Southwark, el barrio de Londres que debes conocer

En estas calles donde hoy hierven las últimas tendencias Shakespeare eligió vivir para estar más cerca de The Globe y Dickens situó a sus personajes

Noelia Ferreiro
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El pulso renovador que protagoniza la capital británica tuvo su germen en este barrio de la ribera sur del Támesis al que tiempo atrás nadie osaba a plantar el pie. Una zona fea y degradada a la que un buen día tocó la varita mágica de la modernidad para ya nunca volver a ser lo que era. 

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Tuvo que llegar, eso sí, la Tate Modern a este rincón olvidado de Londres para que el Southwark, por fin, contemplara su propio renacer. De esto hace ya más de dos décadas, cuando aquel coloso de ladrillo que había sido una central eléctrica reapareció reciclado en un impactante museo de arte moderno que enseguida se convertiría en uno de los más visitados del mundo. La Tate, con su carismática arquitectura de turbinas, no sólo supuso un hito para el diseño y la cultura, sino que fue, además, el empuje que le hacía falta a este distrito. De repente volvía a ser cool vivir en estas calles desoladas.

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Reciclando almacenes

El Southwark es un ejemplo clarísimo de esa tendencia tan imitada por las grandes metrópolis y que consiste en añadir nuevas facturas arquitectónicas a los edificios más tradicionales. Así, de la noche a la mañana, el barrio que había presenciado los tejemanejes oscuros de una vida portuaria y nocturna comenzó a verse revestido de un aura de lo más cosmopolita. Viejos almacenes fueron reconvertidos en espaciosas galerías de arte dispuestas a acoger lo más puntero. Bares y restaurantes chic se instalaron a la vera del muelle, justo donde antes tenía lugar la carga y descarga de mercancías. Y por supuesto, se crearon lujosos y llamativos apartamentos, de esos que sólo puede permitirse la bohemia más acaudalada

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Claro que antes había sido necesario dar conexión a esta zona con aquella otra que se asienta en la margen opuesta del río: la de la City londinense, el distrito financiero y de negocios que rodea la catedral de St. Paul. Y para ello, precisamente, se había creado el Puente del Millennium, que además de augurar el paso diario de incalculables masas de personas, facilitaba una de las imágenes más fotogénicas de Londres: la de la cúpula blanca del templo, enmarcada por los soportes de acero. 

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Pasado turbio

Pese a su accidentada inauguración —la avalancha de 90.000 personas provocó serias vibraciones— el puente es hoy la principal conexión con el nuevo rostro de este área. Pero las raíces del barrio hay que buscarlas más lejos. El Southwark se jacta de ser, si no el arrabal más auténtico, sí el que albergó —y aún alberga— el mercado más antiguo de la ciudad, aquel que ya abastecía a los vecinos en los remotos tiempos del Imperio Romano. Fue precisamente este trasiego comercial que le ha caracterizado siempre el que también trajo consigo una reputación no muy limpia.

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Hace siglos, el desfile de mercaderes de toda Europa, que aprovechaban su estancia en la capital para frecuentar tabernas de mala muerte, provocó no pocos altercados fruto de esa temeraria costumbre de combinar alcohol y negocios. Incluso cuentan antiguos reportes policiales, tal vez con algo de exageración, que a menudo la sangre corría por estas callejuelas como consecuencia de la ebriedad marinera.

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Lo cierto es que el Southwark, en la Edad Media, vio crecer su fama de zona sórdida, más aún cuando los múltiples bares y posadas lo elevaron a la categoría de distrito de entretenimiento de aquel Londres aun indefinido. Entonces se convirtió en una suerte de barrio rojo que acabaría diezmado por la peste y el Gran Incendio. 

Bocados y libros

Por suerte la actividad comercial continuó con su actividad, incluso en los tiempos más negros. Y el mercado, que en un principio no fue sino un intercambio de grano, hortalizas y pescado cargados a lomos de reses, pasó a ser el Borough Market, el templo del delicatessen inglés. Bajo la cúpula de cristal y acero de este espacio tan representativo del Southwark descansa lo más gourmet de la gastronomía de la capital. 

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Otro atractivo del barrio es su barniz literario. Por aquí vivió un joven dramaturgo llamado William Shakespeare que acababa de llegar de Stratord Upon Avon. Eligió este lugar para estar más cerca de The Globe, el teatro que más tarde acogería la representación de sus obras. También Charles Dickens, unos tres siglos después, situó algunas de sus novelas en el viejo Southwark. Especialmente en sus puentes, por donde desfilan sus personajes marginados, y en sus tabernas como The Tabard Inn o The George Inn, que sobreviven a los tiempos que corren.

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