Fuerteventura a bocados: la isla a través del paladar

Pescados y quesos majoreros para recordar, caldo de pescado, cabrito, “vieja frita”, tomates de tiscamanita… y por supuesto, papas con mojo 

R. Vega
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Foto: R. Vega

En Casa Marcos, un mayoreo orgulloso de su tierra y de su cocina, se disfrutan platos canarios como el cabrito frito o guisado, las garbanzadas, gofio escaldado, los chips de morena, la vieja frita... y otras recetas recuperadas y actualizadas, como su cecina de cabra majorera, en recuerdo de la antigua tocineta de cabra seca.

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De sus vivencias viajeras recoge ideas y elaboraciones que incorpora a su cocina y así nacen platos como el caviche, un mix de ceviche y carpaccio de langostinos o atún; el Km 41, que es una especie de tajín de pollo; el pollito thaicua con salsa de ostras o los panquitos, bolas de queso majorero rayado y mezclado con panko y fritas. Lo suyo es una cocina canaria actualizada y alegre, con los aromas y las especias de otros mundos. En su carta de vinos destacan los blancos canarios y el Conatus, un tinto de Fuerteventura. Es un restaurante muy especial con buenas vistas, buen servicio y mejor cocina.

Casa Luis está en el corazón de la isla, en el pequeño pueblo de Tiscamanita, y es una deliciosa casa de comidas con auténtica cocina majorera. Carmela es una cocinera autodidacta con una curiosidad infinita y con el duende cocinero dentro del cuerpo. Empezó estudiando las recetas y haciendo experimentos de quito esto y pongo lo otro hasta que conseguía su plato diez; presume de hacer una cocina sencilla y muy casera, la de toda la vida. Luis se encarga de la sala y con su acostumbrada amabilidad se acerca a las mesas y canta la carta.

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Es una carta corta, con unas entradas de ensaladas especiales y papas, sigue con el guiso del día (lunes, lentejas; martes, alubias con verduras... y el viernes, garbanzadas). De segundo hay cabra guisada, cabrito frito, cerdo adobado y atún a la plancha, y termina con un postre casero. Hay que probar el café especial de Luis, con limón, canela, leche condensada, leche evaporada y unas gotas de Licor 43.

El Faro de Cofete es un bar/restaurante sencillo, con una carta corta en la que destacan dos platos: el caldo de pescado y la cabra guisada, además de algunas sugerencias fuera de carta, como el pescado frito, la sopa de pescado con fideos, los mejillones a la plancha... y en días especiales algún guiso de garbanzos o lentejas. De postre, una tarta de queso o una maripepa (galleta y chocolate).

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El caldo de pescado es el mejor de la isla y más que caldo parece caldereta porque es muy denso y apotajadito; se puede hacer con cualquier pescado que no sea azul. Si es blanco y de carne delicada, se cocina con papas pequeñas, y si es blanco y graso, con patatas grandes ya que necesitará más fuego y tiempo de cocción para que la patata y el pescado estén en su punto; se acompaña con un cuenco de gofio (harina de trigo) escaldado con el propio caldo y unos cascos de cebolla remojados en agua con sal y vinagre, como manda la tradición. Nunca reservan mesa, pero Juani sabe que llegar hasta allí es complicado (más de 20 km por una carretera de tierra volcánica, estrecha y llena de curvas) y nunca deja a nadie sin comer. Y la playa de Cofete es espectacular.

Casa Santa María es un proyecto del fotógrafo y diseñador Reiner Loos, un alemán que llegó hace muchos años al bonito pueblo de Betancuria con la idea de quedarse. Compró una vieja casa en la plaza del pueblo para hacer un pequeño hotel con bar y un restaurante gastronómico de cocina creativa.

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Con el tiempo ha comprado y rehabilitado más casas para ampliar el conjunto y hoy cuenta con un pequeño cine/teatro, un museo de artesanía, un museo con aperos de labranza, tiendas de recuerdos, una cafetería en un frondoso jardín para un almuerzo rápido y una taberna con jardín y parrilla. Ha creado distintos espacios con diferentes especialidades gastronómicas donde se come muy bien. Santa María es un gran tesoro en el interior de la isla que hay conocer.

Ralf Johmann es otro alemán que llegó a la isla en el 92 y se instaló en el sur, en la costa este. Antes de llegar a España ejerció de cocinero en diferentes países y de todos guarda buenos recuerdos y buenas recetas. En Marabú se fusiona todo en recetas y elaboraciones con excelentes productos de proximidad que llegan al restaurante en su mejor momento.

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Los pescados (sama, atún, merluza...) son las estrellas de la carta, casi siempre elaborados a la plancha o al vapor; al horno solo por encargo y se hacen enteros. De carnes hay cabrito elaborado a baja temperatura y los cortes clásicos de vaca, solomillo y entrecot. En temporada, las lapas a la plancha con mojo picón son una delicia. Ralf intenta promocionar siempre los vinos de las islas, sobre todo los blancos. El restaurante es una casa rehabilitada con dos acogedoras salas y un jardín. Buena mesa, un entorno agradable y un buen servicio.

La Vaca Azul es el restaurante de Claude, un francés que se rindió al embrujo de la isla y se dedicó a lo que mejor conocía: la restauración. Es un enclave paradisiaco, mirando al mar y al puerto de El Cotillo, donde el mundo marino es el gran protagonista de su carta, con pescado canario que llega todos los días directamente de la lonja.

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Cada pescado lleva su elaboración más adecuada: la cabrilla frita, la vieja a la sal, el mero frito, otros al horno con verdurita y vino blanco, o a la espalda, a la parrilla... Los camareros sugieren su mejor recomendación y lo cocinan como quiera el cliente. Claude tiene muy claro que son un grupo de veinte personas donde él es el capitán; bien sabe que un capitán no puede navegar sin buenos marineros y que un equipo sin una buena dirección no funciona. Es una cocina trabajada a la francesa, pero con producto canario. Es muy recomendable reservar y, si el tiempo no lo impide y es posible, que sea en la terraza.