Palacio de las Dueñas. La fuente, Sevilla y el limonero

En una callejuela de Sevilla, muy cerca del Señor de Los Gitanos, uno de esos secretos que esconde la ciudad. Se abre el enorme portalón de la calle Dueñas. Entramos en el Palacio de la familia Alba.

Yolanda Guirado
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Foto: D.R

Jugando en Dueñas

Tenía 8 años cuando dejó aquellos recuerdos de su infancia. Hasta entonces, no entendía su vida sin este palacio. Antonio Machado tuvo la suerte de nacer aquí. O quién sabe, quizá fue el palacio el que tuvo la suerte de ser la cuna de uno de los grandes poetas del sigo XX. Su padre guardaba las cuentas de este edificio, casa de vecinos durante años. Y aquí pasaría parte de su infancia. Entre la fuente y el limonero. Estos recuerdos se amontonarían en su memoria hasta el día de su muerte. 

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Un jardín zen

Ya lo decía Machado: “Es esta luz de Sevilla. Es el palacio donde nací, rumor de fuente”. Y son esas fuentes las que nos llevan a la calma. Como si se tratase de un espacio zen, en el Jardín del Limonero solo se cuela el sonido del agua. Y el de los pájaros que sobrevuelan los jardines del palacio. Parece mentira que estemos en el centro de Sevilla. Eso pensamos cuando nos inundan los aromas frutales. Entonces recordamos esos versos: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero.”

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Dalí y la boda del navegante

Cayetana de Alba amaba Dueñas. Nos cuentan que cuando era una niña, el mayor castigo para ella era no venir aquí a pasar el verano. Ha sido siempre el ojito derecho de la madre del actual duque. Y es historia de la ciudad de Sevilla. Dalí dejó una original dedicatoria en el libro de firmas, Grace Kelly y su familia estuvieron alojados en el edificio. Y hasta el navegante Américo Vespucio se casó aquí. Si Dueñas hablara… Lo mejor es que habla. Y no deja de contarnos cosas.

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La Madrugá del Viernes Santo

Ahora viene la pregunta del millón. ¿Cuál es el mejor momento para visitar Dueñas? Este antiguo convento es un lugar mágico para vivir de verdad la Semana Santa sevillana. En la Madrugá del Viernes Santo, la cofradía de la Hermandad de Los Gitanos pasa por aquí. Al toque de martillo, el Señor se detiene en la puerta del palacio. Al fondo suena una saeta, mientras la Virgen se dirige hacia ese enorme portón. Son esos momentos mágicos que nos regala Sevilla. 

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Entre faralaes y coches de caballos

“Esto no es un museo. Es una casa vivida”. Así se refieren al palacio los que lo conocen bien. Y así se vive en los días de la Feria de Sevilla. El palacio es entonces un ir y venir de invitados. Entre los más sonados, la visita de Jackie Kennedy en 1966. Cayetana se encargó de que la Primera Dama viviera la ciudad como una sevillana más. Hasta vistió de mantilla. Hoy, es habitual ver  a los coches tirados por mulas abandonando Dueñas camino al Real. Mientras, el palacio permanece abierto.

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La cercanía del anfitrión

Nos vamos contagiando de la historia de esta singular casa. De esos frescos del siglo XVI tapados durante años con cal para evitar que se propagara la peste por las paredes. De los tapices. Las esculturas y pinturas. Y mientras recorremos el Salón de la Gitana y descubrimos que Manolo Caracol actuó aquí en varias ocasiones, nos dicen que el Duque de Alba está hoy en Dueñas. Le vemos entonces pasear como un visitante más. Y como es habitual cuando se aloja aquí, se acerca a saludarnos. 

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A la luz del candil

Las noches son un regalo en Dueñas. Cuando cae la tarde, se encienden los candiles. A esa hora organizan visitas guiadas. Es un lujo recorrer la capilla, la biblioteca o el tablao donde bajaba Cayetana a diario a practicar flamenco con su maestro Enrique el Cojo. Descubrir su pasión por la pintura. O pasear bajo la luz de la luna por el Patio del Aceite, donde se guardaban enormes tinajas antaño. Estas visitas son guiadas y son otra forma de entender Dueñas. Y de quererla.

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Un jardín botánico muy andaluz

Si hay algo por lo que reconocemos Dueñas al instante, es por esas buganvillas en rosa fucsia que visten la fachada del palacio. La vegetación abunda aquí. Tanto, que hay más de 7.000 plantas y 117 especies diferentes. Jazmines, hibiscos, rosas, palmeras o ficus. Busca el palo borracho, es el único ejemplar que queda en Sevilla. Y detente entre las enormes macetas y enormes tinajas. Su color va cambiando según la época del año. Como este palacio. Una casa vivida que sigue viviendo. Nada menos que en Sevilla. 

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