Xalapa: una crónica desde "todos los verdes" de México

Patria de los chiles más famosos del mundo y ciudad universitaria, Humboldt la llamó “la ciudad de las flores” y luego fue conocida como “la Atenas veracruzana”. Posee el museo de arqueología regional más importante del país, el mejor lugar para admirar el misterioso legado de los olmecas. Y todos los verdes de México.

Mariano López
 | 
Foto: MattGush / ISTOCK

Todos los matices del verde están en Xalapa y sus alrededores. Los vientos del norte, las lluvias, el calor tropical y la altura de un vecino volcán, el Cofre de Perote, que atrapa la humedad procedente del Golfo de México, explican el fenómeno: la abundancia de árboles, parques, jardines, calles arboladas, lagos artificiales y flores, bellísimas flores. Alexander von Humboldt llamó a Xalapa “la ciudad de las flores”. También podía haberla llamado “la ciudad de las leyendas” si se hubiera parado a escuchar las historias inspiradas en la bruma blanquiazul con la que a veces amanece esta ciudad y en la lluvia que a veces cae al atardecer y tiene un nombre náhuatl: el chipi chipi, las gotas que brillan en la niebla.

Héctor Montes de Oca

Capital del Estado más verde de México, Veracruz, Xalapa celebra estos días el festival de la primavera. Un claro exceso, tan bello como innecesario. La primavera no llega a Xalapa: nació allí y nunca la abandona. Ningún otro lugar del mundo posee el despliegue de verdes que ilumina Xalapa y su región. Dentro del casco urbano se estima que hay 60 metros cuadrados de área verde por vecino, una cantidad sesenta veces superior a la que poseen los habitantes de la Ciudad de México. Fuera del casco urbano, en un radio no superior al que se puede alcanzar en 30 minutos de coche, la galería de verdes comienza con el manto silvestre chapeado por mangos, helechos y tulipanes del cerro Macuiltépec, la montaña de las cinco cumbres, un pequeño volcán dormido situado al norte de la ciudad.

Héctor Montes de Oca

Luego, moviéndose desde el cerro en el sentido de las manecillas del reloj, aparecen los cañaverales de Naolinco, las cascadas de Nace el Agua, los berros junto al Salto del Colorado, los cafetales de Xico y Coatepec, las torrenteras del Pixquiac, los rápidos de Jalcomulco, los bosques de niebla, la planicie y, en el Cerro de Perote, las coníferas. Un abanico natural prodigioso que se despliega en torno a una sola ciudad.

La cultura Olmeca

En esta tierra, siempre verde, de la que es capital y emblema Xalapa, emergió hace más de 3.500 años la primera civilización mesoamericana: la cultura olmeca. Su origen es aún desconocido. Es posible que llegaran navegando desde alguna isla del Pacífico, con un equipaje de símbolos y conocimientos que ya incluía el calendario y el culto al dragón, la serpiente emplumada. Se cree que se organizaron en ciudades-estado en las costas del Golfo de México, donde añadieron a sus antiguas creencias el temor al jaguar, rey de la jungla y de la noche. No usaban la rueda ni tenían animales de carga, lo que añade valor y misterio a su más famoso legado: las gigantescas cabezas de piedra que tallaban, según se cree, para honrar a sus líderes, hijos de los dioses.

El Museo de Antropología de Xalapa es el mejor lugar del mundo para admirar el legado de los olmecas. Posee siete de las 17 cabezas olmecas descubiertas, todas gigantescas, de piedra volcánica, parecida concepción, pero diferente tallado. Exhibe tres mil piezas en un bello edificio en forma de L, recubierto de mármol y cantera, que organiza la exhibición en galerías y patios apergolados con vegetación tropical. La civilización olmeca está representada en varias salas y un patio preliminar donde, además de las famosas cabezas, se puede admirar, entre otras joyas, la escultura del Señor de las limas, representación de un sacerdote que sostiene un niño-dios jaguar tallado en una rara piedra verde conocida como moscovita.

