Perelada: el destino del buen vino, el buen comer... y la buena cultura

Un imponente castillo, una nueva bodega con una arquitectura innovadora, museos irrepetibles y restaurantes deliciosos: el pequeño municipio gerundense es una enorme caja de sorpresas

Antoni Capilla
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Foto: © Perelada

Los pueblos mediterráneos salieron de la barbarie cuando aprendieron a cultivar la viña y el olivo. Al menos eso es lo que pensaba el historiador ateniense Tucídides. De lo que no tenemos ninguna duda es que la cultura del vino llegó al actual Empordà el siglo VI aC, de la mano de los colonos griegos de Rhode (Rosas) i Empórion (Empúries). Desde entonces hasta nuestros días, más de 2.500 años alimentan la historia vitivinícola de esta tierra, ejemplarizada a la perfección por Castell de Perelada, epicentro de un universo en el que se funden la cultura, la gastronomía y la enología.

Tras los griegos, eminentemente comerciales, llegaron los romanos, que se asentaron por todo el Empordà y fundaron un pagus, un pequeño distrito rural habitado por campesinos, en la actual Perelada. Si volvemos a nuestros días, el antiguo pagus está dominado un imponente castillo, construido en el siglo XIV por los vizcondes de Rocabertí para reemplazar una primera fortaleza destruida en 1285 durante la cruzada del rey Felipe III de Francia contra Catalunya. A principios del siglo XX, en 1923, el empresario Miquel Mateu adquirió y reformó el castillo, dándole su aspecto actual.

Nueva bodega de Perelada | © Perelada

Si por fuera el castillo, rodeado por un jardín diseñado por el arquitecto paisajista francobelga François Duvillers en el siglo XIX, es espectacular, por dentro no lo es menos. Su preciosa biblioteca acoge una de las colecciones privadas más importantes del mundo, por las cuales se pasea Alonso Quijano, el caballero de la Mancha, omnipresente con más de un millar de ediciones del Quijote escritas en 33 lenguas. En la biblioteca, sueño de cualquier bibliófilo, tampoco faltan incunables, ejemplares raros de los siglos XVI y XVII, ejecutorias de nobleza, o volúmenes sobre artes decorativas.

El complejo del castillo, que desde 1987 es escenario cada verano del Festival Internacional de Música Castell de Perelada, también acoge el Museo del Vidrio y la Cerámica, con más de 2.500 piezas que recorren desde el Egipto faraónico hasta el siglo XIX, y el Museo del Vino, que ofrece una amplia exposición de 750 objetos que sintetizan una tradición vinícola de más de seis siglos, iniciada por frailes carmelitas, en una de las zonas vitivinícolas más antiguas de la Península Ibérica, en los que Perelada ha producido vinos con identidad, que transmiten historia y paisaje.

© Perelada

Arquitectura que se paladea

Perelada acaba de inaugurar el nuevo edificio de la bodega, altamente sostenible y eficiente a nivel energético (es la primera bodega europea con certificado LEED GOLD de sostenibilidad) y capaz de producir más de dos millones de botellas. La nueva bodega, el sueño de la familia Suqué Mateu, es obra del estudio de arquitectura RCR, fundado en Olot en 1987 por Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, y conocido por su premio Pritzker 2017 (el Nobel de arquitectura), la pureza de su arquitectura y el respeto por el paisaje. Valores que maridan perfectamente con la filosofía de Perelada.

Arquitectónicamente, la nueva bodega es una obra casi invisible que se vive por dentro y transmite la esencia de las 150 hectáreas de viñedos que alumbran los vinos de Perelada. Su interior soterrado es un delicado espacio diáfano sin columnas bañado por numerosos juegos de luz. En la superficie, la obra se complementa con un jardín de plantas autóctonas y con las renovadas instalaciones de la antigua granja del castillo. Aquí se disfruta ahora de la cocina Michelin de Paco Pérez en el gastrobar Celler 1923, donde se pueden degustar los vinos de la casa acompañados de platos inspirados en la cocina ampurdanesa de 1923, año de fundación de la bodega.

© Perelada

La bodega, una de las más bellas e impresionantes de Catalunya, también cuenta con una de las experiencias de enoturismo más completas y exclusivas. La visita a la nueva bodega es casi una experiencia iniciática en una nueva religión, una inmersión en el dionisíaco culto al vino. Una entrada tímida y esquiva, como la de las pirámides egipcias, da paso a un ascensor que desciende al corazón elegante y oscuro de la bodega. Un caída de 10 metros similar a la que viven las uvas, que entran en el recinto por gravedad para preservar al máximo la pureza de sus propiedades.

Allí, bajo tierra, se inicia un sinuoso recorrido visual y sensorial por las cinco fincas en las que el viento, el sol, la arcilla, la arena, los sedimentos, el limo, las gravas y la pizarra dan vida a las más de 70 referencias vinícolas de Perelada. Tras este paseo imaginario de los viñedos de Perelada, se suceden los diferentes espacios de producción: la sala de depósitos de acero en los que produce la magia de la fermentación, la sala de crianza en la que descansan centenares de barricas… o el Templo, donde se ‘cocinan’ las joyas más excepcionales de la bodega.

© Perelada

La propuesta ecoturística de la nueva bodega es excepcional.  Además de las visitas al nuevo edificio diseñado por RCR, también incluye la posibilidad de visitar el conjunto formado por el castillo de Perelada y el monasterio del Carme, ambos del siglo XIV; de hospedarse en el Hotel Peralada Wine Spa & Golf, uno de los mejores de la Costa Brava; o de disfrutar de auténticas experiencias gastronómicas en los restaurantes Castell Peralada (una estrella Michelin), L’Olivera o Shiro by Paco Pérez. En definitiva, Perelada es el destino ideal para una escapada perfecta de fin de semana rodeado de la cultura del vino y cerca de naturaleza imponente del Cap de Creus o de la magia del Teatre Museu Dalí, en Figueres. ¿Quién da más?