San Francisco, fascinante y rebelde

Tienen tanta personalidad que podrían ser urbes independientes. North Beach, Haight-Ashbury, Castro, Mission y Chinatown son barrios históricos de San Francisco marcados por el carácter de sus habitantes y por los fenómenos culturales que han protagonizado desde la segunda mitad del siglo XX. En su conjunto le dan la identidad única que define a la gran ciudad del Golden Gate, el movimiento "hippy" y la generación "beat".

David Granda
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Foto: hanusst / ISTOCK

San Francisco es la capital americana de la contracultura. Desde el final de la II Guerra Mundial, casi cada década ha protagonizado movimientos desafiantes contra los cánones sociales establecidos. En los 50, el barrio de North Beach fue el hogar de la generación beat, de los Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Cassady y compañía.

North Beach, con alma italiana

De hecho, el barrio tiene su museo, el Beat Museum, fundado por una pareja de groupies del movimiento con manuscritos originales, fotos y efectos personales de los escritores. También venden primeras ediciones a precios de anticuario. Tiene sus seguidores: Van Morrison y Jimmy Page lo visitaron este invierno. El cercano Caffe Trieste era uno de los lugares habituales de los beats y también del cineasta Francis Ford Coppola, que escribió en sus mesas el guión de El Padrino. Otro era el Vesuvio, hasta tal punto que la calle que San Francisco le dedica a Kerouac arranca en la misma puerta del bar. La Jack Kerouac Alley es una callejuela pintada con murales que liga dos barrios tan genuinos como North Beach y Chinatown.

Justo enfrente del Vesuvio, en el 261 de Columbus Avenue, se encuentra el baluarte donde se gestó todo: la mítica librería City Lights Books, fundada por el poeta beat y editor Lawrence Ferlinghetti en 1953. Ferlinghetti, que a punto de cumplir los cien años todavía es su propietario, es un neoyorquino de cuna que reconoce que eligió San Francisco porque era la única ciudad de EE UU donde se podía comprar buen vino a buen precio. La fiebre de la contracultura en San Francisco se desató cuando publicó el poemario Howl and Other Poems, de Allen Ginsberg, y fue detenido por obscenidad. El editor ganó el juicio, que sirvió para que todos los estadounidenses supieran qué era eso del movimiento beat. Los beatniks y la ciudad californiana contaron con una impagable campaña de publicidad en todos los medios. City Lights Books permanece en el establecimiento original y sus tres pisos de literatura están abiertos cada día hasta la madrugada. La planta superior aún conserva una vieja mecedora junto a un ventanal con vistas a los patios traseros del alma de San Francisco. Un cartel manuscrito en inglés proclama: "Coge un libro y siéntate".

En este perímetro tan literario deslumbran los neones del Condor Club por la noche. Una inusual placa conmemorativa recuerda que se trata del lugar de nacimiento del primer club de striptease del mundo, en 1964. En los años 50 y 60 North Beach era sobre todo un barrio italiano, de ahí que parte de su callejero se conozca como Little Italy y que las mejores pizzas de la ciudad se encuentren todavía aquí.

Los cinematográficos tranvías de cremallera. | benedek / ISTOCK

Haight-Ashbury, elegancia victoriana

Haight-Ashbury es un elegante barrio de casas victorianas cuyos precios de venta rondan el millón y medio de dólares. Tiene sus zonas verdes como Panhandle, cafés de diseño, alguna que otra tienda hippy y diners donde viejas rockeras de la contracultura como Chrissie Hynde, líder de The Pretenders, anuncian hamburguesas veganas. Los autobuses descapotables de dos plantas para turistas atraviesan Haight Street, la arteria principal, con parada al final de la calle junto a Amoeba Music, la tienda de vinilos más grande del mundo, que ocupa el espacio que antaño albergaba una bolera. Por la calle es habitual ver a algún que otro neohippy armado con una guitarra persiguiendo a un grupo de turistas japoneses. Esas mismas casas victorianas ya estaban en los 60, pero entonces era un distrito de tradición obrera en San Francisco. Las mansiones que hoy nos parecen tan encantadoras e inaccesibles, a los californianos les parecían frías, incómodas, con una entrada franqueada por una escalera con un ángulo demasiado alto para las caderas desgastadas. Los hippies disfrutaban de alquileres que hoy son utópicos, unos 200 dólares mensuales. Y lo compartían hasta veinte personas.

