Dinant, cuna del saxofón (y la ciudad más bonita de Bélgica)

Recorremos las calles de este impresionante enclave medieval, tras los pasos del inventor del jazzístico instrumento 

José Miguel Barrantes
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Casi rayando con la frontera francesa, a unos 50 kilómetros del aeropuerto belga de Charleroi, se levanta a orillas del río Meuse la localidad de Dinant, una pequeña ciudad valona considerada una de las perlas del país. La «Hija de la Meuse», como se suele conocer especialmente en la parte francesa de la nación de Tintín, es un bello rincón que aparece entre las elevaciones circundantes y el curso del río para deleitarnos con su estampa de cuento.

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Una población fácil de visitar que, sin grandes aspavientos, constituye una de las postales más increíbles de toda Bélgica.

Un lugar imprescindible para recordar

El enclave de Dinant está marcado por la presencia de un telón rocoso en una de las márgenes del río, que sirve de fondo de un cuadro perfecto en el que destacan la figura de la Ciudadela, la Colegiata de Notre-Dame y toda una hilera de casas que se suceden alineadas frente a la orilla del Meuse. La otra orilla, también habitada y conectada por el Puente Charles de Gaulle, es el lugar idóneo para contemplar las mejores fotografías de Dinant. 

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Desde allí, la Colegiata se levanta imponente como si fuera una prolongación de la enorme roca que la custodia detrás. Su famosa torre-campanario, incluida dentro del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es la silueta más representativa de Dinant. Mientras, su flecha, parece obligarnos a elevar nuestras miradas hacia lo alto para distinguir a su izquierda, en lo alto del promontorio rocoso, la Ciudadela.

Un teleférico o, en su lugar, 408 escalones, conducen hasta lo alto del escarpe, donde se sitúa esta construcción que se asienta sobre un emplazamiento que ha sido repetidamente utilizado como atalaya a lo largo de la historia.

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En el interior del actual fuerte, levantado a principios del siglo XIX, se hace un recorrido por los principales episodios bélicos acontecidos en la villa, a la vez que permite recorrer diferentes estancias y dependencias que nos sumergen en un mundo paralelo. Más allá del interior de la Ciudadela, desde aquí podremos disfrutar de unas vistas aéreas espectaculares de toda la zona.

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La ciudad natal de Adolphe Sax

Si alguien ha tenido la suerte de haber visitado el Museo de los Instrumentos Musicales de Bruselas, conocerá ya, de primera mano, que el inventor del saxofón se llama Adolphe Sax. Sin embargo, quizás no recuerde que el lugar de su nacimiento, un 6 de noviembre de 1814, fue la mismísima Dinant. La ciudad, que cuenta con un museo dedicado al instrumento que inventó, situado en la casa donde vivió, hace honor a la fama de su célebre vecino y nos deja tener constancia de su presencia cuando transitamos por ella.

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La calle con el nombre de Adolphe Sax nos recibe, antes de entrar al Museo del Saxofón, con una escultura que reproduce su figura sentada en un banco, con su inseparable instrumento entre sus brazos. Más llamativa incluso es la vistosa colección de 28 saxofones gigantes que descansan a lo largo del Puente Charles de Gaulle, invitando con su originalidad a atravesar este paso fluvial.Además de todo ello, otra cita ineludible, aprovechando que nos encontramos en Dinant, es con el mundo de la famosa cerveza belga Leffe.

En la orilla contraria donde se sitúan los principales monumentos de la ciudad nos aguarda, en el Hotel La Merveilleuse – un antiguo monasterio -, el museo dedicado a esta bebida. Ya más alejada, en el límite del núcleo urbano, aunque muy cercana, encontramos la Abadía de Notre-Dame de Leffe, origen de esta cerveza que empezó a producirse ya en 1240. Porque aquí ya inventaban muchos siglos antes del primer saxofón.

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