Urdaibai, un estuario de leyenda y buenas vistas

Urdaibai es Reserva de la Biosfera por la Unesco desde el año 1984. sus valores naturales son los que descubrirá el viajero que se adentre en este espacio cuyo corazón es el río Oka, que nace en el monte Oiz y se transforma en ría al llegar a Mundaka.

Alfredo Merino
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Foto: Rudolf Ernst / ISTOCK

Visto desde las alturas de San Pedro de Atxarre, el mirador más ambicioso de Urdaibai, se contempla a placer como el fondo de la ría se organiza en oleadas de arena entre las que se abre paso el Oka como puede. Ya en la desembocadura, el río hace el último esfuerzo y se remansa en unas marismas que palpitan al ritmo de las mareas. Se ve que tiene envidia del Cantábrico y busca imitarle como puede.

Urdaibai, reserva de la biosfera declarada por la Unesco en el lejano 1984 por sus valores naturales, es para los viajeros que buscan en la visita serena el bálsamo que repara el ánimo de los agobios de la vida corriente. Es cierto que sus principales valores son de índole natural; estamos en uno de los dos humedales cantábricos más destacados, donde recalan miles de aves migratorias. Paraíso por tanto de ornitólogos, pajareros, ecos y demás adictos a lo natural.

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Aparte de espátulas, águilas pescadoras, charranes, halcones, garzas y resto de, se dice pronto, 250 especies de aves que se localizan en Urdaibai, aquí también hay gancho para quienes buscan algo tan simple como absorber la esencia de un paisaje elemental y el gozo de descubrir las costumbres y modos de vida del paisanaje que vive engarzado en sus modales. Mundaka, Elantxobe, Bermeo y el resto de los 22 municipios por los que se extiende esta área natural tienen mucho que decir en esto.

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A Urdaibai hay que venir sin prisas. Diríamos que al mismo ritmo que marcan esas mareas que se adentran curiosas en el estuario. En su intento de ser como antaño, cuando hacían posible que los bateles llegaran hasta la mismísima ciudad de Gernika, hoy deben conformarse con modelar la ría. Con su danza constante e inagotable, cambian a su antojo y sin el menor orden formas, tamaño y disposición de aguas y arenas, en un discurso atávico que es la razón de ser de este espacio. En aquellos tiempos hasta esta ermita anclada en un altozano de Oxinburu subían en procesión las gentes de la mar. No en vano San Pedro es el patrón de los pescadores. Se bendecía la sal que, de regreso a puerto, se esparcía por la cubierta de los barcos, en busca de protección y suerte en la pesca. Ceremonia sincrética con dosis de ritos ancestrales, cristianismo y el sufrimiento que siempre navega con la marinería.

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De ermita a ermita, un salto hasta la otra orilla de la ría nos lleva a la ermita de Santa Catalina. Encaramada en los acantilados de Mundaka, tiene más vocación marinera que San Pedro Atxarre. Aunque se construyó de espaldas al Cantábrico, tal vez para recordar a los mundakarras que estaba allí, en lo alto del pueblo, su única nave apunta directa al mar. A Ízaro, la isla mítica. A pesar de distinguirse por su aspecto abrupto y acantilado, la costa de Urdaibai acoge una docena de playas, por lo que también aquí es posible practicar un veraneo clásico. La mayoría son íntimas y escondidas, como es el caso de la de Azalena-Hondartza, o la de Hondartzape, en Mundaka, tan mínima, que desaparece al subir la marea. Pero en Urdaibai hay que volver a los acantilados. Y en ellos, de nuevo otro templo. Hablamos de Gaztelugatxe.

El islote se levanta enfrente de la porción más abrupta del litoral, donde las olas muerden los rompientes y tallan en la roca una compleja teoría de arcos, túneles, derrumbes, islas y arrecifes que despiertan el entusiasmo. Sobre todos destaca Gaztelugatxe. Su nombre eusquera, Castillo en la roca, da pistas de su pasado. En la cima de este peñón se alzó un castillo del reino de Navarra que resistió el asedio de las tropas castellanas. Idéntica resistencia que la que muestra el islote frente al asedio del mar.

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San Juan de Gaztelugatxe

En la cumbre se alza una ermita consagrada a San Juan, a la que se accede por un camino que tiene mucho de iniciático. Un puente de dos arcos une el islote con tierra firme. Empalma con una escalera de nada menos que 241 escalones. Raro es quien no los cuenta al subir. Tanto como el que no se para en cada una de las curvas y cruces del vía crucis que se reparten la subida para contemplar el panorama y hacerse un selfie. Hay quien incluso descubre la huella que asegura la tradición imprimió en el suelo el propio San Juan Bautista.

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La belleza salvaje del lugar y su halo místico son imán irresistible para turistas, que llegan en oleadas tan impetuosas como las del Cantábrico. Para evitar que Gaztelugatxe sea uno de esos sitios que muere de éxito, se ha impuesto un riguroso régimen de visitas, acentuado por la pandemia de covid. Así, es obligada la reserva previa y dejar el coche en los aparcamientos en lo alto de los acantilados, por lo que hay que bajar y, lo que es peor, en el regreso subir a pie por otra ruta diferente para evitar los contactos, en una caminata de 3,5 kilómetros.

Destino pionero en el País Vasco

La ría de Urdaibai en Vizcaya/Bizkaia la componen un conjunto de acantilados, montañas, playas, ríos y aguas subterráneas, que ofrecen un espectacular paisaje lleno de vida animal y vida humana. En el año 1984 la Unesco integró 22.000 hectáreas de Urdaibai en su programa MaB, a través de su declaración como reserva de la biosfera con el objetivo de armonizar la conservación de la diversidad biológica, el patrimonio, la cultura, el desarrollo económico y la relación de las personas con su entorno. Recientemente se ha iniciado el proceso de adhesión de la reserva a la Carta Europea de Turismo Sostenible (CETS ) con el objetivo de acreditarse como el primer destino de Euskadi con un reconocimiento europeo en materia de turismo sostenible. Esta Carta pertenece a la Federación EUROPARC , organización formada por instituciones gestoras de espacios protegidos de Europa, y ha sido elaborada por un grupo constituido por representantes europeos de estos espacios y del sector turístico. Tiene como objetivo global promover el desarrollo del turismo en clave de sostenibilidad con un método y un compromiso voluntario para aplicar los principios del turismo sostenible orientando a los gestores de los territorios y a las empresas que apuestan por la sostenibilidad. Entre los beneficios de esta acreditación, destacan la distinción en Europa como territorio de excelencia en materia de turismo sostenible, el impulso a un desarrollo socioeconómico equilibrado y el desarrollo de productos turísticos de calidad, auténticos y coherentes con su entorno.