Unas pinceladas sobre Uzbekistán, el país más alejado del mar

Una tierra con un pasado mágico, cuna de la Ruta de la Seda

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Aunque en realidad el punto geográfico más alejado del mar está en algún lugar de la frontera de su vecina Kazajistán con China, Uzbekistán tiene una condición que, aunque no se ciña a los kilómetros estrictos, dificulta mucho su acceso a la costa: es, junto a con Liechtenstein, el único país del mundo desde el que tienes que cruzar dos fronteras para llegar al mar, en este caso, el Arábigo, en el Océano Índico.

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Pero Uzbekistán tiene muchas otras características que lo convierten en un país único, como nos cuestan en la guía que le ha dedicado la prestigiosa colección Petit Futé, de la editorial Alhamendia.

El legado de las Rutas de la Seda

Esta es, sin duda, la primera razón por la que se emprende un viaje a Uzbekistán. Las historias de grandes viajeros, comenzando por Marco Polo, las grandes caravanas del desierto, el eje que une China con Occidente... tantos temas de ensueño a los que Uzbekistán, gracias a su patrimonio arquitectónico y arqueológico, nos permite acercarnos y conocer en profundidad. Las Rutas de la Seda también se están escribiendo ahora, con los inmensos proyectos chinos de presente y de futuro, pero en Uzbekistán conservan toda la magia de su pasado.

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Grandes monumentos han sido legados por las dinastías samaníes, karajaníes o timuríes, como la incomparable mezquita del Registán o la gigantesca mezquita Bibi Khanum en Samarcanda, el complejo Poy Kalon y su formidable minarete en Bujará, o la pequeña ciudad de Jiva, un testimonio único de la arquitectura oriental que figura en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Hay aún más lugares históricos: las ciudades del desierto en Corasmia y Karakalpakstán, la colina de Afriasiab en Samarcanda, los restos de los templos budistas en el sur, alrededor de Termez, los petroglifos del desierto. Casi no hay un pueblo que no ofrezca una mezquita, una madrasa, un mausoleo o las murallas de una antigua ciudadela para descubrir.

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Samarcanda

Todo viaje a Uzbekistán debe pasar por Samarcanda. Le llevará al menos dos días visitar la capital timúrida. Para aquellos que tengan un poco más de tiempo, el mercado de Urgut constituye una agradable excursión de medio día, mientras que el mausoleo de Al-Bujari es uno de los lugares sagrados del islam. Los amantes de la naturaleza deberán visitar el Parque Natural de Zaamin, a dos horas en coche.

El casco antiguo comienza a la altura de Gur-e Amir, el mausoleo de Tamerlán, y se extiende hasta Shah-i-Zinda, al pie de la colina de Afrasiab. Es en esta zona donde se encuentran todos los monumentos y edificios históricos de la ciudad timúrida. Es difícil hablar realmente de una ciudad antigua, dado el desarrollo de las carreteras principales (particularmente alrededor de la necrópolis), la destrucción de los callejones alrededor de Gur-e Amir y la desaparición del bazar y sus chaikhanas frente a la mezquita de Bibi Khanum. Hay que alejarse de estos ejes para encontrar algunas mahallas con aspecto antiguo. Pero, a pesar del muro de separación que delimita el barrio de Gur-e Amir, todavía es posible perderse entre los pocos callejones que quedan. Lo mismo ocurre en el barrio judío y detrás de la mezquita de Bibi Khanum.

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Geografía

Uzbekistán forma como una bota en el corazón de Asia central, desde el mar de Aral en el oeste hasta el macizo del Pamir en el este. Al norte se encuentran las estepas de Kazajistán, al sur las montañas de Kirguizistán, Tayikistán y Afganistán, y al sur el desierto de Karakum, en Turkmenistán. El país es una alternancia de fértiles valles, montañas y desiertos. Las cordilleras del Pamir y de Tian Shan, al este, dominan una llanura que desciende gradualmente hacia la depresión aralo-cáspica. Los picos de estas gigantescas cordilleras superan los 7000 m de altitud, mientras que la cuenca del mar de Aral se encuentra a 40 m por debajo del nivel del mar. Taskent se halla a una altitud de 480 metros.

