Aeropuertos 2007, por Mariano López

Una compañía israelí ha desarrollado un detector de mentiras para aeropuertos y lo ha probado en el de Moscú. Otra empresa propone dotar a los aviones de microcámaras para captar los movimientos de cada pasajero. Cada vuelo sería un episodio de "gran hermano".

Mariano López

Se lo escuché a Manu Leguineche y hace unas semanas lo leí en un chiste de El Roto: " Ahora que he superado el miedo a volar, me dan pánico los aeropuertos ". Tienen razón. Las nuevas limitaciones al equipaje de mano que se permite subir en los aviones han añadido incomodidades y difi cultades al ya poco placentero proceso de embarcar. Los primeros en levantar la mano para protestar han sido los empresarios de las fi rmas de cosmética establecidas en los aeropuertos. Estiman que las restricciones van a restarles mucho dinero. Las posibles pérdidas pueden compensarse con el benefi cio que dejarán los microenvases y las rápidamente inventadas bolsas transparentes de viaje provistas de pasta de dientes, cremas y colonia, ya preparadas para superar la inspección policial, pero, aun así, se cree que no se podrá evitar una caída del 30 por ciento de las ventas en los productos de belleza.

La prohibición de las cremas ha fastidiado también a los vendedores de productos como el foie gras o el queso de untar. En esto, los franceses han quedado claramente perjudicados y han sido menos hábiles y rápidos que los mallorquines, que han salvado las ensaimadas y la sobrasada. El día que entró en vigor la normativa, los controles del aeropuerto de Palma de Mallorca impidieron el embarque de las ensaimadas rellenas, para pasmo de los turistas y, sobre todo, de los vendedores. Pero dos días después se rectifi có: el comité de seguridad del aeropuerto estimó que la ensaimada no era un producto peligroso, aunque rebosara de cabello de ángel. También se libró la sobrasada, redefi nida, rápidamente, como "reducto cárnico" para evitar que alguien la situara en la tenebrosa categoría de las cremas.

Los inconvenientes que han creado las nuevas normas de seguridad a las tiendas libres de impuestos son una nadería en comparación con el problema económico que supone para los aeropuertos y las aerolíneas. La mayor asociación internacional de líneas aéreas, la IATA, estima que las medidas adicionales de seguridad establecidas en los aeropuertos desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos han supuesto para sus asociados una factura de más de cinco mil millones de euros y afi rma que todo el gasto de las nuevas restricciones debe correr por cuenta de los gobiernos. Los gobiernos, claro está, opinan lo contrario. La polémica la avivan algunos expertos que creen que hay que reformar, a fondo, los sistemas de vigilan- cia aeroportuarios para no ir a remolque de los terroristas. Todos sostienen que se debería abandonar la búsqueda obsesiva de cortauñas y tijeritas y promover la instalación en todos los aeropuertos norteamericanos de nuevos escáneres, más precisos y completos, y detectores de bombas. Pero el gasto estimado para esta operación es tan elevado -casi cinco mil millones de dólares-, que de momento está lejos de las prioridades del gobierno norteamericano durante esta legislatura.

Otras propuestas son más económicas. Una compañía israelí ha desarrollado un detector de mentiras para aeropuertos y lo ha probado en el de Moscú. El detector funciona a partir de un pequeño terminal que debe coger en su mano el pasajero mientras es interrogado por la Policía. Al parecer, no falla y permite a los pasajeros más libertad a la hora de hacer su maleta a cambio de una absoluta fi rmeza moral en sus declaraciones.

El diario británico Sunday Times recogía una idea que iba un poco más lejos: dotar a los aviones de microcámaras que captaran todos los movimientos de cada uno de los pasajeros. El centro de control avisaría al comandante de la nave de cualquier movimiento sospechoso y, automáticamente, varias áreas del avión quedarían aisladas y el pasajero inmovilizado y reducido en su propio asiento. Cada vuelo sería un episodio de Gran Hermano . Todos los viajeros estarían vigilados y, al mismo tiempo, atentos a la televisión. Si alguno cree que esta opción es imposible, por indeseable, me permitirán que no le acompañe en la apuesta.

La última moda en viajes está también relacionada con la seguridad. Euromonitor ha presentado en la World Travel Market de Londres la importancia de una nueva tribu de turistas, en creciente auge. Se trata de los turistas de riesgo, buscadores de " peligros seguros". Son viajeros experimentados, con mucho dinero y poco tiempo, que buscan emociones extremas. Entre sus destinos preferidos se encuentra Afganistán. Para algunos, este tipo de turismo puede resultar extraño y alocado. Pero es cuestión de tiempo. Un par de nuevas restricciones en los controles y veremos cómo los aeropuertos nos dejan listos y preparados para el turismo extremo. No parecemos turistas sino marines después de haber sido entrenados en experiencias intensas, endurecidos por las esperas y la fatiga, y acostumbrados a organizar la maleta, los tránsitos, nuestra vida, con total disciplina. Nos lo llevan diciendo muchos años: todo es por nuestro bien. Y en esta ocasión va a ser verdad. Véase, si no, cómo han salvado la ensaimada.