Entre los vecinos estaba Janis Joplin, que residía en el 635 de Ashbury Street. La banda de rock Grateful Dead vivía en comuna un poco más arriba, en el 710. Justo enfrente tenían su domicilio estable Los Ángeles del Infierno, reaccionarios, violentos y defensores del intervencionismo en Vietnam, pero tan aficionados a las drogas como los hippies. A un paso, en Central Avenue, la calle que enlaza los parques de Panhandle y Buena Vista, donde se celebraban conciertos gratuitos al aire libre, vivía Peter Albin, el bajista que formó Big Brother & Holding Company. Los bajos alquileres del barrio permitían que se dedicaran exclusivamente a su trabajo como compositores y artistas.

Mansiones victorianas de Haight-Ashbury. | ImagineGolf / GETTY

Aunque la década de los 60 fue el periodo de máxima prosperidad de la historia de Estados Unidos, aquí se imaginó una alternativa utópica amplificada por los vapores místicos de las drogas psicodélicas. El barrio protagonizó en 1967 un episodio único, el Verano del Amor. Cientos de miles de jóvenes de todo el país llegaron a Haight-Ashbury para fraguar el movimiento hippy. Fueron días que agitaron al país con proclamas pacifistas, rock lisérgico de bandas como Jefferson Airplane, sexo en comuna y muchas drogas. El experimento estaba servido. La ciudad iba protagonizó un episodio único en la historia de Estados Unidos que se extendió además a todo el mundo.

Castro, el primer barrio gay

En los años 70, el movimiento por los derechos civiles se desplazó a Castro. El distrito se transformó en el primer barrio gay del mundo. En la esquina del 401 de Castro Street todavía sigue abierta la Twin Peaks Tavern, el primer bar que decidió quitar las cortinas de sus amplios ventanales para que desde la calle cualquiera pudiera contemplar lo que estaba ocurriendo dentro. Y que lo que ocurría no tenía por qué alarmar a nadie. Uno de sus vecinos, Harvey Milk, fue el primer político que reconoció abiertamente su condición homosexual. Otro político, el concejal conservador Dan White, defensor de la discriminación de los homosexuales, lo asesinó en el año 1978. Hoy Castro tiene los pasos de cebra pintados con el arco iris y es el barrio gay de Estados Unidos por excelencia. La San Francisco Pride, la celebración del Orgullo Gay, moviliza a la ciudad cada mes de junio y es la fiesta reivindicativa del movimiento LGTB más importante del país.

Bar de ambiente Twin Peaks, en el barrio de Castro. | Peter Horree / ALAMY

Aunque, como en North Beach y en Haight-Ashbury, las cosas han cambiado. La gentrificación ha subido los alquileres de San Francisco hasta situarla como la ciudad más cara para vivir en Estados Unidos. Donde antes estaban Jack Kerouac, Grateful Dead y los primeros activistas homosexuales, hoy despuntan los cuarteles generales de empresas tecnológicas como Twitter, Uber, Spotify, LinkedIn y Airbnb. Algunos son nostálgicos, como el músico Wes Leslie, que preferiría que la burbuja tecnológica reventara de una vez para devolver a San Francisco su identidad contracultural única. Otros se quedan con el San Francisco punto com del siglo XXI, más caro, prácticamente inaccesible para las clases medias, pero más seguro y donde no falta la animada vida nocturna. Cuando se evaporó el sueño de una noche de aquel Verano del Amor, recuerdan, zonas como Haight-Ashbury se convirtieron después, en los años 70 y 80, en lugares deprimidos y peligrosos por el tráfico de drogas duras.

Mission District, el barrio latino

Así llegamos a Mission, el barrio latino de San Francisco que en los años 80 recogió el testigo de las reivindicaciones sociales. Los famosos murales de Balmy Alley fueron una reacción de los artistas locales indignados por la violación de los derechos humanos en Centroamérica. El arte muralístico es un género efímero y su temática se renueva cada poco. Aún hoy es el barrio más combativo y las demandas abarcan desde el feminismo hasta los problemas de integración de la población latina. Una de las instituciones del barrio es el Women’s Building, un centro de ayuda para mujeres sin recursos y un referente artístico del movimiento muralista en Mission. Otro epicentro del arte urbano es Clarion Alley. En el callejón Sycamore (paralelo a Clarion Alley) hay un mural del grafitero británico conocido como Banksy.

Exterior del Vesuvio, el famoso café de North Beach o Little Italy. | Michele Falzone / ALAMY

The Mission también es la zona de farra. Aquí hay verdaderos bares de barrio como el ABV ("no aceptamos reservas"), con buenas tapas y buena barra, o El Río, con música en directo y fiel clientela LGTB. El primer lugar que te recomendará cualquiera que frecuente Mission es la taquería Pancho Villa, donde se puede comer un burrito hasta la madrugada. Un paseo por Valencia Street y sus calles aledañas te sirve para toparte con galerías de arte como Galería de la Raza, un laboratorio que lanza artistas latinos desde 1970; sex shops de mirada femenina como Good Vibrations y cines que proyectan clásicos de culto, documentales y cintas indies a horarios canallas como The Roxie Theater.

