¿Una bodega en el fondo del mar? Sí, la tenemos en el Mediterráneo

Este experimento de la Costa Brava, que también se ha exportado a otros rincones, permite, además, practicar submarinismo enológico

Noelia Ferreiro
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Foto: Cavas Submarinas

El mapa del tesoro marca el punto en la cala Llevadó, en Tossa de Mar, un rincón privilegiado de la Costa Brava. Un descubrimiento que nada tiene que ver con aquellos baúles cargados de doblones de oro y collares de perlas que alimentaron las historias de piratas y bucaneros, siempre al acecho de galeones sumergidos.

Xantana / ISTOCK

Aquí el botín de la profundidades tiene un carácter enológico. Sí, como se lee: el mar esconde vino. Nada menos que centenares de botellas resguardadas en cofres de madera como los de antaño, con su correspondiente candado. Vino que está completando su proceso de maduración bajo las aguas y que brinda, además, a los amantes del submarinismo una experiencia lúdicogastronómica: descender a las profundidades, abrir el baúl y extraer el preciado tesoro para degustarlo en la superficie.

Una idea chilena

Para explicar el origen de la iniciativa, hemos de viajar más lejos. Concretamente a Chile, donde la bodega Viña Casanueva desarrolló un curioso experimento: el de madurar su vino embotellado en el fondo del Pacífico (a 20 metros de profundidad) durante un periodo de un año para el tinto y de seis meses para el blanco. El resultado sorprendió a los expertos: un excelente caldo al que llamaron Cavas Submarinas, con unas características peculiares: un mayor nivel carbónico y un interesante toque marino.

Cavas Submarinas

De aquí la idea se exportó hasta el Mediterráneo, poniendo en marcha una práctica que fue todavía más lejos: la de sumergir en nuestro mar estas botellas y, ya de paso, organizar inmersiones (tanto para para inexpertos como para profesionales) en las que, de la mano de un instructor de buceo, se pueda descender al fondo del mar para degustar estos caldos submarinos.

¿A qué saben estos vinos?

Cuenta los expertos que es la temperatura constante de las aguas (10 o 12º más baja que en una bodega convencional), su luminosidad, su presión y su movimiento causado por las corrientes lo que convierte a estos vinos en más minerales (de hecho tiran al cava), más aromáticos y con menos sensación de aspereza en la lengua.

Cavas Submarinas

Coinciden en ello quienes se han aventurado ya a la búsqueda de estas botellas, que contienen vino de dos clases: un blanco y un tinto reserva. Son botellas con un tapón sintético (ya que el de corcho permitiría que se filtrara el agua) y que, para evitar tentaciones, reposan el lugares secretos del fondo del mar, fuera de las rutas habituales de los submarinistas.

Cavas Submarinas

Al agua patos

Ante éxito de la bodega submarina de Cala Llevadó, otros rincones de nuestra geografía ha desarrollado esta experiencia. Como la bodega Crusoe Treasure, que sumerge sus vinos en el Cantábrico y también permite bucear a su encuentro

Crusoe Treasure

Y es que este tipo de inmersión resulta doblemente interesantes: a la belleza de los fondos marinos se une la recompensa final. Eso sí, los principiantes descienden a 8 metros; los expertos, a 18, las dos profundidades a las que reposan los cofres.

Después, ya en tierra, uno elige si desea beberse el vino in situ, en esa encantadora cala escondida entre rocas y pinos. O por el contrario, si se prefiere llevarlo a casa, guardarlo y mantenerlo para siempre como un tesoro arrancado al mar.