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Los ríos

Aunque Uzbekistán es uno de los dos únicos países del mundo (el otro es Liechtenstein) que no tiene salida al mar por partida doble (es decir, para acceder a mar abierto debe cruzar dos fronteras) —y a pesar de la gran aridez de la región— el país cuenta, desde hace mucho, tiempo con el abundante suministro de agua de los ríos Zeravshan, Amu Daria y Sir Daria, que tienen sus fuentes en las altas montañas descritas anteriormente y marcan los límites de la antigua Transoxiana. El Sir Daria discurre casi exclusivamente por Kazajistán, mientras que el Amu Daria marca aproximadamente la frontera sur de Uzbekistán con Afganistán y parte del Turkmenistán.

El Sir Daria nace en el valle de Ferganá, a pocos kilómetros al sur de Namangán, con la unión de los ríos Naryn y Kara Daria. Fluye a lo largo de más de 3500 km hacia el norte del mar de Aral, por territorio de Kazajistán.

El Amu Daria, que se forma por la confluencia de los ríos Vajsh y Panj en la frontera entre Tayikistán y Afganistán, y a los que se une un poco más adelante el Kokcha, tiene 2500 km de longitud y también se pierde en el delta del mar de Aral, pero en el lado uzbeko. Su tumultuoso curso le ha valido el apodo de jayhun, o « río indomable ». A lo largo de la historia, los caprichos de este río han llevado a la gente a trasladar sus casas, o incluso ciudades enteras, para seguir cerca de sus orillas.

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Este es el caso de Kunya-Urgench, en el actual Turkmenistán, que el Amu Daria abandonó en favor de Nukus, en Uzbekistán. Desafortunadamente, el río indomable ya no merece su apodo. Con la construcción de presas y el desvío de sus aguas para satisfacer las crecientes necesidades de riego del cultivo del algodón, tanto el Amu Daria como el Sir Daria, no llegan al mar de Aral desde hace mucho tiempo. Con el deshielo, sin embargo, forman grandes inundaciones que son beneficiosas para la agricultura en una región donde las lluvias son escasas.

Un tercer río abastece de agua al país. Entre los dos anteriores, el Zeraschan o « río dorado », de 741 km de longitud, nace en la cordillera del Turquestán, en Tayikistán, y fluye entre la cordilleras del Turquestán y los montes Zeravshan, pasando por Samarcanda y desapareciendo en el desierto de Kyzyl Kum, en Bujará, en un delta pantanoso. Al igual que los ríos Sir Daria y Amu Daria, las inundaciones del Zeravshan (más de 200 días de aguas altas) han permitido el desarrollo del riego artificial durante miles de años y la aparición de civilizaciones agrícolas sedentarias relativamente ricas y desarrolladas.

El valle de Ferganá

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En el este del país, compartido entre las tres repúblicas: Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán, el valle de Ferganá es en realidad una vasta llanura de 300 km de largo y 170 de ancho, encerrada entre las estribaciones de las cordilleras del Tian Shan al norte, las montañas de Ferganá al este y la cordillera de Alai Pamir al sur. El valle de Ferganá siempre ha sido la zona más fértil de la región, incluso hoy, Andiyán tiene la mayor productividad de algodón. El valle también es rico en frutas y verduras de excelente “sabor. Los huertos y viñedos se alternan con los campos de algodón y las numerosas industrias establecidas por los soviéticos, en uno de los oasis más densamente poblados de Asia central.

La estepa del hambre

Entre Taskent y Djizaks comienza lo que los soviéticos denominaron la estepa del hambre. Fue una vasta zona desértica que se extendía, en gran parte, por Kazajistán y que los rusos, en un plan de colonización y explotación de tierras vírgenes iniciado a finales de la década de 1950, transformaron en una zona fértil y, una vez más, en un terreno de regadío en su mayor parte. La población de la estepa del hambre pasó de 5000 personas en la década de 1950 a más de un millón en la actualidad. La zona se extiende entre los montes de Nurata y el lago Aidar, al norte de la carretera que va de Djizaks a Nurota por el norte.