Chinatown, la puerta del dragón

El barrio chino de San Francisco merece su propio capítulo. La puerta solemne de entrada a Chinatown, la Dragon’s Gate, donada por Taiwán en el año 1969, está junto a Union Square, la céntrica plaza de donde parten los cinematográficos tranvías de cremallera rumbo a Fisherman's Wharf. También se puede llegar desde el Jack Kerouac Alley, porque el extenso barrio chino de San Francisco, que abarca 24 manzanas, es vecino de North Beach. Sus edificios con pagodas fueron construidos en la década de los 20 por comerciantes chinos para atraer a buscadores de curiosidades exóticas. Se colocaron farolas de dragones para iluminar los callejones y desplazar a las prostitutas. Hay chamarileros, herbolarios, numerosos restaurantes de dim sum y conviven en armonía las tiendas para turistas con los mercados y las pescaderías donde hace la compra la comunidad china. La historia del barrio se puede conocer en la Chinese Historical Society of America, la organización más antigua en Estados Unidos dedicada a preservar el legado cultural chino en el país. En el templo budista Tin How, fundado en el año 1852, se mantiene en pie el altar que sobrevivió milagrosamente al terremoto de 1906. La gran fiesta llega con el Año Nuevo Chino, en enero o febrero (en función del calendario lunar), el más multitudinario fuera de Asia desde el siglo XIX, cuando llegaron en masa los migrantes chinos atraídos por la fiebre del oro y encontraron su hueco en la ciudad de ciudades que es San Francisco.

Pier 39, popular centro comercial y atractivo turístico construido en un muelle de San Francisco. | Itsik Marom / ALAMY

Urbe de mitos literarios

Neal Cassady fue la figura que inspiró el personaje de Dean Moriarty, protagonista de la novela totémica En el camino. Cassady convivió con Kerouac en los años 50 en North Beach y con los Grateful Dead en su casa de Haight-Ashbury en los años 60. Pero San Francisco no solo es el hogar de la generación beat y de City Lights Books, la librería más carismática de Estados Unidos, fundada por el poeta y editor Lawrence Ferlinghetti en 1953, un negocio pionero porque ninguna otra vendía hasta ese momento libros de bolsillo. El escritor Ken Keasey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, situó en San Francisco sus famosos Acid Tests o Pruebas de Ácido, fiestas donde todo el mundo consumía LSD y abandonaba la realidad prosaica del mundo mundano en busca de un estado de intersubjetividad. Cuando Keasey decidió abandonar su brillante porvenir literario, abrazar el LSD, formar la comuna lisérgica de los Merry Pranksters y terminar como fugitivo del FBI, llegó el genial periodista Tom Wolfe para contarlo en Ponche de ácido lisérgico, otra obra maestra ligada a San Francisco. La trascendencia literaria de San Francisco viene de antiguo. De los Mark Twain, Ambrose Bierce, Dashiell Hammett, Jack London e Isadora Duncan, que aunque la conocemos como una de las creadoras de la danza moderna, tiene una monumental autobiografía publicada en el año 1927. Resulta fácil seguirle el rastro a todos ellos por las calles de la ciudad californiana. Y leer a San Francisco en sus libros.

El fenómeno de la cerveza artesanal

San Francisco es una de las ciudades estadounidenses pioneras en el boom de la cerveza artesanal, un fenómeno que aquí cuenta incluso con su propio festival, con el que se vuelca toda la ciudad, la San Francisco Beer Week. En el área de la bahía trabajan hasta cien pequeñas fábricas de cerveza artesanal y se pueden saborear algunas de las mejores cervezas del mundo. Dentro de los 127 kilómetros cuadrados de los límites de la ciudad hay casi dos docenas de cervecerías. Incluso en lugares privilegiados, como el Beach Chalet, que elabora su propia marca y la sirve en su restaurante con vistas al océano Pacífico en Golden Gate Park. Anchor Brewery, con su planta ubicada en el vecindario de Potrero Hill desde 1979, ofrece una docena de variedades. En Haight-Ashbury, el Magnolia Pub despacha cervezas fermentadas en barril en el propio local. En Mission District, siempre tan entregados al arte y tan poco respetuosos con la ortodoxia, está la cervecería MateVeza, con sus cervezas experimentales que utilizan como ingrediente yerba mate.