Tabernas madrileñas donde disfrutar el laterío

La felicidad cabe en una lata de conservas. Y sabe a mejillones en escabeche, a sardinillas en aceite de oliva. A zamburiñas en salsa de vieira y a navajas a la brasa. Sabe al laterío más irresistible. Y se eleva al cuadrado cuando nos dan la lata con un vermut. Estas son solo algunas de las propuestas conserveras de las que disfrutamos en Madrid.

Yolanda Guirado
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Foto: La Colmada

Nudista

Andres Hdez Zuazo

Vamos a desnudarnos. Fuera corsés. Estamos en Nudista. Toca dejarse llevar. ¿Una recomendación para los que nos desnudamos por primera vez? El caviar de oricios, que llega de Asturias. Sugerencia aceptada. Y acertada. (Más que acertada). Porque quien piense que Nudista es abrir y servir se equivoca. En esta taberna del siglo XXI emplatan todas las propuestas.

Nudista

Puerros, alcachofas, mejillones en escabeche y sardinillas en aceite de oliva. Su origen, conserveras familiares que miman el producto. Los bocadillos de conservas, deliciosos. Pedimos el de anchoas con pimientos del piquillo. Otro acierto. Se nos van los ojos ante un plato de escalibada con pez mantequilla ahumada. Y es que también tienen conservas de vegetales y legumbres. ¿Un plato consistente? Las pochas con rabo de toro o la codorniz desmigada con pimientos del piquillo. Las conservas populares se desnudan aquí. Y para perder la timidez, ¿Qué tal unas gildas?

Augusto Figueroa, 20 y Luchana, 27. Ambos en Madrid.

El Economato

El Economato

La felicidad, en una lata. Entramos en El Economato. Nos gusta porque Elena y Alejandro trabajan con productores locales. De la tierra y el mar llegan estas delicatessen. Conservas viajeras. De Francia o Portugal. Las francesas son como “cocina gourmet en lata”, las portuguesas son perfectas para los que se atreven con el picante. (Que es nuestro caso).

El Economato

Recetas que encontramos aquí en exclusiva. Ostras en vinagreta de albariño, Navajas a la brasa, Caballa al curry con almendras, Sardinas con tapenade de aceitunas negras o Kokotxas de merluza en aceite. A ver quien se resiste… nosotros, no.

Como tampoco nos resistimos a la causa Limeña con sardinas portuguesas picantes. Sus dueños, de Bilbao y Huelva, nos traen los recuerdos de su niñez. De aquellos locales llenos de latas de conservas y embutidos, este guiño a un pasado donde todo sabía muy rico. Belén 5 y Echegaray 16, Madrid. 

Latazo

Pablo G. Sarompas

Una pista, el nombre. Otra, las latas que decoran uno de los laterales. Estamos en la planta de arriba de ese mercado que tantas alegrías gastronómicas nos da. (Para acertarlo, hacen falta pocas pistas.) A la hora del aperitivo, nos dejamos caer por Antón Martín. Hoy, un vermut y los mejillones viajeros. (Que para eso son los favoritos de la casa.)  Estamos en Latazo. 

Pablo G. Sarompas

En una de esas mesas altas que dan al mercado, compartimos unas anchoas donostiarras y unas sardinillas ahumadas. Ofrecen también conservas de Francia y Portugal. Probar las sardinillas teriyaki de origen portugués es indispensable. Esta gastrotienda nos gusta porque le dan su propio toque a las conservas. Porque nos ofrecen un producto siempre artesano. Porque cuidan la procedencia. Porque saben la importancia de los pequeños productores. Y porque pararse en este mercado es siempre un gustazo. Mercado de Antón Martín. Santa Isabel, 5. Madrid

La Colmada

La Colmada

¡Ay aquellos colmados tradicionales! En Malasaña entramos en La Colmada. El azul chillón de la fachada llama la atención. Dentro, esperan las conservas del mar. Para disfrutar con uno de los vinos que ofrecen por copa. ¿O por qué no? Una botella. (A precio de tienda). En la sala verde, las conservas de la tierra y la charcutería. El laterío se disfruta aquí. Y también se lleva (a casa).

La Colmada

Es viernes por la noche. La barra está a reventar. Solo hay que esperar un poco. Con un buen vino, las conversaciones se fusionan con otros grupos. Después de dos rosados, el atún en molho cru nos esperan en la barra. Para la hora del vermut, berberechos, zamburiñas en salsa de vieira o los mejillones gigantes en escabeche. Y para terminar, una de la raciones gourmet: anchoas de Santoña con pimientos del piquillo y caballa con pimientos marinados de la rioja. ¿Por qué elegir si podemos probarlas todas? Y lo que es mejor, a cualquier hora del día. Espíritu Santo 19. Madrid. 

La Tia Feli

La Tía Feli

Chamberí y Las Letras. Las Letras y Chamberí. Tanto monta. Monta tanto. De La Tía Feli disfrutamos en estos dos barrios. Ellos se definen como taberna urbana. La carta de laterío, clásica e imprescindible. Unos berberechos con un vermut, para empezar el aperitivo.  La lata de espárragos, en la barra. Junto a los mejillones. Como en las tiendas de ultramarinos de siempre.

Nos entran por la vista. (La vista no falla nunca. Es buena consejera). El segundo vermut, con unos chipirones rellenos. El concepto de taberna se reinventa en este lugar. Todo gira en una barra muy singular. Viva. Cambiante. Que acoge a todos los que la visitamos y nos resistimos a marchar. Antes de dejarla, unos boquerones en vinagre con patatas fritas. Que para eso estamos en Madrid. Jesús, 4 y Ponzano, 18. Madrid. 

Muy. Placer en conserva

Muy. Placer en conserva

Y porque los placeres llegan de la forma más inesperada, antes de terminar descubrimos una de esas joyas conserveras. Está en la calle Amaniel. Muy. Placer en Conserva es un rincón donde disfrutar del laterío. En el barrio de Conde Duque, unas almejas al natural, unos mejillones en escabeche y unas alcachofas. 

Muy. Placer en conserva

Y para seguir disfrutando de las latas, una tosta suprema de bacalao con tapenade verde. Conservas gourmet. Latas cuadradas, redondas, unas más grandes y otras más pequeñas. Todas con la misma calidad. Cuidando el laterío al máximo. El fresón de Almería con anchoa de Julián del Cantábrico lo dejamos para el final. Prometemos volver. Amaniel, 36. Madrid.