Australia norte, la magia del Outback

En la vasta inmensidad del desierto australiano, la fascinación por la aventura y la naturaleza extrema parece que no deja resquicio para el lujo. Pero esos placeres que disfrutamos sin sentir en entornos previsibles resultan mucho más tentadores si se paladean en coordenadas remotas. Por eso, el Outback, las lindes remotas del Territorio del Norte, despliega su magia para los viajeros que anhelan una visita con menos sudores, más glamour y la misma aventura.

Ana G. Vitienes

Puede un lugar remoto identificarse con cierta clase de lujo? En el Outback australiano, una región fascinante que iguala la superficie de España, Francia e Italia juntas y apenas alcanza los 200.000 habitantes, es posible. De la mano del filme Australia -dirigido en 2008 por Baz Luhrmanss- y los espléndidos paisajes que sirven de marco para el tórrido romance de principios de siglo que protagonizan la pareja de actores australianos Nicole Kidman y Hugh Jackman, el turismo de aventura y los itinerarios especializados que recorren los principales atractivos de los 22 parques nacionales con que cuenta la tierra sagrada de Never, Never (Nunca, Nunca) empieza a incluir en sus propuestas un nuevo concepto: el wild bush luxury, un lujo en la naturaleza remota.

La tierra roja, inhóspita y llena de maravillas naturales que constituye el Northern Territory, considerada hasta ahora el hogar de la cultura aborigen y los hombres rudos, no ha renunciado ni a sus extremas temperaturas ni a la permanente presencia de sus moscas, pero, en determinados lugares va adquiriendo matices distintivos de un lirismo elegante, como es el caso del punto de acceso para los que acuden a contemplar el impresionante monolito del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta.

Uluru parece imponente e indolente, pero esta muela de 3,6 kilómetros de largo, clavada en un brutal desierto de 1.326 kilómetros cuadrados de arena roja, no para. Por la mañana es invadido por cientos de personas pertrechadas con ropa deportiva y cámaras digitales, a la par que rodeado por grupos que realizan tours temáticos sobre la cultura de los snake people y los anangu. Cuando aprieta el calor, algunos se retiran a descansar a los resorts de Yulara, mientras otros prosiguen ruta hacia Kata Tjuta, otro ejemplo de seductora erosión geológica compuesto por 36 formaciones rocosas.

Los más afortunados practican este espíritu de contemplación hedonista desde un glamping o camping de lujo, compuesto por 15 tiendas tan elegantes como un hotel de cinco estrellas estratégicamente situado, desde donde se evitan las colas, el calor y la cercanía de un monolito que cambia de color con la luz. Este establecimiento, Longitude 131º, se declara ecosensitivo y propone una manera diferente de interaccionar con el lugar: paseos en camello, en Harley Davidson o en helicóptero durante el día, observación del atardecer desde una duna privada, visitas nocturnas con expertos en flora y fauna y cena de alta cocina con vinos australianos bajo las estrellas por la noche.

Rodeado de restaurantes rústicos donde los vaqueros locales o jackeroos dan buena cuenta de sus raciones de canguro, buey o cocodrilo, la ciudad de Alice Springs también se rinde a este lujo remoto. Para empezar, este año da la bienvenida al turista recién llegado con un nuevo paseo: el Alice Springs Discovery Walkway. En apenas medio kilómetro entre zonas de sombra y bancos protegidos por la vegetación, su nuevo punto de encuentro proporciona indicaciones útiles sobre lugares para visitar -como el Centro de Reptiles de la calle Stuart y los curiosos meteoritos de Henbury-, muestra una breve historia sobre esta población fundada en el año 1888 -cuyo nombre honra a la esposa del constructor de la línea de telégrafo, lady Alice Todd- y aporta algunas nociones básicas sobre cómo transcurre la vida en el desierto.

La capital del Territorio del Norte, Darwin, con 120.000 habitantes, es la principal población del Outback australiano, y acaso el lugar donde mejor se aprecia este peculiar sentido del lujo made in Outback. Aparte de la proliferación de joyerías de diamantes y ópalos, así como de galerías de arte, la ciudad destila un obvio florecimiento económico que se observa especialmente en la reconstrucción del muelle del Distrito, donde se ultima un centro de convenciones y exposiciones. Pero los visitantes que llegan a Darwin no añoran el confort urbano sino que apenas recalan en la urbe parten en busca de la conexión con la naturaleza que la rodea. Incluso para dormir, la mayoría opta por románticos y exclusivos establecimientos ecológicos como Bamurru Plains, cuya estructura ha sido diseñada para mimetizarse con el entorno. El silbido de los halcones, la risa de la kookaburra de alas azules, el mugido de un búfalo mientras chapotea en las planicies inundadas o decenas de miles de gansos overos cruzando el cielo pueden hacer de despertador cada mañana en la orilla del Mary River, en el límite occidental del Parque Nacional Kakadu. Eso, para empezar...

Los termiteros magnéticos y los termiteros catedral de Litchfield Park, las pinturas rupestres Ubirr, Nourlangie y Nanguluwur, las cascadas de Wangi... la visita a la tierra del famoso Cocodrilo Dundee exige contar con un guía adecuado. El mejor safari del Outback tiene que realizarse de la mano de la compañía experta, aunque exija seis meses de lista de espera. Pero dicen que los recorridos de Sab Lord no tienen comparación. Es el único capaz de conducir a sus invitados hasta el lugar idóneo en el momento en que llegan un grupo de aborígenes que realizan un ritual de iniciación y permitir que lo contemplen los recién llegados, alcanzar el lugar preciso donde los cocodrilos cazan, los halcones se lanzan sobre sus presas, los lagartos de gola están en celo y suceden todos esos acontecimientos en los que parece que la naturaleza se muestra en pleno estado de gracia. Sab, hijo de un cazador de búfalos de Kakadu y crecido en el parque, lo conoce como si fuera la palma de su mano.

Si además es posible conseguir plaza en el Wilderness Hawk Dreaming Camp, un campamento con ocho tiendas privadas situado en el corazón del parque cerca de Ubir, en la tierra aborigen de Hawk Dreamingland, la suerte está echada. Big Bill Neidjie, que falleció en el año 2002 y fue el último de su raza capaz de hablar la lengua gagudju, decidió, antes de morir como representante de la Hawk Dreaming Land o Tierra del Sueño del Halcón, mostrar esta tierra a los que supieran apreciarla. Este es el único lugar donde se puede dormir sin vallas ni multitudes en toda la tierra aborigen del Territorio del Norte. El privilegio de ver amanecer en ese lugar representa quizás el mayor lujo que esconde la naturaleza remota que nos rodea.