Qué ver en Sicilia en verano

La mayor isla del mar Mediterráneo cuenta con un extenso territorio que combina playas, historia, actividades culturales o rutas activas donde el senderismo y la naturaleza son los protagonistas.

Ignacio Romo
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Debido a su gran extensión, para conocer a fondo la isla italiana es recomendable pasar en ella al menos una semana. Una semana en la que el uso de un coche, aunque no imprescindible, si será aconsejable. Lo ideal es recorrerla de forma circular, comenzando en Messina y avanzando en sentido de las agujas del reloj. Sabiendo todo esto ya estamos preparados para adentrarnos en Sicilia. ¡Allá vamos!

Taormina

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El recorrido se inicia en Messina, una ciudad portuaria separada de la península itálica por el homónimo estrecho de Messina, de escasos 3 kilómetros de anchura. A tan solo 50 kilómetros al sur se halla Taormina, el primer gran enclave turístico de Sicilia. La ciudad se ubica sobre el monte Tauro, y de ella hay que destacar sus fabulosas vistas, sus sinuosas calles y, sobre todo, su impresionante teatro griego desde el que puede observarse el volcán Etna, símbolo absoluto de la isla. Próxima a Taormina se encuentra Isola Bella, una pequeña isla que, gracias a su cercanía a la costa, se convierte en península cuando la marea baja, formando así una playa llamativa aunque bastante concurrida.

Catania

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Continuando hacia el sur y siguiendo la línea de la costa se llega hasta Catania, la segunda ciudad más poblada de Sicilia tras Palermo. Catania limita al norte con el monte Etna, y su cercanía al volcán ha causado que a lo largo de la historia la ciudad haya sido destruida hasta siete veces por erupciones volcánicas y terremotos. De Catania destaca el Duomo, la Fontana del Elefante –símbolo de la ciudad– y el mercado del pescado, uno de los más antiguos del mundo y que se desarrolla cada día en el centro de la localidad.

Monte Etna

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Desde Catania, si uno se desvía un poco hacia el interior, llegará hasta el volcán Etna, que con sus más de 3.300 metros de altitud domina e intimida a toda Sicilia. El volcán activo más grande de Europa está ubicado en la zona este de la isla, y se puede visitar a través de excursiones guiadas, pues la actividad del volcán hace que sea peligroso –y también ilegal– visitarlo por cuenta propia. Una subida al monte Etna constituye una de las actividades más interesantes que ofrece la isla italiana.

Siracusa

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De nuevo mirando al mar, y continuando hacia el sur, se llega hasta Siracusa, una de las ciudades más bellas de toda Sicilia. Siracusa cuenta con uno de los patrimonios arqueológicos más interesantes de la isla. La península de Ortigia, antiguo núcleo de la ciudad, conserva geniales edificios barrocos como la Piazza del Duomo, con la catedral y la Iglesia de Santa Lucía, y el templo de Apolo, originario del siglo VI a.C. En Siracusa también se encuentra el parque arqueológico de Neápolis, un recinto que guarda un anfiteatro romano, un espectacular teatro griego y la Oreja de Dionisio, una cueva excavada en piedra caliza que, según cuenta la leyenda, fue utilizada como prisión durante el gobierno de Dionisio I de Siracusa, entre los años 405 y 367 a.C. Además, próxima a la ciudad se encuentra Fontane Bianche, una playa perfecta en la que relajarse tras una intensa jornada de turismo.

Noto y Ragusa

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Ambas ciudades del sureste de Sicilia representan a la perfección lo que fue el barroco en la isla. De Noto hay que visitar plazas como la de Reale, Immacolate, Municipio o la piazza XVI Maggio; la catedral de San Nicolò di Mira; sus numerosas iglesias, como la de San Carlos Borromeo; y sus palacios, entre los que sobresalen los de Nicolaci di Villadorata, Astuto e Impellizzeri. La ciudad de Ragusa, por otra parte, es interesante por el complejo laberinto de casas e iglesias que se forma en su parte alta, en la colina Iblea. Cerca de Noto se halla, por cierto, Calamosche, una de las playas más bellas de Sicilia.

Villa Romana del Casale

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En el interior de la isla, en una zona remota donde nadie esperaría hallar algo interesante, se encuentra esta antigua mansión romana que desde 1997 es Patrimonio de la Humanidad. La villa es famosa por los espectaculares y perfectamente conservados mosaicos que cubren los suelos de la vivienda. Su buen estado de conservación se debe a una inundación, ocurrida en el siglo XII, que cubrió los mosaicos de limo y barro, evitando así su deterioro.

Agrigento

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Siguiendo la ruta en sentido de las agujas del reloj se llega hasta Agrigento, una de las ciudades más visitadas de Sicilia. La localidad es famosa por el Valle de los Templos, el conjunto de templos griegos mejor conservado del mundo fuera de Grecia. En el valle se reúnen una docena templos dóricos, restaurados más tarde por los romanos. Es probable que visitar Agrigento en verano, a pleno sol, pueda convertirse en un sufrimiento más que en un disfrute, pero precisamente por ello existen itinerarios nocturnos por el valle, con los templos iluminados en la oscuridad de la noche. Asimismo, próxima a Agrigento se encuentra la playa de Scala dei Turchi, una playa peculiar por sus formaciones rocosas.

Reserva Natural Zingaro

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Ya en la zona norte se halla la Riserva Naturale Orientata dello Zingaro, un lugar que por suerte aún permanece salvaje en una isla tan poblada y turística como es Sicilia. Zingaro es, en definitiva, un estrecho sendero sobre un acantilado que da al mar y a pequeñas calas de aguas cristalinas y limpias. En total, la reserva ocupa unos diez kilómetros, a lo largo de los cuales el viajero irá encontrando diferentes calas, todas ellas muy apetecibles para darse un baño. Eso sí, es conveniente hacerse con una buena gorra, protección solar y reservas de comida y agua antes de ponerse a caminar.

Palermo

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Al noroeste de la isla se encuentra Palermo, la capital y urbe más poblada de Sicilia. Palermo es una ciudad antigua y decadente, pero a su vez viva y moderna. A lo largo de su historia ha sufrido numerosos terremotos y conflictos (pobreza, paro, mafia), lo que le confiere un carácter especial. El Palacio Normando de Palermo es uno de los lugares más conocidos de la ciudad. El lugar ha sido habitado y reconstruido por árabes, romanos, normandos y cristianos, y en su interior se halla la espectacular Capilla Palatina, decorada con mosaicos y otras obras de arte que forman el mejor ejemplo del estilo árabe-normando-bizantino que marcó Sicilia a lo largo del siglo XII. De Palermo también destaca la catedral y su plaza, las iglesias de Martorana y San Cataldo y el Teatro Massimo, del siglo XIX.

Cefalú

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El viaje por Sicilia llega a su fin con una visita a Cefalú, un pequeño pueblo del norte que combina a la perfección playas con historia. La catedral normanda de Cefalú es el lugar de referencia de la localidad, pero su puerto pesquero y sus largas playas de arena merecen también una visita. Las murallas que protegen la ciudad, colocadas frente al mar, pertenecen al periodo romano. Sin embargo, y pese a éstas, los árabes conquistaron y gobernaron la ciudad hasta el siglo XI, momento en el que los normandos ocuparon Sicilia.