Ruta de los relojes en la Selva Negra

Un itinerario de casi 320 kilómetros que recorre la Selva Negra a través del arte relojero de la región.

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Foto: 4FR / GETTY

La Ruta Alemana de los Relojes de cuco es un circuito de casi 320 kilómetros que discurre por Villingen-Schwenningen, Triberg, St. Peter, lago Titisee y regresa a Villingen-Schwenningen. Recorriéndola, el visitante podrá descubrir, además de los encantos del paisaje, la historia del tiempo, la de sus artesanos y la de sus vigilantes.

El viaje, que recorre paisajes impresionantes de la Selva Negra y de la meseta de Baar, permite a través de su itinerario seguir las huellas de los famosos relojeros de la región mientras se disfruta del entorno natural y sus pueblos. En Furtwangen, por ejemplo, puede verse el Museo del Reloj; en Rottweil, las ruinas del castillo y la catedral; en St. Peter, el monasterio y las granjas y molinos característicos de la región; en Titsee, el lago que lleva el mismo nombre que el municipio, una de las zonas más visitadas de toda la Selva Negra; y en Vilingen-Schwenningen, su casco antiguo y su catedral.

Además, gran cantidad de fábricas de relojes, talleres y estudios de diseñadores ofrecen al visitante una visión acerca de este oficio centenario que ha caracterizado y continúa caracterizando a la región. La Ruta de los Relojes propone así una visión general acerca de la medición internacional del tiempo, dejando claro, eso sí, la importancia del reloj de cuco como símbolo de la Selva Negra.

Los relojes de cuco más grandes del mundo

El pueblo de Triberg presume de ser la cuna mundial de los relojes de cuco. Paseando por sus tiendas uno se sorprende ante la amplia oferta de relojes disponible. Los precios por adquirir uno de ellos son variables: oscilan entre los 80 euros y los 30.000 euros, estos últimos adornados con joyas de Swarowski,

En Triberg ocurre un fenómeno curioso: dos relojes de cuco compiten por ser los más grandes del mundo. El primero de ellos se ubica en Schonach y ostentó dicho título hasta que construyeron el del Eble Uhren-Park. Ambos relojes, debido a su tamaño y forma, pueden parecer casas a ojos del viajero menos interesado en el tema.

KenWiedemann / ISTOCK

El de Schonach fue construido por Josef Dold y es su propia hija quien hace guía turística. El del Eble Uhren-Park, más grande y en propiedad de un comercio importante del pueblo, supera los 15 metros de altura, las 6 toneladas de peso e incluso ha conseguido entrar en el Libro Guinness de los Récords. Su fabricación duró cinco años y el cuco que asoma al exterior pesa 150 kilos.

A pesar de la fama y prestigio que ostenta la historia relojera de la Selva Negra, todavía hoy no se sabe a ciencia cierta cuándo se fabricaron los primeros relojes. Eso sí, la tradición no ha frenado el progreso y la modernización, pues los mecanismos han ido experimentado numerosos cambios a lo largo del tiempo. Aquí se han fabricado y se siguen confeccionado relojes de ménsula y musicales, en cuadros y enmarcados, de vigilante, relojes de arena y atómicos, de péndulo, despertadores de campana doble, de cocina y otras muchas piezas, pero igualmente se producen unidades con cuarzo moderno y basados en el radiocontrolado.

En casi todos los municipios de la zona existe la posibilidad de visitar una fábrica y poder adquirir alguna ganga. El singular paisaje de las tierras de la Selva Negra, con sus frondosos prados, bosques de intenso color verde, antiguas ciudades, pintorescos pueblos, ancestrales granjas en medio de las llanuras y trajes tradicionales hacen de ella un lugar ideal para combinar naturaleza, tradición y el arte de la relojería.