En las salas dedicadas a la cultura totonaca destaca la escultura del dios Xipe Totec, el dios que simbolizaba con su nueva piel superpuesta a la anterior el renacer de la primavera. En otras salas se encuentran las enigmáticas imágenes de las caritas risueñas, típicas de la cultura llamada Remojadas: pequeñas artesanías de figuras infantiles a las que se representa con una amplia sonrisa en su cara, una tradición –la de la amplia sonrisa– que continúa. La última sala, dedicada a la etnología, informa de las diferentes etnias del Estado que conservan sus tradiciones y su idioma prehispánico: nahuas, totonacos, huastecos, popolucas, zapotecos, mixes, mixtecos, chinantecos, otomíes, tepehuanos y mazatecos. Está considerado el museo de arqueología regional más importante de México.

Ignativss / ISTOCK

 

La primera orquesta

Xapala es también conocida en México como “la Atenas veracruzana”. En Xalapa se fundaron la primera escuela normal del país, encargada de la formación de los maestros de escuela; el primer centro de estudios del Estado y la primera orquesta sinfónica. Es una gran ciudad universitaria, cuajada de museos, escuelas, galerías, bibliotecas y cafés, auténticos templos del talento xalapeño. Posee una de las salas de conciertos con mejor acústica del mundo. Su centro histórico contiene más de 350 construcciones de gran valor arquitectónico, entre ellas el Palacio de Gobierno y la Catedral Metropolitana, donde se conservan los restos del santo mexicano llamado San Rafael Guizar y Valencia, el primer obispo hispanoamericano que fue canonizado por el Papa.

Héctor Montes de Oca

Durante el periodo colonial, la ciudad se desarrolló gracias sobre todo a su emplazamiento: un punto de paso obligado en la ruta desde el puerto de Veracruz a la Ciudad de México. Su crecimiento animó a los comerciantes locales a solicitar al rey Felipe V el traslado de las ferias comerciales desde Veracruz a Xalapa, que el monarca concedió en 1720. Durante más de cincuenta años, la concesión de las ferias convirtió a Xalapa en la capital más importante de América, según cronistas como Antonio de Ulloa. Cinco décadas de ferias por las que pasaba todo el movimiento comercial entre España y Veracruz. El establecimiento del libre comercio en la Nueva España acabó con las ferias de Xalapa, pero el lugar ya se había ganado una fama. Su situación y su clima menos húmedo, más saludable que el del puerto de Veracruz, alentó el asentamiento de colonos que levantaban casa en Xalapa después de haber hecho fortuna en Veracruz.

 

Las araucarias

Muchos de aquellos hacendados se interesaron por engalanar su ciudad con un signo del progreso al que solo optaban, entonces, las grandes urbes: los parques. El parque Miguel Hidalgo, más conocido como el parque de Los Berros, fue el primer parque público de ciudad. Cuando se creó, recibió árboles traídos de varios continentes: pomarrosas del Caribe, pirules del Perú, álamos de España, un fresno de Inglaterra y el árbol más representativo de la ciudad: la araucaria.

A: Luis Ayala Alarcon.

Los primeros ejemplares de araucaria se cree que llegaron por mar desde Chile. Eran un regalo del embajador de Chile en México al presidente mexicano Porfirio Díaz. Xalapa conserva ejemplares de aquel regalo y de sus descendientes, un tesoro. Araucarias centenarias que deslumbran en el parque de Los Berros, el parque Juárez, en los atrios de varias iglesias de la ciudad, a un costado del Palacio de Gobierno y frente al Palacio Municipal. Junto con las araucarias no faltan otras especies enormes, desmesuradas, en la infinita lista de parques de la ciudad: el parque Juárez, el Bicentenario, el Natura, el parque Hundido, el paseo de los Lagos, el parque de los Tecajetes –hogar del bosque nublado y de la primera fuente de agua potable de la ciudad–, el parque del Cerro Macuiltépetl, desde el que se aprecian las mejores vistas de la ciudad, y, ya de camino al pueblo cercano de Coatepec, el Jardín Botánico Francisco Javier Clavijero, considerado el mejor de México en vegetación tropical.

En esta tierra siempre verde emergió hace más de 3.500 años la cultura Olmeca, la primera civilización mesoamericana

A la sombra de las araucarias, los ahuehuetes y los laureles, la ciudad invita a pasear por su centro histórico, sus calles aún empedradas, los callejones que separan casas pintadas de tonos rosáceos, naranjas o azul templado. Xalapa es una ciudad verde que viste sus casas con los colores del Caribe y conserva, bajo llave, la paleta privilegiada de grandes maestros. En la Pinacoteca Diego Rivera se exhiben cuadros de don Diego, el genio enamorado del arte que más abunda en Xalapa: el mural. Hay murales por toda la ciudad. Los más bellos se encuentran en el interior del Palacio de Gobierno, entre ellos una obra maestra de Mario Orozco dedicada a la justicia, con el título No condenar, sino liberar.

