En velero por el Adriático, una aventura viento en popa

Navegando por la costa de Croacia, desde Istria hasta Dubrovnik, en una travesía inolvidable

Noelia Ferreiro
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Foto: calm_eyes / ISTOCK

Maravillas naturales e históricas, una arraigada identidad cultural y más de un millar de islas verdes a las que asomarse con las velas desplegadas sobre todas las gamas del azul.

Croacia es el paraíso de la navegación, el rincón ideal para abordar en velero esta franja enmarañada, en la que se alternan ciudades medievales con aldeas de pescadores y vestigios romanos con monumentos bizantinos.

Istria, Croacia | xbrchx / ISTOCK

Empujados por el viento mistral, esta travesía es una de las más bellas que nos regala el Mare Nostrum: desde Istria hasta Dubrovnik, sin más equipaje que el traje de baño, un arsenal de crema solar y un calzado cerrado de goma, los llamados escarpines, que hasta el más osado agradecerá en sus chapuzones desde rocas afiladas.

Mezcla de culturas

Zarpar desde un laberinto de canales que permiten infinidad de rutas ya invita a adivinar que este viaje, más allá de un prodigio natural, encierra una identidad compleja. Porque este país con forma de boomerang guarda tantos embates de la historia que su personalidad es un cúmulo de civilizaciones que le ha dejado todo un reguero de influencias.

Veli Losinj en la isla de Losinj, en la región de Kvarner. | Ellen Rooney/Robert Harding World Imagery/Corbis

Así, navegando en las inmediaciones de Istria desde un mar que es como una balsa, o serpenteando por las islas Losinj y Cres en el archipiélago de Kvarner, se identifica la pasión italiana, mientras que, más abajo, en Zadar, Sibenik o Trogir perviven los ecos medievales en sus abigarrados centros de piedra. Y en Split, a donde el barco se arrima sorteando las mejores playas, el palacio de Diocleciano es más que una ruina romana: un monumento vivo donde tomar un café enmarcado por paredes milenarias.

DaLiu / ISTOCK

Islas para dar y tomar

A bordo del velero, mientras se avanza rumbo sur, la vida transcurre alejada de las urgencias cotidianas. Hay tiempo para entregarse a un buen libro en el calor de cubierta, alargarse en sobremesas eternas después de un pescado a la parrilla o aguardar a la invasión de las estrellas mientras el sol se cuela en el Adriático.

Hvar | xbrchx / ISTOCK

Cada día depara una nueva sorpresa, como cada travesía alcanza una nueva isla. No existen dos iguales a lo largo de la costa croata. Inhóspitas y deshabitadas, o rodeadas por altos picos entre viñedos y olivares. Desde la apacible Dugi Otok, con sus discretos pueblos; hasta la exuberante Mljet, horadada por lagos esmeralda. También está Hvar, la Ibiza de los Balcanes; y Korcula, que presume de ser el lugar donde nació Marco Polo.

Final triunfal

Con el viento que sopla del norte sobre un mar cálido que llama a nuevos baños, el velero arriba a la marina de Dubrovnik donde habrá que competir con cientos de barcas de motor, botes de pesca y cruceros mastodónticos.

Dubrovnik | Dreamer4787 / ISTOCK

Y es que la gran joya del país es la ciudad recuperada con más fuerza de la barbarie de sus tiempos oscuros (sólo en un día cayeron sobre sus tejados 600 bombas). Totalmente reconstruida, hoy luce como antaño: encajada entre el mar y la montaña, y abrochada por gruesas murallas dentro de las que cohabitan con extrema belleza el ocio, el comercio y la fe.