Road trip por la cara oeste de Portugal: de Coimbra a Évora

Una ruta a tu aire, en coche o caravana, a través de varios tesoros del país luso

Jean-Paul LABOURDETTE/Petit Futé
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Foto: Peterjohn Chisholm / ISTOCK

Hemos seleccionado uno de los 'road trips' en autocaravana, camper o coche que propone el último lanzamiento de la prestigiosa colección Petit Futé, de la editorial Alhenamedia, en su guía '80 rutas sobre ruedas por Europa a tu aire'.

Portugal es fascinante. Su riqueza, cultural e histórica, es única. Testimonio de un pasado glorioso que se muestra altivo y seductor, con una belleza natural que invita al deleite en una ruta entre Coimbra y Évora que recorre varios tesoros de la humanidad del país luso por su cara oeste, la que acaricia el Atlántico. Coimbra representa la ciudad intelectual. Su Universidad no solo señorea desde lo alto de la colina como si se tratase de un castillo del saber, sino que ha marcado el devenir de una urbe.

Pueblo medieval de Óbidos, en Portugal | sphraner / ISTOCK

La ruta nos conduce desde la cuna del conocimiento hasta la de la espiritualidad, Fátima, el gran centro de peregrinación europeo. La costa norte ofrece pueblos de pescadores de gran belleza como Nazaré, Colares o Ericeira, y enclaves tan singulares como Óbidos, cuya encantadora ciudadela es vigilada por un castillo. La belleza indómita de Sintra permanece inalterable, con un paisaje romántico salpicado de palacios y el Atlántico saludando en el cabo de Roca, la punta occidental de Europa. La ruta concluye en Évora, que exhibe con orgullo su pasado romano, magistral en el templo de Diana.

Coimbra

Apenas cien kilómetros separan esta ruta de la anterior, por lo que podremos saltar de Viseu a Coimbra en poco más de una hora por la IP3. Coimbra apiña su caserío en una suave colina bañada por el río Mondego, cuyo cauce divide en dos esta animada ciudad universitaria. A medio camino entre Lisboa y Oporto, la Universidad, encaramada en la parte más alta de la urbe, marca el ritmo vital de la capital intelectual portuguesa. Sus edificios se distribuyen alrededor del Paço das Escobas, en torno al cual hay joyas únicas como la Biblioteca Joaquina, de 1717, una de las más lujosas del mundo, recubierta de frescos y arabescos, maderas exóticas y oro de Brasil. En el complejo también sobresale el Paraninfo, la capilla de San Miguel, la cárcel Académica o «la cabra», sobrenombre de la torre del Reloj, del siglo XVIII.

Coimbra, Portugal | Antonio Duarte / ISTOCK

Desde la Universidad se logran unas magníficas vistas de la ciudad, que va descendiendo a sus pies por calles empedradas en tanto se adentra en el Museo Nacional Machado de Castro, en el hermoso románico de la catedral Vieja o en la Nueva, y mientras se llega hasta el arco de la Almedina, el acceso a la baja ciudad (A Baixa). Esta es la zona más comercial, repleta de cafeterías y tabernas con mucha animación durante el periodo académico. En este entorno aparecen el monasterio de Santa Cruz, fundado en 1131, con una iglesia románica, destacada sillería manuelina y tres claustros; las iglesias de San Bartolomé y Santiago, el ayuntamiento y el Museo Municipal, en el Edificio Chiado. Y entre todos ellos sobresale el monasterio de Santa Clara la Vieja, fundado en el siglo XIII y que funde elementos románicos y góticos.

THEGIFT777 / ISTOCK

Antes de abandonar Coimbra, merece la pena pasear por Penedo da Saudade, el jardín de los poetas, o por el Botánico de la Universidad, localizado en el corazón de Coimbra desde 1772.

Conímbriga, Tomar, Fátima y Leiria

Saliendo desde Coimbra en dirección a Lisboa aparece a quince kilómetros Conímbriga, el mayor yacimiento romano de Portugal. La ciudad fue habitada desde el siglo IX a. C. hasta el VII-VIII d. C., constituyendo un próspero asentamiento que permite disfrutar hoy de una gran muralla del siglo III, un anfiteatro, baños, un foro y magníficos espacios como la casa de Cantaber, rodeada de estanques y jardines. La historia y los hallazgos arqueológicos de la ciudad se exhiben en el Museo de Conímbriga. Desde aquí conduciremos hasta Tomar, a 71 kilómetros, la que fuera sede de la Orden de Cristo.

Conímbriga, Portugal | Dr John A Horsfall / ISTOCK

Su grandeza se descubre vislumbrando los muros almenados del convento de Cristo, situado junto al castillo, que luce una amalgama de estilos gótico, manuelino y renacentista que reflejan cinco siglos de arquitectura. Lo más impresionante del complejo monacal es la Charola y la ventana del coro, la mejor esencia del estilo manuelino. La pequeña ciudad de Tomar se extiende por debajo del convento, con la iglesia de San Juan Bautista, de finales del XV, como monumento principal. Cruzando el río Nabão se llega hasta Santa María del Olival, templo repleto de simbología templaria.

