Toledo, ahora también en versión moderna

Con la apertura de un nuevo museo de arte contemporáneo, la ciudad completa la pieza que le faltaba a su recorrido histórico

Noelia Ferreiro
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Foto: JoseIgnacioSoto / ISTOCK

Es, todo el mundo lo sabe, la ciudad de las tres culturas, aquella que quedó dibujada con el influjo de musulmanes, judíos y cristianos, que plasmaron su sabiduría a lo largo de los siglos, anticipando así el concepto de la multiculturalidad en los albores de la Edad Media. Pero antes de ellos, otras civilizaciones habían dejado su huella: el paso primigenio de los celtíberos, la majestuosa herencia de los romanos, la riqueza arquitectónica de los visigodos. 

SeanPavonePhoto / ISTOCK

Toledo está levantada a capas, moldeada por las civilizaciones que ha acogido en su seno. Y esto se refleja en sus museos, que atesoran la memoria de la ciudad. En ellos puede leerse la historia a través de su patrimonio. Empezando por el Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda, en la iglesia de San Román, donde se aprecia los vestigios de la antigua capital de este reino. Continuando por el Museo Sefardí, en la Sinagoga del Tránsito, donde se emprende un itinerario por la historia judía. Y sin olvidar el Museo Taller del Moro, en un palacio mudéjar, que alberga muestras de los siglos XIV y XV. 

Iglesia de San Román. | EmDee / Wikimedia Commons

El Greco, claro

El recorrido por la trayectoria de esta urbe no debe dejar pasar, por supuesto, el Museo de El Greco, imprescindible en toda visita. Y es que el artista cretense es mucho más que el hijo adoptivo de la ciudad, cuyo perfil plasmó en el cuadro Vista y plano de Toledo. Esta y otras muchas obras las podemos contemplar en este centro, que recrea una casa de la época, aunque para ver el más famoso de sus lienzos, El entierro del conde Orgaz, tendremos que acercarnos a la parroquia de Santo Tomé. 

Museo de El Greco. | http://museodelgreco.mcu.es/

Más allá de sus museos de siempre, la capital de Castilla La Mancha, hasta hace muy poco, acusaba un importante vacío: el que discurre entre los siglos XIX y XXI. Es decir, el del arte moderno y contemporáneo. Algo que ya ha subsanado con creces. Con la apertura, el pasado año, de la Colección Roberto Polo, la ciudad ha entrado en la modernidad. Toledo, ahora sí, exhibe la ecuación perfecta entre pasado, presente y futuro.

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El ciclo se cierra

Era la pieza que le faltaba a su árbol genealógico y con la que cierra el ciclo de su imponente legado. Una colección privilegiada que incluye a Karl Schmidt-Rottluff, László Moholy-Nagy, Oskar Schlemmer, Man Ray, Kandinsky, Delacroix… y así hasta cerca de 500 obras de las vanguardias históricas del norte, centro y este de Europa y de Estados Unidos, algunas de ellas nada representadas en España.

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Renombrada como Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha, la Colección Roberto Polo se aloja en el convento de Santa Fe, en pleno casco histórico. Un edificio del siglo XIII que domina la vega del Tajo y que, en el diálogo de sus elementos arquitectónicos (la muralla islámica, un palacio taifa…) con las obras de arte contemporáneas, ofrece también un recorrido perfecto por la historia de Toledo.

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Museo al aire libre

El arte que dibujan las tres culturas descansa en los interiores solemnes, de los que también aconsejamos visitar la desconocida Casa del Temple, del siglo XI, que es uno de los edificios civiles más antiguos que se conocen, anterior a la Alhambra de Granada. 

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Pero es en el exterior, paseando entre sus callejuelas, cuando la ciudad se percibe como un museo a cielo abierto. Sobre todo si la contemplamos desde el Mirador del Valle, con la imponente silueta del Alcázar y el fluir del Tajo a los pies, o desde las torres de la Iglesia de los Jesuitas, con fantásticas vistas sobre los tejados. La ciudad entonces se desvelará majestuosa. Como dijo Cervantes: “Toledo, solar hispano, crisol de la raza íbera. Dichoso aquel que naciera español y toledano”.