Día internacional del chocolate: lugares donde celebrarlo por todo lo alto

Un 13 de septiembre nació el autor de La Fábrica de Chocolate. En VIAJAR celebramos el Día Internacional del chocolate en estos lugares de cuento. Todos tienen algo en común. Se nos hace la boca agua al pensar en ellos.

Yolanda Guirado
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Foto: apomares / ISTOCK

Chök. Barcelona

Chök

Chök es un capricho. De chocolate. Of course. Su nombre tiene aires nórdicos. Nace de la fusión entre las palabras chocolate y cocina. En Chök juegan a sorprender. A jugar. A innovar. A inventar. Todo ello con una base: el chocolate. En su mayoría, belga.

Chök

Ellos se lo pasan bien elaborando cada producto. Desde las cookies a los pasteles. Y esa pasión nos llega al paladar. Cuando lo conocemos, sabemos que no podemos quedarnos con un imprescindible. Que sean tres. (Como mínimo). Probamos el Kronut, las cookies rellenas y las trufas, elaborados a mano a diario. La tentación existe. Y vive en Chök.

Ramelleres, 26. Barcelona.

Chök

Monper.  Reocín

Monper

¿Te imaginas un chocolate de anchoa en el aperitivo? ¿Y de mojito? La historia de Monper se fraguó una noche en el salón de la familia Pérez Montero. Quisieron entonces alimentar los sueños con chocolates de autor. Y lo consiguieron. Siempre artesanalmente. Todo empezó con tres sabores básicos, Blanco, Con Leche y Negro 72%.

Monper

Sabores que pasan de generación en generación. Como el de Merengada. En el primer bocado nos recuerda al arroz con leche de nuestra infancia. Elaborado para las sobremesas más dulces. Como el de café. La revolución llegó con el chocolate de Curry con Kikos. Hasta el mismísimo Willy Wonka alucinaría en este lugar.

Parque Empresarial Besaya. Reocín. Cantabria.

Monper

Flor D´KKo. Madrid

Flor D'Kko

Piensa en la mujer más sexy. Esos tacones rojos son para ella. Sofisticados y muy femeninos. Los descubrimos en una boutique del barrio de Salamanca. Y se comen. Sí. Porque esta tienda tiene obrador propio. Los elaboran aquí mismo. Su aroma a cacao nos sumerge en un viaje sensorial. Por no hablar de los placeres del gusto. Estamos en Flor D'KKO. Una fábrica artesana de chocolates naturales y sin gluten.

Flor D'Kko

Porque el cacao es salud, nos dice Karen. Ella inventó los tacones comestibles más elegantes jamás creados. Aquí cada pieza es única, como la tableta súper food con açai, pipas de calabaza, goji y arándanos rojos. (Sí. Del mismo rojo que esos tacones).

Padilla, 68. Madrid. 

Chocolates Pérez. Alicante

Chocolates Pérez

Villajoyosa es tierra de chocolateros. Un lugar donde la familia Pérez lleva siglos creando pequeños placeres. Chocolates que empezaron a saborearse en 1892. Hoy, la tradición sigue siendo intocable. La cuarta generación no se deja amedrentar por las nuevas tecnologías. Y sigue apostando por elaborar un producto artesano. Como los que ya no quedan.

Chocolates Pérez

A la taza, en polvo, tabletas, turrones, cacahuetes y bombones. Todos de chocolate. Porque en esta fábrica alicantina, los sabores del recuerdo llenan nuestro paladar de aquellas tardes chocolateras. Además de la fábrica, podemos visitar el Museo del Chocolate. Un lugar de visita obligada para nostálgicos. (Como quien te escribe).

Partida Mediases, 1. Villajoyosa. Alicante.

Chocolates Pérez

Charamel. Bilbao

Charamel es una fábrica de momentos. De momentos muy dulces. En su interior, nos llama. Es la más fotografiada. Su forma, imperfectamente perfecta. Como todo lo real. Un símbolo en este local tan coqueto. La Chocolateta es una de las delicias que aquí preparan. Su forma es un pecho femenino. Su sabor, un 70% de cacao.

Charamel

Elaborada con las mejores materias primas y todo el cariño del mundo. Un homenaje a todas las mujeres. Alta repostería para los amantes del chocolate. Una escultura gastronómica creada por la artista plástica Marian Puertas a imagen y semejanza. Cuando volvemos, la buscamos. Y nos alegramos de que siga ahí. Tan real como siempre. 

Jardines Kalea, 2.  Bilbao.

Amatller. Barcelona

jorge boleas

1797. En una irreconocible Barcelona, Gabriel Amatller prepara en su tienda chocolate para los vecinos del barrio. Son las memorias de Amatller. Así empieza la historia de esta chocolatería. Hoy, sus estuches son de coleccionista. Como los chocolates que preparan. (Nos da pena comerlos, pero es que son tan tentadores).

jorge boleas

Flores con naranja, chocolates a la taza, bombones y las clásicas hojas finas de chocolate blanco y fresas que se deshacen en nuestra boca lentamente. Mientras pensamos en el siguiente sabor que nos llevaremos a la boca, intentamos adivinar cuál es nuestro favorito. Difícil. Muy difícil.

Tienen varias tiendas. Entramos en Provenza, 269. Barcelona.

Amatller