Sant Francesc Xavier: calma en el paraíso

De la capital de Formentera hay que disfrutar siempre por la mañana, cuando sus comercios y puestos artesanos congregan a curiosos y habituales. Bajo su luz de ensueño todo parece más blanco.

Silvia Roba
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Foto: LUNAMARINA / ISTOCK

Es recogida y blanca, llena de cafés con terrazas y puestos de artesanía. A finales de julio, durante las fiestas de Sant Jaume, se convierte también en escenario de conciertos y exhibiciones del ball pagès, danza popular de las Pitiusas en la que el hombre invita a bailar a la mujer, ataviados ambos con vistosos trajes y joyas tradicionales, con un golpe fuerte de castañuelas. Estamos en la Plaza de la Constitución de Sant Francesc Xavier, capital de Formentera, en la que se alza el Ayuntamiento.

Sant Francesc Xavier, Formentera | Tono Balaguer / ISTOCK

También cuenta con una iglesia, en honor a San Francisco, erigida como una fortaleza –llegó a tener varios cañones– a principios del siglo XVIII para proteger a la población de las incursiones de los piratas. Destacan en ella las puertas de entrada, cubiertas con láminas de hierro para aumentar su resistencia, y una pila bautismal de alabastro del siglo VI en su interior, con una sola nave rectangular. El templo sirvió en su momento para paliar la falta de espacio para el culto, ya que la capilla de Sa Tanca Vella, la primera de la isla, se había quedado pequeña. Es una construcción muy antigua, de la segunda mitad del siglo XIV, cubierta por una bóveda de cañón.

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Situado a tres kilómetros del puerto de la Savina, Sant Francesc Xavier es el pueblo más visitado durante el día en la isla gracias a su gran cantidad de comercios, bares y tenderetes hippies, muy del gusto de los turistas, que buscan siempre esos aires de libertad tan propios de Formentera, el que para muchos es el último paraíso del Mediterráneo. Pero antes de que el turismo se fijara en ella, ella ya existía, tal y como nos cuenta el Museo Etnográfico de la localidad, en pleno centro histórico, que expone herramientas y utensilios con los que los payeses trabajaban la tierra, trajes antiguos y materiales relacionados con los viejos oficios.

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Hasta los años 60 del pasado siglo Formentera vivió principalmente de la pesca y de la agricultura, de ahí que aún se conserven seis de los siete molinos de viento harineros que tuvo la isla, como el de Jeroni, edificado a finales del siglo XVIII en los alrededores de Sant Francesc. De fondo siempre nos esperan las playas y el mar. Un mar de aguas especialmente cristalinas gracias a las praderas de posidonia oceánica, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que habitan en él.

CAMINO VERDE

De entre todos los caminos verdes que atraviesan Formentera es el de Sa Pujada el preferido por los senderistas. Este itinerario, que bordea los acantilados de Racó y atraviesa un frondoso bosque de pinos, se corresponde con el tramo final del camino que en sus tiempos unía la iglesia de Sant Francesc con la Mola, solitaria montaña en la isla. El camino, bien señalizado, no tiene pérdida, ya que es el único que transcurre pegado a la costa.