Tomar, Portugal | alxpin / ISTOCK

Desde aquí tomamos rumbo a la milagrosa Fátima, el gran santuario portugués levantado donde se produjeron las apariciones de la Virgen a tres pastores y convertido en centro de peregrinación mundial. En este complejo mariano destaca la basílica de Nuestra Señora del Rosario, neobarroca y cuya construcción se inició en 1928, y la capilla de las Apariciones.

Fátima, Portugal | Pascale Gueret / ISTOCK

El siguiente destino conduce hasta Leiria, a 30 kilómetros, ciudad episcopal vigilada por un castillo encaramado sobre una colina. En su casco urbano destaca la capilla de San Pedro, románica, el santuario de Nuestra Señora de la Encarnación y la catedral, del siglo XVI.

Batalha, Alcobaça y Nazaré

La ciudad de Batalha permite descubrir uno de los monumentos más impresionantes de Portugal: el monasterio manuelino de Santa María de la Victoria, cuya construcción se inició a finales del siglo XIV, dando vida a un edificio repleto de pináculos, arcos arbotantes, bóvedas sin apoyo central... Un prodigio arquitectónico que exhibe un profuso gótico manuelino y algún retazo renacentista. El conjunto cuenta con una iglesia, capilla, una excepcional sala capitular y dos panteones reales: las capillas del Fundador y las Inacabadas.

Batalha, Portugal | StockPhotosArt / ISTOCK

A veinte kilómetros se halla Alcobaça, ciudad surgida en torno a un magnífico cenobio cisterciense del siglo XII, la primera obra íntegramente gótica en suelo portugués. De dimensiones excepcionales, destaca por sus líneas austeras y su pureza arquitectónica. Su grandiosa nave central alberga los sepulcros labrados de Pedro I e Inés de Castro, obras maestras de la escultura medieval. Ambos monasterios, el de Batalha y este de Alcobaça son Patrimonio de la Humanidad.

Alcobaça, Portugal | frentusha / ISTOCK

Nazaré es uno de los puertos de pescadores más fotografiados de Portugal. La población cuenta con una inmensa playa que desemboca en un acantilado sobre el que está el mirador del Sitio, el punto más elevado de la localidad y al que se accede en funicular. En la plaza del Sitio se localiza la iglesia de Nuestra Señora de Nazaré.

Joyas de la costa norte

Óbidos: es una de las poblaciones más espectaculares de la región de Lisboa. Abrazada por un cinturón de murallas medievales y coronada por su espectacular castillo, la ciudad encierra un encanto ajeno a modas en sus calles estrechas pobladas de casas blancas con sus esquinas azuladas y balcones repletos de flores. El pequeño caserío de esta villa congrega catorce iglesias y capillas, entre las que destaca la renacentista de Santa María. Desde su castillo, reconvertido en pousada, se divisan las colinas circundantes repletas de viñedos con los que se elaboran vinos finos.

Óbidos, Portugal | zodebala / ISTOCK

Ericeira: es una antigua villa de pescadores que se ha convertido en destino imprescindible para los amantes del surf. Con el océano Atlántico como eterno compañero, sus estrechas calles repletas de casas blancas buscan sus aguas y su inmensidad. Entre sus atractivos figura el Museo da Santa Casa da Misericordia, con una amplia colección de elementos etnográficos y arqueológicos. Una ruta en coche de solo diez kilómetros conduce hasta otro de los destinos imprescindibles de la zona, el Palacio Nacional de Mafra, que nació en el siglo XVIII como un modesto convento y que se fue ampliando paulatinamente hasta convertirse en un inmenso y sobrecogedor palacio barroco.

Ericeira, Portugal | Daria Kulkova / ISTOCK

Sintra, Colares y Cascais

35 kilómetros nos separan de Sintra. Pocos lugares como este para descubrir de cerca el concepto de belleza. Encajada entre la verde sierra y las playas del Atlántico, la ciudad, a una treintena de kilómetros de Lisboa, es una sucesión de quintas, jardines, museos y palacios, entre los que sobresale el Nacional, el más importante, y alrededor del cual se han ido desplegando sus estrechas y empinadas calles adoquinadas. El romántico palacio da Pena, encaramado en lo alto de la montaña, y el cercano castillo de los Moros son tentaciones que se alzan sobre la ciudad, regalada con hermosos jardines hasta convertirla en un edén glorioso, en palabras de Lord Byron.

Sintra, Portugal | SeanPavonePhoto / ISTOCK

Para ir a las playas de Sintra hay que pasar por Colares, donde está anclado el punto más occidental de Europa, el cabo da Roca, sobre cuyos imponentes acantilados se alza un faro vigía.