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El lago Aidar

Al norte de los montes de Nurata, el lago Aidar, prolongado al este por el lago Tuzkan, se formó a principios de la década de 1970 en el desierto de Kyzyl Kum, al norte de la línea Djizaks-Navoi, y desde entonces su superficie ha crecido constantemente. Fue creado tras la apertura del embalse de Chardara, en Kazajistán, en 1969, que retiene las aguas del Sir Daria. Su agua es salada. El nivel del agua sigue subiendo año tras año, y rápidamente se hace imposible reconocer los paisajes que rodean el lago, que ya ha superado los 150 km de longitud. Hoy en día, el volumen de agua del lago Aidar supera al del mar de Aral. La belleza del paisaje creado por este gigantesco lago sobre el telón de fondo de los montes de Nurata es impresionante.

El desierto

El desierto de Kyzyl Kum (literalmente « arena roja ») se extiende sobre casi 300 000 km2 entre Kazajistán y Uzbekistán. Cubre dos tercios de la superficie del país uzbeko y se extiende hasta Turkmenistán, al sur, con el Karakum o « arena negra », mientras que al norte, en Kazajistán, se funde con el infinito de las estepas. Al este, Taskent y Samarcanda, al pie de las montañas, constituyen los puntos de partida antes de adentrarse en el desierto, que finaliza al oeste, en el mar de Aral. Kyzyl Kum no solo está hecho de arena, sino que está cubierto por una importante vegetación e incluso hay bosques, como el de Bala Tugai, a unos treinta kilómetros de Urgench, a orillas del río Amu Daria. Aunque hay muchas granjas y koljoses en el desierto, la densidad de viviendas es, obviamente, muy baja y, aparte de la carretera que une Bujará con Urgench, solo otra carretera se adentra en el desierto, desde Navoi hasta Zeravshan y Uchquduq, en el corazón del desierto.

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Camellos, jerbos, lobos, Varanus, lagartos, tortugas, erizos, serpientes, escorpiones. Las zonas desérticas del Kyzyl Kum están más pobladas de lo que uno podría pensar. La fauna que habita en las estepas desérticas es muy variada: manadas de gacelas y antílopes, burros salvajes, lobos, zorros, marmotas, roedores y saigas, una especie que a principios de siglo estaba en peligro de extinción, pero que, protegida tras la revolución, se desarrolló exponencialmente. Los lagartos son comunes en el desierto y llegan a medir hasta un metro y medio. Su mordedura no es venenosa, pero sí muy dolorosa, por lo que es mejor tener cuidado de no pisar sus colas cuando están dormitando bajo los arbustos. Algunos pobladores locales no dudan en tocarlos a primera hora de la mañana, cuando su temperatura corporal mantiene a los lagartos todavía dormidos, pero este tipo de experiencia es muy desaconsejable, ya que el despertar puede ser brutal.

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El mar de Aral

A caballo, entre Uzbekistán y Kazajistán, el mar de Aral es alimentado, por el oeste, por dos ríos: uno nace en el Tian Shan, el Sir Daria (o Yaxartes de los antiguos griegos), y el otro, en el Pamir, el Amu Daria (u Oxus). Con 66 000 km• en 1960, el mar de Aral era el cuarto mar interior más grande del planeta. En 1990 el nivel del agua había bajado 16,5 m y su superficie se había reducido a la mitad; el volumen de agua había disminuido en dos tercios y era cuatro veces más salada. La causa de todo ello es el monocultivo intensivo del algodón, introducido por los soviéticos en la década de 1960 y que requería cada vez más agua de riego. Al final, el agua fue bombeada casi por completo, y la evaporación por la desertificación se encargó del resto. Hoy ya no existe el mar de Aral en Uzbekistán. Todavía queda algo de agua en el lado kazajo, pero se dice que el Gobierno lo alimenta artificialmente.

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En cualquier caso, se espera que para 2020 el mar de Aral haya desaparecido completamente de la faz de la Tierra. En su lugar, el Aral Koum, o desierto de Aral, se extiende sobre una llanura de infinita tristeza. El desastre ecológico que afecta al mar se está extendiendo a las tierras vecinas: millones de toneladas de sal y arena son transportadas por el viento cada año, desertizando nuevas zonas. Todo el ecosistema de la región está desequilibrado.