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616... Tenía ese día 52 años, pues había nacido el 23 de abril de 1564. Ese mismo día... murió Cervantes, genio de la misma altura" . Gracias sean dadas a un francés imparcial como Víctor Hugo, pero la historia no fue así de simple. Ya en 1582 España había corregido su cómputo del tiempo adoptando el calendario gregoriano. En Inglaterra, por el contrario, el calendario anterior, el juliano, siguió en vigor hasta 1752, cuando se pasaron al gre- goriano no sin sacar de la manga un mes de septiembre con 19 días. Ilusionismo del tiempo, el gran impostor, aunque nada comparado con lo que pasa en Etiopía, el país de los 13 meses de sol. Y es verdad, allí tienen doce meses de 30 días y un mes de cinco días. Algo que uno propondría de aplicación inmediata en España destinando ese pequeño mes a hacer algo sabático, o lo que a cada uno le diese la real gana (como siempre).

El calendario juliano iba atrasado 11 días respecto al gregoriano. Por tanto, Shakespeare no debió fallecer el 23 de abril sino el 4 de mayo de 1616. Según Astrana Marín, fue el 3 de mayo computando 10 días completos, no 10 días y restos de horas. Eso es redondeo, la salsa de los calendarios, dado que el año solar responde a la cifra de 365,242199, ó 365 días y algo menos de un cuarto de día, como contaba con hilaridad Stephen Jay Gould.

El Papa Gregorio XIII, decidido a romper el tiempo, encargó la reforma calendárica a los astrónomos Aloysius Lilio y Cristóbal Clavius, quienes propugnaron que se quitaran del año 1582 nada menos que nueve días, desde el 5 al 14 de octubre. Nueve días maravillosos, secretos, en los que se pudieron imaginar los viajes y ensalmos más jugosos. Uno echa de menos ese tiempo.

Otra cosa, en este abril, es recordar a los dos astros que, si no se apagaron el mismo día del mismo año, poco les faltó. Cervantes fue enterrado el 23 de abril de 1616 en un convento madrileño, pero se perdió el rastro de sus huesos. En cambio, se puede llevar unas rosas a Shakespeare en Stratford-upon-Avon, una villa con casas Tudor y fantásticos entramados de madera. En uno de esos edificios se ubica el restaurante Cobweb, nombre de un personaje de Sueño de una noche de verano. Guardo un buen recuerdo de Guy Pilbeam, dueño de Cobweb, de su mujer, Sandie, y sus hijas, Samantha y Stephanie, dos niñas maravillosas que preferían veranear en España y que tenían pecas y modos parecidos a los de Gwyneth Paltrow. Pero si uno cae en Stratford el 23 de abril, día de San Jorge, no debe perderse la Holy Trinity Church, bella colegiata donde está enterrado Shakespeare. Se alza en la misma ribera del Avon mientras la primavera es un hecho para todos, una belleza suave, sin orgullo ni prejuicio. El sábado, la víspera de San Jorge, hay una procesión encabezada por los alumnos de la Escuela de Gramática Rey Eduardo VI, la misma adonde fue el joven William. El domingo, 23 de abril, aniversario de su muerte, y también el día de su nacimiento, un río de gente lleva flores al autor de ser o no ser. Lo que no sabríamos es en qué tumba de Cervantes depositar unas calas, si bien siempre podríamos recordar en su memoria lo que dijo del sueño, "capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita el hambre, copa que ahuyenta la sed...". Lluvia de abril.