MattGush / ISTOCK

 

La trilogía de la cocina

Pasear por las calles de Xalapa supone a veces un notable ejercicio físico que explican algunos paisanos con un comprobado refrán: “En Xalapa hay más subidas que bajadas”. El desgaste se compensa con la oferta culinaria. La gastronomía xalapeña refleja la riqueza de productos y recetas que se encontraron y fundieron en el puerto de Veracruz. El maíz se encontró con la caña, el chile con las naranjas, las alubias con los cocos de Guinea.

A: Luis Ayala Alarcon.

La cocina local parte de la trilogía clave de la gastronomía mexicana –maíz, alubias y chile–, con la particularidad de que la calidad de estos tres elementos es superior a la obtenida en otras partes del país gracias a la fertilidad del suelo veracruzano. Luego, el mestizaje y los frutos de la montaña, el trópico y la costa añadieron un vasto festival de pescados, mariscos, frutas tropicales, aceite de oliva, una imaginativa carta de postres y la costumbre de negociar las delicias tradicionales en puestos callejeros.

La oferta se vocea por las esquinas y se presenta sobre huacales, cajones rústicos que hoy se levantan aquí y mañana allí. Se ofrecen jugos de mandarina, mango picado, fresas con miel, granola y yogur, glorias, horchatas y pambazos (bocadillos de pan suave, parecido al mollete). Hay enchiladas con nata, sapitos en salsa roja con longaniza, picaditas, infladitas y gorditas (dos tortitas con frijoles refritos en su interior, crema y queso), todo el universo de excelentes sabores que puede crearse con la más humilde de las bases: la tortilla de maíz.

La gastronomía refleja el amor por la tradición que caracteriza las costumbres de Xalapa y de su Estado. Al veracruzano le gusta su comida y hablar de su comida. A los postres pedirá un torito, un excelso licor local que se prepara con leche evaporada, leche condensada y ron de caña, todo licuado y servido frío, con sabor a cacahuete, guanábana, nanche, jobo o mamey. Delicioso. Y, finalmente, un café. El aroma del café de alta calidad que se produce en la región de Xalapa, especialmente en el pueblo cercano de Coatepec, se percibe continuamente en el aire de la ciudad, entra directo a los sentidos junto con el sonido de los músicos ambulantes. “Mi tierra veracruzana –canta Natalia Lafourcade–, solo quiero tomar café con un poquito de azúcar de caña para ponerme a mover los pies”.

El aroma del café de alta calidad que se produce en la región de Xalapa se percibe en el aire de la ciudad.

Los bailes y la magia

El café, la música y el baile están entrelazados. En las plazas de Xalapa se dedica al menos un día a la semana a bailar con devoción el danzón y el fandango jarochos. La expresión jarocho, probablemente referida en su origen al arte de la pesca con jaras en el río Papaloapan, se aplica a las principales tradiciones de Veracruz, en particular a la música, los trajes típicos y la comida tradicional de las fiestas.

Gogadicta / ISTOCK

En la plazuela del Carbón, junto al fresno que vino de Inglaterra en la década de los 80 del siglo XIX, tríos y mariachis afinan guitarras y violines. Esperan que alguien les contrate para llevar serenatas a domicilio, cantar las mañanitas o tirar del repertorio del veracruzano Agustín Lara con canciones en las que brillan la guitarra y la marimba. También se cuentan historias. Cuchicheos del barrio, las noticias del día y los viejos relatos de misterio que se transmiten en plazas como esta donde antiguamente se reunían los carboneros.

Ignativss / ISTOCK

Xalapa posee una puerta secreta al realismo mágico de México. En el porte de las araucarias, entre las azaleas, en los lavaderos Ruiz Cortines, el puente Xalitic, el callejón de Jesús te ampare o las cascadas de Texolo; en algún lugar preciso o quizá en todos. Xalapa cautiva a los viajeros. Lo lleva haciendo desde hace siglos. Como dice su director general de Turismo, Luis Eduardo Ros, “Xalapa es uno de los mejores lugares del mundo para gastar zapatos”.