El museo de espionaje más grande del mundo

Ubicado a pasos de Times Square en Nueva York, el espacio de 5.574 metros cuadrados apuesta por la arquitectura como un elemento clave.

Adrián Lorenzo
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Foto: Spyscape

Meterse en la piel de James Bond, el agente secreto más famoso de todos los tiempos; aprender a detectar, neutralizar y desactivar artefactos explosivos; descifrar códigos matemáticos en el menor tiempo posible; o superar una barrera de seguridad de punteros laser. Todo esto y mucho más es lo que podrán experimentar los viajeros que se acerquen hasta el Spyscape de Nueva York. Considerado como el más grande del mundo en su categoría, se trata de un museo interactivo, dedicado al arte del espionaje y diseñado por el estudio del arquitecto británico David Adjaye.

Ocupa una superficie renovada de 5.574 metros cuadrados y está ubicado en los primeros tres niveles del edificio situado en el 928 de la 8ª Avenida del Midtown Manhattan, a solo dos manzanas del MoMA, uno de los museos de arte moderno más importante del mundo.

Spyscape

Justo antes de empezar la experiencia, los aprendices de súper agente secreto reciben un brazalete con un microchip incorporado que les da acceso a los desafíos. Se aconseja además, llevar ropa oscura para poder mimetizarse mejor en el entorno, ya que este es el color predominante en las siete galerías que componen el Spyscape.

Cada sala está dedicada a una faceta del espionaje, como ataques cibernéticos, piratería, engaños y operaciones del servicio de inteligencia. ¿El objetivo? Descubrir al final de la experiencia que tipo de espía eres y cómo aplicar esas cualidades en la vida diaria.

La travesía se inicia con la II Guerra Mundial. Allí, en la primera sala, el visitante conocerá la historia del matemático Alan Turing y le ayudará a descifrar los códigos secretos nazis, enviados por la Marina alemana a través de la máquina Enigma. El Spyscape también cuenta con un espacio dedicado a Virginia Hall, considerada como una de las mujeres espías más importantes de la época.

Spyscape

Hall, a pesar de tener solo una pierna, colaboró en importantes actividades durante el transcurso de la guerra. De hecho, la propia Gestapo (policía secreta nazi) hizo circular un cartel con su foto y un texto que decía: “Esta mujer que cojea es una de las más valiosas agentes de los aliados en Francia, y debemos encontrarla y destruirla”.

En las siguientes salas, que poseen la misma estética de paneles acústicos grises, acero pulido y luz tenue, los viajeros podrán someterse a una maquina de detección de mentiras, participar en un interrogatorio, superar el túnel de láser Special Ops y desactivar explosivos o cámaras de vigilancia.

Las entradas para visitar el museo del espionaje más grande del mundo se pueden obtener en la su web oficial desde 39 dólares, unos 32 euros.

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