Por tierras del Matarraña, tierra de frontera

Del poder del agua y del sabor del arte saben mucho en tierras del Matarraña. Esta olvidada frontera es tan hermosa como exuberante. Es la auténtica Toscana española por descubrir.

Irene González
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Foto: Jose Luis Mieza Photography / photo on flickr

La ribera del río Matarraña, olvidada y perdida en una esquina fronteriza entre Teruel, Zaragoza y Tarragona, tiene un encanto que jamás hubieras imaginado. Entre enormes planicies de olivos y laderas de encinas, almendros, vides y pinos, andan salpicados pueblos que atesoran arcadas, lonjas y soportales. Son villas donde se rompe la hora a ritmo de atronadores tambores, con aires góticos y renacentistas. Las tierras de Matarraña atesoran impresionantes monumentos, tradiciones ancestrales y un aire medieval que transporta a otra época. El río Matarraña, que da nombre a la comarca, brota en los puertos de Beceite, en el límite entre Tarragona y Teruel. Su nacimiento, entre formaciones calcáreas, es espectacular.

A medida que atraviesa tierras llanas, compone un paisaje tan bello y diferente, tan bello, que en nada tiene que envidiar a los de cualquier parte del mundo. Podría decirse que es nuestra Toscana española, pero más armónica si cabe.

Este río enlaza pueblos con magníficos cascos urbanos  e increíbles conjuntos monumentales. Calaceite, Cretas, Valderrobres, Beceite, Monroyo, Ráfales y La Fresneda desbordan sosiego y encanto. En ellos, es como si el tiempo se hubiera detenido.  Ninguno de ellos ha cambiado demasiado en los últimos siglos. Por ello tienen una atractivo excepcional. Sus potentes yacimientos íberos, también muestran la vida de sus ancestros. 

Durante la Edad Media los monjes guerreros del Temple y de Calatrava administraron estas tierras y, con el tiempo, el reparto entre las órdenes religiosas marcó una línea divisoria que supuso la separación entre Aragón y Cataluña. Aquí, los pobladores musulmanes fueron segregados a extramuros de los pueblos, mientras los colonos de tierras leridanas repoblaron la comarca. La potencia del Matarraña también se refleja en su gastronomía. De las tierras fértiles bañadas por el río y sus afluentes, surgen trufas negras y robellones. Aquí crecen olivos con un excelente aceite, y sus campos están poblados de cerdos y corderos, origen de excelentes jamones. Ternasco asado, perdiz escabechada y arroz con conejo son deliciosos.