La ruta antes de alcanzar Lisboa exige una parada en Cascais, ciudad cosmopolita situada en una gran bahía, una perla de esta costa que aúna espectaculares acantilados con dunas, palacios y playas como la de Guincho. A solo tres kilómetros, Estoril, destino de aristócratas, de aficionados al casino y al turismo termal. Cuando se accede a sus playas de finísima arena blanca ante la inmensidad del Atlántico, se comprende la predilección de los royals por estos pagos. Y finalizamos con una visita al palacio de Queluz, de estilo rococó y con hermosos jardines de estilo francés.

Cascais, Portugal | Peterjohn Chisholm / ISTOCK

Lisboa

La capital lusitana se proyecta en dos símbolos universales, ambos Patrimonio Mundial: el impresionante monasterio de los Jerónimos y la torre de Belém, del siglo XVI y de una grandiosidad y belleza que epata. El primero es una obra cumbre de estilo manuelino, una variante del gótico que dotaba a las construcciones de una profusa decoración que aquí alcanza la excelencia: portadas repletas de bellos relieves, la gran nave interior y el maravilloso claustro.

Torre de Belem, Lisboa | Eloi_Omella / ISTOCK

Filigranas de piedra de tal magnitud que consiguen dejar sin aliento. La torre es un castillo levantado en el siglo XV para defender la costa de Lisboa, construido dentro del río y con una llamativa arquitectura militar. Pero Belém es también el espectacular monumento a los Descubridores, la cúpula redonda del Planetario Gulbenkian y su Centro Cultural, que recuerda a una alcazaba árabe gigante y que es uno de los epicentros culturales de la capital. Lisboa tiene unas dimensiones que le permiten seguir siendo humana, con sus barrios antiguos como estandarte de una ciudad repleta de encanto, con sus balcones de forja y las fachadas con azulejos pintados a mano.

Mirador de Santa Lucía, Lisboa | lira_joggi / ISTOCK

La colina de Alfama y sus sinuosas calles medievales son un escenario perfecto para comprender la grandeza de esta urbe, subiendo y bajando escaleras o asomándose al mirador de Santa Luzia, junto a la iglesia homónima del siglo XII. Hasta aquí se puede llegar en uno de los históricos tranvías que surcan sus sinuosas y empinadas calles con casas adornadas con mosaicos. La percepción de paz se percibe en barrios menos famosos como Castelo, con un mirador sobre la ciudad antigua, o en Graça; en el bohemio Bairro Alto, en Chiado o en la Baixa Pombalina con la Praça do Comercio como emblema... En muchos de ellos parece que el tiempo se ha detenido y todos aparecen bañados con una luz especial que solo se percibe en esta ciudad, con el sol apareciendo y desapareciendo a medida que avanza un paseo que seduce a cada paso.

Lisboa, Portugal | SeanPavonePhoto / ISTOCK

Pero Lisboa es mucho más. Son sus siete colinas abrazándola, en una de las cuales se alza el castillo de San Jorge, y es su catedral de Santa Maria Maior, del siglo XII y con un románico sobrio; es el palacio de San Bento o de la República, y es la basílica y los jardines de Estrela; es su infinidad de iglesias y espacios recoletos cargados de misterios y belleza. Mientras, la Lisboa moderna se abre al Tajo. Las antiguas naves de sus alrededores han sido delicadamente reconvertidas en espacios para el ocio y la gastronomía, con modernos restaurantes en viejos almacenes repletos de encanto y de buena cocina que, junto con las Docas, marcan el punto gastronómico de la ciudad.

Lisboa, Portugal | SeanPavonePhoto / ISTOCK

Évora

Situada a 132 kilómetros de Lisboa, la capital del Alentejo atesora más de 300 monumentos, herencia de una prolífica historia en la que sobresalen sus huellas romanas y musulmanas, con vestigios visi- góticos y, especialmente, cristianos. Algunos son tan notables como el templo de Diana, el mejor legado romano de Portugal, o el magnífico convento de Lóios, de estilo gótico manuelino y transformado en un alojamiento hotelero. La seo (Sé) luce un severo románico en la fachada que deriva en gótico en el interior, con un museo con gran riqueza de obras de arte sacro.

Evora, Portugal | rdou / ISTOCK

Al lado, en el antiguo palacio Episcopal, el Museo Municipal es otra visita obligada por su colección de pintura portuguesa y flamenca de los siglos XV y XVI. Y desde su parte trasera, callejeando junto a la muralla y caminando por un amplio jardín, se llega hasta la renacentista Universidad del Espíritu Santo, fundada por los jesuitas en el siglo XVI. Lo mejor es caminar sin destino para empaparse de la ciudad y dejarse caer en la porticada plaza do Giraldo, donde se alza el ayuntamiento y se conserva un antiguo foro romano; en la iglesia de San Antón, la de San Francisco y su llamativa capilla de los huesos, o en la de Graça.

Évora, Portugal | jacquesvandinteren / ISTOCK

Situado a dos kilómetros de la histórica ciudad de Évora, el camping destaca por sus instala- ciones. Dispone de zona camper, además de baños adaptados para personas con movilidad reducida. Asimismo, se puede disfrutar de la piscina (también hay una piscina infantil) y de diversos servicios comerciales.