San Esteban de Pravia: el pasado minero de Asturias vivo a orillas del río Nalón

Conserva todo su encanto intacto, así como su pasado industrial, indiano y marinero

Macarena Escrivá
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Foto: grahamheywood / ISTOCK

Asturias es un paraíso. No solo es acertado su eslogan turístico, sino que cuando uno visita el Principado, vuelve de allí con esa sensación que solo dan los grandes destinos. Luarca, Cudillero, Lastres, Ribadesella... pero también pequeñas poblaciones, que aunque no tan turísticas y masificadas, valen la pena el desvío.

San Esteban de Pravia | Gran Hotel Brillante

En esta ocasión nos vamos a una pequeña localidad, insertada a orillas del río Nalón. Una que vio brillar su pasado industrial, convertida en uno de los puertos más importantes del país. Se llama San Esteban de Pravia y con su encanto, la amabilidad de sus gentes y sus mil y un planes para conocerla, puede presumir de ser uno de los grandes próximos destinos asturianos.

Un pasado industrial ligado al carbón y la minería

El auge y crecimiento de esta población asturiana fue gracias a su puerto, que desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, se utilizó como puerto industrial para dar salida al carbón extraído de los valles mineros asturianos. Aquí finalizaba la vía férrea, promovida por la Sociedad General de Ferrocarriles Vasco-Asturiana, conocida como 'El Vasco', que servía para transportar el carbón de la cuenca minera del valle del Caudal, que aglutinaba poblaciones como Cangas del Narcea o Mieres. Era aquí donde los cargueros se llenaban de toneladas de carbón con destino a los altos hornos de Vizcaya.

San Esteban de Pravia | grahamheywood / ISTOCK

Hoy, este conjunto sin igual, declarado como Bien de Interés Histórico-Industrial, se ha restaurado y puede admirarse en todo su esplendor, desde las grúas con las que trabajaban, hasta los cargaderos, también presentes hoy en día, además de su estación de ferrocarril.

San Esteban de Pravia | grahamheywood / ISTOCK

Cinco miradores para admirar Asturias desde las alturas

Los mejores planes para conocerla: desde el mar y en la naturaleza

Si el mero hecho de pasear por la villa ya es una de las experiencias más satisfactorias para conocer San Esteban de Pravia, sus encantos no terminan ahí. El hecho de encontrarse junto al río Nalón y tan cercana al mar, la convierte en una localidad náutica, donde practicar deportes como remo, vela, pesca recreativa o SUP, pero también donde descubrir sus atípicas playas, como la playa de los Quebrantos y el Playón de Bayas, que ya pertenecen a la localidad vecina de San Juan de la Arena y componen el arenal más grande de toda Asturias. 

Playa Quebrantos | Macarena Escrivá

Paseando por el sendero hasta el dique que se abre al mar, descubrirás a vecinos pescando, unas piscinas municipales de agua salada y una pequeña entrada al mar entre aguas azules y rocas oscuras. ¿Y si la descubrimos desde el agua? Es lo que propone el barco turístico La Carmela, una embarcación que recupera la tradición de la que cruzaba de un lado al otro del río. Con salidas todos los días desde el puerto de San Esteban de Pravia, recorre la ría del Nalón con explicaciones sobre la importancia de esta localidad y la de San Juan de la Arena con su floreciente industria de las angulas. También podrás divisar desde el barco, barcos hundidos o el castillo medieval de San Martín, levantado por Alfonso III para proteger la costa y la ría, que durante la Edad Media cobró especial importancia.

Barco turístico La Carmela | Macarena Escrivá

San Esteban de Pravia también se encuentra rodeado de naturaleza y para admirarla, lo mejor es conociendo la popular Ruta de los Miradores. Partiendo desde el espigón, tras subir una empinada escalera de nada menos que 420 peldaños (también se puede subir en coche), se llega hasta la capilla del Espíritu Santo, punto de inicio de la ruta. Desde este mirador se puede divisar la escarpada playa del Garruncho. Esta caminata conecta la localidad con la playa de Aguilar, discurriendo por hitos en el camino como el mirador L'Atalaya, el de los Glayos o el mirador Alto de las Llanas.

Mirador del Espíritu Santo | Macarena Escrivá

La nueva vida de uno de sus espacios míticos, el Gran Hotel Brillante

La prosperidad industrial, hizo de San Esteban una villa cosmopolita de arquitecturas de ultramar y palmeras en los jardines privados de las casas indianas. Su belleza natural atrajo a artistas de toda índole que pasaban allí épocas trabajando. Muchos de ellos lo hicieron en el que fuera uno de los primeros hoteles del Principado, el Gran Hotel Brillante. Entre sus muros, a principios del siglo XX, se alojaron personajes de la talla del poeta nicaragüense Rubén Darío o pintores como el valenciano Joaquín Sorolla y Mariano Fortuny.

Gran Suite Rubén Darío en el Gran Hotel Brillante | Gran Hotel Brillante

Años más tarde, el hotel ha vuelto a la vida convertido en adalid del lujo y la hospitalidad. Ubicado en pleno puerto de San Esteban de Pravia, se ha sometido a una profunda remodelación dando lugar a un espacio renovado, de 14 habitaciones y 8 residencias privadas, donde 'sentirse mejor que en casa', tal y como ellos promulgan. Cada estancia y cada detalle se han cuidado al máximo, para rememorar aquel pasado glorioso, en las molduras de los techos similares a las que allí había y en la elección de materiales nobles, como mármoles españoles para los baños y grifería portuguesa. Las camas se visten con sábanas de algodón egipcio de 400 hilos y de los techos cuelgan exquisitas lámparas modelo 'Calabazas de Pravia', diseñadas por Paloma Eguilior y Matilde Llado para Otherlamps.

Comedor del Gran Hotel Brillante | Gran Hotel Brillante

Mención merece también su restaurante, en la planta baja del hotel, que cuenta con terraza y un salón en clave art déco, donde se sirve el desayuno, pero también donde disfrutar de una comida o cena con excelente producto de la zona, con quesos asturianos como Rey Silo o Gamoneu, anchoas del Cantábrico o conservas gourmet, así como platos que no dejarán a nadie indiferente como su rollo de bonito o los chipirones en su tinta caseros. Todo ello maridado con una impresionante selección de vinos nacionales y una carta de champagne, con protagonismo especial de la maison Laurent Perrier, de la que son embajadores.